El animal que hay en mí

Capítulo 17

Algo frío empezó a recorrerla con suavidad, llenándola por dentro con una extraña paz y un silencio sepulcral. No podía abrir los ojos ni mover su cuerpo, y se sintió encerrada en sí misma, como si estuviese en una estrecha cápsula que no dejaba espacio para moverse. Sus músculos no respondían a ninguna orden. Ni siquiera sentía su cuerpo. Era solo una entidad encadenada en un oscuro vacío, presa en su propio interior.

La muerte pareció la única explicación para ello. ¿Y si estaba en el mundo de Ruhê, el reino de los espíritus? Quizá su cuerpo se encontrara en el fondo de aquel negro abismo, hecho añicos, y su alma se estuviera preparando para despertar en el plano espiritual.

Después de todo, llegaría a Ruhê. De un modo u otro.

<<Hino...>>, nombró una voz en su mente. ¿Qué habrá sido de él? Si había muerto, como ella, seguramente estaría en Ruhê esperándola. Sintió ganas de llorar: se sentía sola y perdida, envuelta en una gran impotencia y en una ansiedad desgarradora; una enorme angustia empezaba a crecer en ella y a clavar sus raíces en su corazón. Necesitaba encontrarle. Sólo quería volver a sentirlo entre sus brazos. Tenía que salir de ahí.

Se dejó llevar por una gélida sensación que atravesaba su cuerpo de forma suave, que parecía lentamente arrancarla de su cuerpo. ¿Su alma estaría trascendiendo hacia otro plano? Si no había más remedio, aceptaría aquello...

Un dolor la asaltó en su interior y el grito que jamás salió de sus labios se quedó suspendido en su mente en forma de un desgarrador pensamiento.

Sintió una parte de ella desfallecer, para luego sentirse inesperadamente ligera, libre y despejada. Abrió unos ligeros ojos y observó a su alrededor: Una grisácea niebla empezó a abrazarla con un frío helador. Su mente estaba aturdida y todo parecía darle vueltas.

La mirada de Hino apareció de repente.

<<¡Hino!>> , exclamó aliviada, mientras corría hacia él para abrazarlo. <<¿Dónde estamos, Hino? ¿Hemos muerto?>>.

La figura del elfo se desvaneció como si estuviera hecha de arena, dejando a Diana abrazando al vacío. Se estremeció profundamente y se abrazó aquel etéreo cuerpo. Era una ilusión, una broma que alguien o algo le estaba gastando.

<<Diana...>>, irrumpió una voz detrás de ella.

La semielfa se giró con brusquedad y se encontró con unos ojos azules cargados de nostalgia y tristeza. Algo en ella relampagueó.

<<¡¿Mamá?!>>, exclamó ella. <<¡¿Qué está pasando aquí?! ¡¿Qué es esto?!>>.

<<Estamos en peligro>>, susurró su madre, preocupada. <<Tú también>>.

<<¿Q-qué quieres decir?>>.

Su madre se paralizó, quedando en su rostro una congelada expresión de terror que miraba hacia el infinito. Un rostro que empezó a cambiar lentamente, dando a conocer otros: su padre, la anciana, Tomas, Hino, las princesas, el rey... Todos aparecían y la miraban con una expresión seria y fría que la inquietaba. No había emoción y poseían ojos indescifrables y sin brillo que parecían traspasar el alma y robar los secretos de quien los mirase. Un escalofrío la sacudió con dureza.

Todos los rostros iban cambiando cada vez más deprisa, y más figuras con caras cambiantes se acercaban a ella y la rodeaban. Ella soltó un grito de terror y se tapó los ojos. Se mareaba, todo le daba vueltas, todo cambiaba, todo hacía ruido.

<<¡Dejadme en paz!>>

<<Vuelve por favor, no hagas como tu padre...>>, pidió la voz de su madre. La nostalgia la invadió y un miedo irracional seguía atemorizándola. Extrañaba demasiado a aquella mujer.

<<El peligro se avecina>>, susurró la voz de su padre. <<Corre, rápido>>.

<<¡Sálvanos, Diana!>>, gritó la voz de Hino.

Las voces murmuraban cada vez más alto, más cerca, con más hostilidad. Empezó a temblar y a sollozar mientras todo se volvía irreal. ¿Qué peligro? ¿Qué iba a ocurrir? ¿Cómo podía huir de allí? En su pecho latía la horrible sensación de que todos sus seres queridos estaban bajo una grave amenaza.

Pero estaba atrapada ahí. No podía hacer nada...

<<Te quiero>>, se oyó la voz del elfo.

Hino se acercaba a ella con una sonrisa y la levantó del suelo en el que había caído de rodillas. La tomó de la barbilla y se acercó para besarla. Ella, con temor, se aproximó también, temblorosa.

En ese momento, todo se esfumó como si jamás hubiera existido y cayó sobre ella una espesa oscuridad que la dejó con una amarga sensación de inquietud. Diana volvió a caer de rodillas y se abrazó a sí misma, reteniendo las lágrimas y estremeciéndose en silencio.



Jessie

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En el texto hay: magia, romance aventura accion, batallas de fantasia

Editado: 06.01.2020

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