El Cáliz ( libro uno)

CAPÍTULO DIECINUEVE: LOS AÑOS PASAN

Pasaron tres años exactos. Seguí al pie de la letra las prescripciones dadas por Aarón. Mi juramento lo cumplí. Prácticamente en estos tres años lo vi poco y nada a mi suerte y a mi mala suerte no conseguí el cáliz.

Pero él decía con mi iniciación al aquelarre oscuro bastaba. En mi sucursal de esencias y cremas llamada “la luna”, mis socios mi padre y Amelia. Ellos nunca preguntaron mi cambio rotundo de carácter.

Construí una cabaña al costado de la castada. Vivía como ermitaña, recluida del resto de seres mágicos y personas comunes. Amelia me visitaba en la tienda una vez por semana. Ella me traía noticias de Sara que se había mudado con Rafael, esperando después de la iniciación casarse. Venecia su residencia en Grecia, tenía un boliche asociada con su amor “belisimo”. No hablaba con ninguno de ellos. Uriel siempre pasaba y me preguntaba cómo estaba.

Una vez intento hablar de Javier y lo frene casi echándolo de mi tienda.

Javier al a la otra mañana de mi conjuro. Preparo sus maletas se despidió de mi familia y partió a marruecos a manejar el aquelarre oscuro. No volví a verlo y sabría que no regresaría a “él cáliz”.

Amelia entro muy animada con una torta de cumpleaños. Encendió la radio y la canción “Another Love” sonaba. Agarre el libro contable arrojándolo contra la radio destrozándola.

-Hija por amor a los seres celestiales. ¡Me decías y la apagaba!-junto los trozos y lo deposito en el tacho de basura-

-¿Esa torta?-dije secamente-

-Es para vos-dijo contenta y me beso la mejilla- feliz cumpleaños veintiuno.

-Gracias-deje la torta a un lado- no era necesario.

-¿Queres que prepare te?

-No, gracias. Ya desayune.

-Mi niña bonita estas tan delgada ¿te alimentas bien?

-Si Amelia- la devore con los ojos- no me molestes desde temprano.

-Está bien Salvia. No te alteres.

-Ya prepare nuestras vestimentas para la comida de esta tarde. Este año el aquelarre blanco prepara a la noche la iniciación- deposito una bolsa de carton en el mostrador-

-Qué bueno. Me llena de alegría-dije sarcástica y junte el libro contable-

-¿Quién será tu acompañante para la comida de antelación?

-Uriel ¿papá ira?

-Si por supuesto, será mi acompañante-confeso radiante-

-¿Hace mucho que no te visita?

-Un largo tiempo, desde que le comunique que sería parte del aquelarre negro.

-No hondare en tu decisión. Ya anulaste mi clarividencia. ¿Estas segura?

-Si Amelia. Nunca en mi vida estuve tan segura de algo.

-Siempre respete tus decisiones. Seguirás siendo mi niña bonita.

Le dedique una sonrisa a mi única visita a parte de Uriel.

A las dos de la tarde cerré la tienda y me destine mi cabaña en el bosque solitario.

En mi casa, saque el vestido ostentoso que Amelia cosió. Largo de un color negro, decorado con tonos grises como si fueran perlas. Dejaba la espalda al aire y sin mangas. Muy ajustado al cuerpo.Lo arroje en el sillón negro a un lado. Me acerque a la mesita. En un portarretratos la fotografía en ella Javier y yo la noche de mi graduación felices.

Golpearon mi puerta. Con desgano atendí.

Aarón los años para este ser despreciable no pasaban. Igual sin una arruga nueva.

-¿Qué queres?

-¿Puedo pasar?

-Me olvidaba que sos como los vampiros, te tienen que invitar para que puedas entrar a una casa. Solamente que en vez de sangre. Absorbes vidas-sonreí sarcástica-

-Estas de buen humor. Seguro es por tu iniciación a la oscuridad- apretó mi mentón-

-No me toques. Me repugnas.

-Terminemos de una vez. Como cumpliste tu promesa. Cumpliré la mía, dame tu mano-se la di y comenzó a trasmitirme una luz blanca- ahora regresara tu poder curativo Salvia. Suerte en la iniciación. Estará llena de sorpresas.

-Ya lo creo Aarón que estará llena de sorpresas.

Se marchó con su aire de viejo embustero. Golpearon la puerta.

-¿Por qué no me dejas en paz?

Abrí la puerta con el puño cerrado para noquearlo. Javier en el umbral de mi puerta. Seguro mi imaginación y las ganas de verlo me jugaban una treta macabra en mi mente.

-Hola Salvia ¿cómo estás?

El su porte elegante. Su cabello hacia atrás con gel. Su vestimenta una camisa negra y pantalón de vestir negro. El matiz de sus ojos completamente oscuros. Ya no era mi dulce y divertido Javier de melena revuelta y pantalones rotos.

-No soy un espectro. Estas pálida ¿puedo pasar?

-Si… por supuesto, pasa.

Él no me registraba, inspecciono la cabaña y su mirada se centró en el portarretratos con nuestra foto. Rio sarcásticamente.

-Por lo que noto-tomo el portarretratos- aparte de ermitaña, conservas recuerdos- su ego golpearía el techo, le saque el portarretratos y lo puse boca abajo-

-¿Qué necesitas Javier? ¿Qué te trae por acá?

Le indique que tome asiento y el accedió a mi pedido. Me ubique en el sillón frente a él. A pesar de su egocentrismo, mis piernas temblaban. Seguía hermoso. Un adonis.

-Te comento, es una visita rápida. Mi padre me dijo que pertenecerás al aquelarre oscuro. Yo seré el segundo iniciador. Paso a explicarte.

El gesticulaba y yo hipnotizada en sus labios, tratando de contenerme. Asentía sin escuchar palabra. Luego de varios minutos.

-Perfecto-dije con voz firme-

-No escuchaste nada de lo que dije-sonrió de costado- no cambiaste tu esencia. Sos muy expresiva-mordió sus labios- no dejaste un segundo de comerme los labios.

-¿Qué decís?-dije y mis pómulos quemaban-

-Seguís sonrojándote-mojo sus labios provocándome-

- Ándate Javier. Evitemos una discusión.

-¿Segura que queres que me valla?-se ubicó pegado a mi lado-

-¡Sí! por favor.

-Salvia, no te das una idea lo que espere este momento.



J.A.PRIMUS

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En el texto hay: amor juvenil, magia

Editado: 02.06.2020

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