El Cáliz ( libro uno)

CAPITULO DOCE: LA FIESTA

Amelia realizo un hechizo y apareció un vestido. Un traje ceñido al cuerpo de color blanco con varias aplicaciones en colores plateado alrededor del cuello, complementado con un bordado con mariposas en color negro. Llevaba un cinturón plateado del que se desprendía una falda con capas sueltas y cortes en gasas. En su lado derecho se perfeccionaba con una cola que despuntaba el largo inferior, elaborado con una combinación entre tul blanco y aplicaciones color plata. Las sandalias blancas, combinaban perfectamente. Me sentía una princesa de cuento de hada.

El vestido de Amelia hechizado por mí. Color blanco tiza, llevaba un escote tipo v, acompañado de dos rosas a los lados y se complementaba con un bordado en cristales suarovsky que llegaba hasta la espalda mostrando un corte recto.

En la falda una abertura en la parte delantera contorneada con un tul plateado y en la parte de atrás, el diseño se ostentaba en forma de v.

Lo había visto por la televisión. Una muchacha de programas de modas analizaba sobre el diseñador Fabricio Kozlowsky. Enamorada de ese vestido del diseñador, me enfoque en imitarlo. Amelia luciría esplendida en él. Las sandalias elegidas eran de color plateado.

Al salir de la habitación de Amelia con nuestros vestidos asentados. Javier y mi padre quedaron atontados ante nuestro radical cambio de atuendos.

Javier con un traje en azul marino. La corbata negra, resaltaba en su camisa de seda blanca. Su cinturón delgado combinando con sus mocasines negros y lustrados. Su saco y su pantalón a la misma altura, resaltaban sus piernas bien marcadas. El traje ni muy holgado, ni muy ajustado. Lo portaba con elegancia y estilo.

Mi padre portaba un traje negro. Su camisa blanca y corbata negra haciendo juego. Un chaleco en su atuendo destacaba su robusto pecho. Un galán, hermosísimo. Su pantalón de vestir al cuerpo y sus mocasines negros, brillosos y un reloj rolex de plata en su muñeca izquierda.

Javier se acercó a pasos agigantados y susurro.

-¡Estas hermosa mi amor! ¡Me devoraran los celos! si no estaría tu padre. No dejaría que te marches a la fiesta y te comería a besos.

Me sonroje ante su comentario. Amelia rio y Areu lo observo con cara de pocos amigos. Javier entendió la indirecta de mi padre. Se separó ágilmente y beso la mano de Amelia.

-Amelia, lucís hermosa.

- Javier me impresiona lo buen mozo que estas. Siempre con tus atuendos rotos. No digo que te asienten mal, solamente que el cambio es extraordinario.

-Sí, ahora parece un hombre-mofo mi padre-

Areu se acercó hasta mí. Me observo orgulloso.

-No sabes cuánto te pareces a tu madre.

-Gracias papa- lo abrace satisfecha-

-Bueno- me alejo sin soltarme las manos- es hora de enfrentar a la multitud. ¿Está preparada mi bella princesa?

-Por supuesto papá-apreté sus dedos- con ustedes cerca. No importa ningún aquelarre.

Realizamos un círculo, agarrando nuestras manos. De inmediato nos encontramos a unos pasos del vestíbulo de la comitiva. Rayos de luces blancas, negras y amarillas a nuestro alrededor transportando seres mágicos por doquier en el lugar. Mi padre tomo el brazo de Amelia. Javier tomo mi brazo.

Marchamos en fila sobre la gran alfombra roja. Parecía una entrega de premios importantes. Nadie se asombró por la presencia de Areu. Los chismes corrían en minutos dentro de la comunidad. Solo algunas miradas de seres mágicos, balbuceando por lo bajo mientras el avanzaba con su mentón en alto.

Entramos al recinto. Las columnas en dorados seis para ser exacta, formaban un cuadrado en la pista de baile. Las banderas colgaban de una viga central confeccionada con una tela extraña de color violeta. La bandera negra con el logo del infinito primero. En el medio la bandera tibia con el logo de un circulo y al final la bandera blanca con el logo de una paloma blanca.

El suelo de anchas baldosas de piedra caliza, lisas y lujosas.

Mi cuerpo temblaba y mi corazón se aceleraba en cada paso. Javier realizo un pequeño corazón de luz y lo tatuó en la palma de mi mano derecha. Mi alivio ante su hechizo y la calma se ubicó en mi ánimo turbado.

Aarón apareció. Su traje resaltaba del resto de los hombres presentes. Su galera y bastón. Tradición para los señores respetables con años en los aquelarres. Pero en el todo quedaba ostentoso. No sé si por su carácter petulante, predominaba entre la multitud.

-Hija-beso a Amelia- hijo-beso a Areu- que alegría que están en esta humilde reunión en tributo a Salvia.

- No quieras aparentar que somos la familia feliz Aarón- mirando a ambos lados, mi padre le respondió- no nos quedaremos mucho tiempo. Di que se cancela la iniciación de Salvia y nos iremos.

-Hijos porque no saludan a su madre- obviando la cuestión-

Los dos resoplaron y con desconformidad se dirigieron hasta mi abuela. Ella con un vestido plateado extendido y brilloso, parecían diamantes a mi distancia. Su peinado, el cabello recogido en un rodete con una pequeña corona. Ella beso amorosamente a ambos y presentándolos con ímpetu a un grupo de personas que yo no conocía.

Aarón sus ojos blancos resaltaban aún más su iris. Me sonrió falsamente.

-Javier ¿podrías dejarme solo con salvia? Necesito decirle una inquietud tonta que ronda por mi mente.



J.A.PRIMUS

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En el texto hay: amor juvenil, magia

Editado: 02.06.2020

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