El Cáliz ( libro uno)

CAPITULO QUINCE: LA GRADUACIÓN

Pasaron los meses, mi unión con Javier, nuestro lazo el día a día fue formándolo con determinación. Las aguas tranquilas Alejandro y su familia de mala gana acepto nuestro noviazgo y mi padre a regañadientes. A Javier lo aceptaron en la organización y en cada luna con aureola negra asumía su rol inexcusablemente. A su sorpresa decretaban estupideces, con respecto al tema de poder en la ciudad. Ya habían inaugurado “el cáliz” como una de las ciudades más influyentes de la región.

Aarón no daba señales, ni Alfonsina. Todo transcurrió en calma. Creo que me asustaba cuando marchaba tan bien mi vida.

El acto de fin de curso tranquilo, sin ningún inconveniente. Cada estudiante varón y mujer con sus capas negras, recibíamos el diploma conjurando la terminación de una etapa. Tritia me ignoro todos los meses que compartimos aula, igual que Lisbeth y Antonia. Sara emocionada no sabía que sería de su futuro. Salía con un chico del instituto, pertenecía al aquelarre blanco, un muchacho tranquilo y buen mozo. Rafael Kiribati. Estaban enamoradísimos. Venecia iría a Grecia, por supuesto, quería conocer al aquelarre blanco por parte de su familia. No sabía cuánto se ausentaría .La extrañaría demasiado, pero si ella era feliz yo lo era. Finalmente acepto mi relación con Javier.

Javier y yo éramos una sola persona. Él iba a donde yo iba y así sucesivamente. Menos a su casa, me daba terror cruzarme con algún miembro de su familia. Cosa que a él no le movía un pelo de su hermosa cabellera.

A la noche se festejaba la graduación del colegio. Solamente era para estudiantes y podíamos llevar a nuestras parejas mágicas fuera del instituto.

La encontré a Amelia en la tienda. Me entrego una caja blanca, envuelta con un gran moño violeta. Abrí el regalo, un vestido de corte sirena con una leve cola, escote semi V delantero y con profundo escote en la espalda. Su Base elaborada en encaje, pintado a mano. La parte superior recamada en cristales. La parte inferior rebordeada en organza de seda. Los colores del traje, una mezcla tornasolada entre gris y dorado.

-¿Amelia lo hechizaste o lo hiciste vos?

-Estas dos manos lo confeccionaron a la perfección, percibiendo una revista de moda.

-¡Es hermoso! gracias tía- le propine un gran beso en su frente-

-Me alegro que te guste mi hermosa niña bonita, estarás resplandeciente. ¿Qué te gustaría llevar de accesorios?

-Con mi colgante me basta-toque el dije regalado por Javier-

-¿Sos feliz con Javier?

-Si tía y Mucho. Lo amo, creo que me quema el pecho cada vez que lo digo.

-Que carita de enamorada- ubico su cabeza de lado pegada a la mía-

Suspire apretando mi vestido exquisito.

-¿Qué pasa Salvia? ¿Qué te acongoja?

-Tía sé que no es momento-mordí mi labio inferior- pero no te conté algo importante.

- No me asustes Salvia- saco su abanico debajo del mostrador y comenzó a moverlo rápido-

-Primero prométeme que vos se lo contaras a papá.

-¿Estas embarazada?- ella casi vomito-

-¡No!-dije extrañada a su pregunta-

- Bueno me quedo tranquila, mejor porque tu padre mata a ese chico.

-Realizo el conjuro el cáliz completo- la frase resurgió sola-

Ella permaneció en el lugar sin pestañar. Coloque mi mano y la moví frente a ella, no reaccionaba.

-Tía, reacciona-la sacudí repetidas veces-

-Vos me queres decir-toco su pecho y yo le acerque una silla, por las dudas si se desmayaba- que podes pasar al plano astral.

-Si ¿te vas a desmayar?

-Dame un momento a que me recupere-Amelia agitada-

En la silla, separó sus piernas y agacho su cabeza en medio de ellas. Yo la ayude a que levante su cabeza y su rostro se colerizo.

-¿Ya paso?-pregunte molesta-

-¿Ahora me lo decís? ¿Hace cuánto lo realizas?

- Solamente lo realice dos veces y no sabía cómo contártelo. A papá me da miedo decírselo, por eso quiero que se lo digas vos. Que lo tranquilizas rápido-sonreí mostrando mis dientes-

-¡De ninguna manera! ¡Tu padre enloquecerá!

-¡Por favor!-me arrodille frente a ella y coloque mis manos en forma de rezo-

-Salvia un día de estos me mataras de un infarto. No entiendo como no envejecí a tu lado.

-Por qué los brujos envejecemos a paso lento. No podes quejarte Amelia nuestras vidas están re tranquilas. Pensamos que sería un caos vos sos un éxito con la tienda y yo a punto de ir a mi fiesta de graduación, sana y salva.

- No me endulces-con su dedo piqueteo mi nariz-

-¿Se lo dirás a tu hermano?-pregunte con voz de nenita-

- Está bien, me encargo de Areu-inhalo y exhalo-

La abrace y la alcé. Ella se reía. No podía enojarse conmigo.

Aparecieron en la tienda Venecia y Sara relucientes. Nos despedimos de Amelia.

En la peluquería Sara, Venecia y yo ubicadas en tres sillas consecutivas, delante un espejo enorme. Las chicas a cargo realizaban su trabajo en nuestros cabellos. Las tres iríamos con peinados de distintos tipos de trenzas.

A Venecia su tocado trenza de fantasía, estilo mariposa. Su estilista realizo una trenza raíz de tres cabos tomando mechones largos para dar la apariencia de la primera ala. Hizo lo mismo del otro lado de la cabeza. Manteniendo las mismas distancias. Las alas inferiores uso la mitad de la coleta restante de las trenzas anteriores. Comenzó a tejer tomando mechones de lado. Hizo lo mismo del otro lado. Sujetaba ambas trenzas con una goma. Ese sería el medio de la mariposa. Para hacer las alas inferiores usaba la mitad de la coleta restante de las trenzas anteriores. Tejió ambas trenzas hasta el final y sujeto con adornos. Ya tenía su peinado listo.



J.A.PRIMUS

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En el texto hay: amor juvenil, magia

Editado: 02.06.2020

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