El Cáliz ( libro uno)

CAPITULO DIECIOCHO: LA DESPEDIDA

Me desperté en la cama de un hospital. Amelia dormía a mi lado, Areu y Sara en unas sillas de la habitación. Trate de incorporarme y la mano me punzo, conmemoré la ejecución en mi espíritu de Aarón ¿Cómo me encontraron? ¿Qué sabían?

Sara al advertir mis quejidos. Me estrecho entre sus brazos despertando a Amelia y a mi padre.

-¿qué paso?-pregunte-

-tuvieron un accidente de automóvil hija con Javier- contesto Amelia-

-¿el como esta?

Pensé en Aarón, quería maldecirlo y ahorcarlo.

-está bien, dolorido pero bien ¿recordas algo del accidente?-pregunto mi padre-

-no-en seco- quiero agua por favor.

Sara me acerco una copa con agua, tome despacio.

-que hermoso anillo que tenes en tu dedo -mi tía trato de levantarme el ánimo-

- no significa nada- me despoje del anillo, entregándoselo a mi padre, el no comprendió y lo acepto-

- ¿qué pasa Salvia? Javier está desesperado por verte, nos contó de su compromiso. Tiene una culpa el pobre por lo ocurrido- comento Sara-

-está bien que sienta culpa-dije y mi tono voz cambio a sombrío-

Los tres se miraron de reojo, súper sorprendidos.

-entonces recordas que paso- pregunto confundido mi padre-

-sí. Javier se transformó en oscuridad, corto mi mano cuando quise tranquilizarlo con una luz blanca y chocamos.

-¡no te creo Salvia! Javier sería incapaz de lastimarte- bramo sarita-

-porque no te vas con él. Pareciera que estas enamorada de Javier Sara-ella me observo perpleja-¡ándate!

Sara dejo la habitación llorando. Amelia y Areu no entendían que pasaba.

Esa misma tarde me dieron el alta. En mi cama, no sentía ninguna emoción. No permití que Javier me visite. No hablaba con nadie me aleje de Sara, Rafael, Uriel y Venecia me escribía desde Grecia hasta que la insulte y deje de recibir recados.

Pasaron dos semanas. Javier me enloquecía. Llamadas, mensajes y cuando se aprecia en la tienda bajaba las persianas, ignorándolo. Los mensajes de texto deje de leerlos, porque me desmembraban la voluntad cansada.

Amelia y Areu, enojados conmigo discutiendo. Hasta que los amanece que me iría a vivir con mis abuelos.

Me hundía en mi jodida mierda.

Camine como todos los días a la cascada. El agua lleno de vida y enérgico, me producía asco y remordiendo.

Javier mantenía la distancia. Me llano la atención su deterioro físico. Demacrado igual que yo. Ojeroso y flaco. Dos semanas separados, nos consumimos.

-¿Cómo estás?-el, pregunto con voz ronca-

-Bien-sin darle chance-

-¿Queres que me valla?

-No-tranquila conteste- necesitamos dialogar.

-Quiero pedirte perdón no sé qué me paso en el automóvil. No recuerdo nada Salvia ¿por qué me apartaste tan abruptamente de tu vida?

-Porque casi me matas Javier. Te consumió la oscuridad, me cortaste y tumbaste el auto ¿qué seguridad tengo a tu lado?

Mis palabras, cuchillas en mi garganta. Le mentía para mantenerlo con vida, tenía que alejarse de este asqueroso pueblo. Corría peligro. Mi sacrificio, preservaría su vida.

-Salvia ¡por favor perdóname!-el gritaba desesperado y yo no podía mirarlo-

Él se arrodillo implorando y llorando. No podía soportal la situación. Le devolví el anillo.

-Lo nuestro se terminó. No quiero casarme con vos Javier, ni volver a verte.

El seguía arrodillado y abrazaba mis piernas. Trate de apartarlo y no me dejaba avanzar.

-Por favor, te lo suplico no me dejes. No me lo perdonare nunca. Te lastime, mi mayor miedo se cumplió. Dame una oportunidad- lloriqueaba entre cortado ahogándose con sus lágrimas-

-Soltame Javier. Deje de amarte, mi desilusión fue tan grande, ya no te amo.

El agarraba mis antebrazos con consternación y me atraía a él.

-Te lo suplico, no me dejes. Perdóname.

-Si queres tranquilidad, te perdono pero no puedo seguir. Ni comprometerme con vos.

-Salvia mírame a los ojos y decime que no me amas-le tome el mentón-

-No te amo Javier. No quiero que seas parte de mi vida-lo humille-

Lo solté. El matiz de sus ojos, se tornó a multicolores.

Lo empuje y camine despacio escuchando sus gritos desgarradores, dejándolo solo e indefenso en el bosque. Tenía que acostumbrarme a la oscuridad. Trate de encontrar en el amor esperanza y no lo halle. Lo positivo, descubrí el amor. La verdadera magia. Javier sería el primer muchacho que ame. Lo conocí en una tormenta eléctrica, rescatándome siempre de todas las formas posibles, ahora era mi manera de rescatarlo a él. Librándose de Aarón porque lo mataría. Javier tenía que abandonar el pueblo y olvidarse de mí para siempre.

Durante la cena le pregunte a mi padre donde estaba el cáliz y discutimos. Entrelazábamos dos palabras y al choque. Me dijo que no me lo diría.

Me retire encrespada a mi habitación. Me arroje en la cama. Conjure el hechizo el cáliz y traslade mi esencia a la alcoba de Javier. Él dormía.

Acaricie tiernamente sus cabellos rubios, parecía un bebe durmiendo en su cuna. Me acerque a su oído derecho y murmure.



J.A.PRIMUS

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En el texto hay: amor juvenil, magia

Editado: 02.06.2020

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