El animal que hay en mí

Capítulo 26

Dejó escapar toda su ira, todo lo que llevaba dentro y echó a correr como nunca antes, como si los músculos de sus piernas se hubieran recuperado como por arte de magia.  Corrió con espíritu, alma y esencia, con su corazón bombeando con más ímpetu que nunca. Con una poderosa y devastadora energía palpitando dentro de ella. 

Permitió que su don la transformara y que luchara junto a ella. Se sintió libre y viva, y algo en ella se abrió como una enorme flor que la hizo vibrar. 

Un monstruo de rabia creció de ella. Se extendió con una hermosa luz dorada al son de sus latidos. Su figura quedó rodeada de un enorme dragón que parecía estar hecho de éter, fuego y luz. Todos los combatientes se asustaron al verlo y pararon la lucha para observar aquello que estaba teniendo lugar. 

El dragón empezó a rodear a ambos ejércitos, girando con la velocidad de mil relámpagos, y se dedicó a destruir las grandes y amenazantes armas humanas mientras estos corrían aterrorizados. Velozmente, se elevó al cielo mientras soltaba un rugido que hizo temblar a todos. 

De repente, la criatura centralizó su poder en un punto, que se iluminó como si de la esencia del sol se tratase. Invocó entonces a las fuerzas de la naturaleza: agitó el mar, que con cólera hundió los barcos humanos que quedaban; despertó al viento con la potencia de un huracán, impidiendo que más flechas élficas y balas dieran a alguien; y por último abrió e hizo temblar la tierra, la cual se tragó todas las armas que quedaban, engullidas por un enorme abismo.

Lo siguiente que hizo fue rodear a los luchadores con una espesa niebla que les congeló la sangre. Tanto los de aquella playa como los que se situaban en otros puntos de batalla parecieron unirse de repente, encogiendo las distancias.
Los ojos del dragón brillaban con auge y vigor, como si contuviera la magia de las estrellas y los astros. Fuerzas invisibles navegaron por la estancia, haciendo que todos los ahí presentes se elevasen del suelo. En el corazón del dragón la silueta de la muchacha se movía con lentitud, como flotando sobre el cielo.

—¡Antes todos convivíamos en paz! —habló en élfico Diana, con una potente voz y algo de eco—, ¡erais amigos! ¡Los elfos sacrificaron su inmortalidad por los humanos, solo para convivir con ellos! —dijo elevando más la voz. Nadie respondió—. Esta tierra pertenece a los elfos, ¡no tenéis derecho a destruirla por vuestros intereses egoístas!

Todos se miraban asombrados y con temor, antes de fijar su vista a la figura que había en el centro de todos ellos. Repentinamente, todo empezaba a girar y unas imágenes aparecían ante los ojos en sus mentes: Imágenes de aquellos tiempos de paz entre humanos y elfos. Podían ver como un niño elfo y uno humano jugaban con la inocencia de la infancia, sin prejuicios ni odio. Visualizaron también como los elfos ayudaban a los humanos a mejorar su hogar o  lo que fuera, como celebraban fiestas juntos, como compartían todo, se apoyaban, lloraban unidos, disfrutaban, o incluso como se enamoraban... Como si no hubiese diferencias, como si fueran parte de un mismo todo. 

Todo aquello lo estaba transmitiendo la joven, con un potente poder que había nacido en ella. 

Aquel poder era una pequeña parte que habían dejado los grandes espíritus en ella.

—¡¿Por qué pelear?! ¿Por qué no volver a esa época? ¡Podemos trabajar juntos como antes! Podemos respetarnos sin importar las diferencias o lo que poseamos. Podemos aprender unos de otros, apoyarnos, ayudarnos. ¡Quiero que el mundo sea como antes! Un mundo de paz donde no haya lugar para la codicia. Esta guerra es inútil, solo servirá para destruirnos a ambas razas. Para terminar de matar este mundo. Para aumentar el odio y la maldad. 

      >>Humanos, vosotros tenéis el poder de parar esto. ¡Ellos os hicieron muchos favores, os dieron su amistad y un hombro en el que apoyarse! ¿Y así lo agradecéis? Muchos os habéis dejado llevar por el poder, el dinero, y las diferencias. ¡Lo queréis todo, pensáis que solo estáis vosotros en este mundo! ¿Por qué seguís con esto? Destruisteis a muchas criaturas, extinguisteis muchos tipos de plantas y animales ¿¡Y queréis más!? ¡Habéis arruinado Dunia, habéis acabado con todo lo bonito que había, y queréis seguir haciéndolo! ¿No es mejor compartirlo y respetar? ¡Sin destruir, sin robar, sin egoísmo! Caminemos por una vez de la mano del respeto y la paz, y destruyamos el orgullo que nos aprisiona en el odio. 

He estado unos meses con los elfos y he aprendido mucho sobre su estilo de vida tan unida a la naturaleza, a lo puro, al cariño incondicional con el universo. ¡He visto el respeto y el equilibrio! ¡Ellos no son malos, solo quieren paz! Los humanos también pueden formar parte de esto si abrís el corazón y vuestra mente. Si olvidáis las diferencias, el ego, el daño y el pasado. Si miráis por una vez desde otro punto de vista.

¡Mostradme la verdadera humanidad, escondida bajo estos muros que vosotros construisteis! ¡Héroes, emprendedores, buenas personas; levantaos, salid de las sombras y del control de Douglas! Luchad a nuestro lado, ayudadme a restablecer el orden entre Tao y Álfur. Ayudadme a crear la paz. Una paz que nos beneficiará a todos, que nos ayudará a crecer y a construir un nuevo camino a una mejor vida. Sé que estáis aquí porque él os obliga... Os doy una oportunidad de redimiros, de acabar con esta estúpida guerra y luchar por un lugar mejor. Un mundo que no muera, que no haya derramamiento de sangre, que se respete a la naturaleza y a todo lo que vive. ¡Personas de buen corazón, sé que estáis aquí, sé que existís! ¡Lo sé porque un elfo me hizo confiar en eso, me devolvió la fe! ¡La misma raza a la que estáis ayudando a destruir! Llamo a aquellos que quieren alzar su voz, que quieren hacerse escuchar, que quieren la paz tanto como yo. 



Jessie

#10898 en Fantasía
#15008 en Otros
#2276 en Aventura

En el texto hay: magia, romance aventura accion, batallas de fantasia

Editado: 06.01.2020

Añadir a la biblioteca


Reportar