El coleccionista

Desde niño siempre me ha gustado coleccionar cosas

Desde niño siempre me ha gustado coleccionar cosas, todo tipo de cosas; comencé por mis cartas de Yu-Gi-Oh! Y luego con otras como cabezas de animales, Oh…unos pequeños y lindos animales, ¿Qué culpa tenían? He controlado mi afán por coleccionar animales y ahora soy un coleccionista de…Humanos.

He estado conociendo a una compañera de trabajo; Melissa, ese es su nombre de pila y su apellido no tiene importancia, ella es tan hermosa y agradable, con un rostro que quisiera ver al despertar durante cada día de mi vida y, no, no me estoy enamorando.

-¡Melissa! –Grité de lado a lado del estacionamiento subterráneo y escuché el fuerte eco de mi propia voz.

Ella volteó a verme y sonrió, no es que sintiera algo especial por mí dado que ella era amable con prácticamente cualquier persona, y yo no era distinto a aquel vagabundo que le pedía algunas monedas afuera del supermercado.

-¡Buen día! –Contestó ella.

Subimos juntos las escaleras y nos colocamos en nuestros respectivos lugares de trabajo, oh…me espera una larga jornada.

Hay cuerpos buenos y otros malos, debes tener en cuenta eso, por esa razón yo he preferido coleccionar cabezas, el resto del cuerpo es comido por mi tigre de bengala el cuál vive en el patio trasero, este es mi tercer domicilio y debo admitir que es un lugar hermoso. ¿Qué? ¿Qué si como transporto a mi tigre de bengala? Jajá él corre tras mi auto cada vez que cambio de domicilio y las personas ni siquiera lo notan. Yo ya me encontraba en mi departamento cuando me dispuse a llamarla.

—Sólo un café a las seis de la tarde en el Black Coffee –Insistí tras el celular.

Esa era la segunda  vez que yo le hablaba para pedirle eso y ella decidió aceptar mi petición.

—Media hora, y es todo –Contestó- Debo estar en la Unidad Deportiva a las siete de la tarde para mi partido de baloncesto.

—Lleva tus lentes y el cabello suelto, así te ves hermosa –Tras decir eso, colgué.

Soy ese tipo de persona que no tiene pena alguna o incomodidad para decir lo que siente o piensa y por esa razón me iba bien en las exposiciones, ¿Has escuchado eso de Sólo imagínalos a todos desnudos? Yo algunas veces reía en medio de una exposición tras imaginarme a aquellos que me observaban…estando decapitados y sujetando sus cabezas mientras chorros de sangre escurrían hacia fuera de sus cuerpos.

Tras colocar mi teléfono celular en mi bolsillo caminé hacia la ventana lateral de mi casa para observar a mi vecina; una joven de 21 años de edad la cual se encontraba cursando la universidad en ésta desagradable ciudad, no me tomes esto a mal, no es que la ciudad sea horrible…sólo que sus habitantes no son lo que aparentan.

Después de preparar un cereal y ver televisión durante un tiempo (claro, tenía algunas tareas pendientes pero las realizaría en último momento, como siempre) decidí salir a caminar hacia el Black Coffee unos minutos antes de las seis con veinte de la tarde.
 Las calles estaban casi vacías, unas cuantas parejas caminaban por la acera contraria y también observé a unos chicos de tés negra jugando basketball en una cancha improvisada con un aro puesto en un poste de luz.

Llegué al Black Coffee y me senté en mi mesa favorita, aquella que se encuentra en la fila de la derecha, la última junto a la ventana.

—Le traeré el menú, Señor –Preguntó una chica de lentes con un lindo delantal y una hermosa cabeza que podría ser un llamativo adorno central de mesa.

—Dame uno con mucha cafeína –Ordené.

La chica obedeció y se retiró, pude sentir como ella se enojó por mi tono de voz, suelo irritar a las personas por mi forma de dar órdenes y tener un aire de superioridad en ellas, ¿Por qué debería de hablarle formalmente a mis presas?

Seis con treinta y tres minutos de la tarde.

—Perdón por llegar tarde –Dijo Melissa mientras se sentaba.

—No te preocupes, por ti sería capaz de esperar tres minutos más –Respondí.

—Jajá tratándose de ti eso es demasiado tiempo.

—Iré a pedir un café para ti mientras voy por el mío ¿va? –Pregunté.

—Como desees –Ella se quedó sentada observando a través de la ventana lateral como las personas pasaban y seguían sus vidas en esa asquerosa ciudad conocida como Carbas.

Caminé hacia la barra y la chica ya tenía listo mi café.

—Dame otro con menos café y algo de leche… ¿Cómo le dicen? Un Latte.

Yo solía olvidar las cosas y sufría de recurrentes dolores de cabeza que no me dejaban dormir por las noches…

¡Oye! ¡Oye tú! ¿Has probado el café con sangre? Le da un toque especial.

Regresé a mi mesa y comencé a beber de mi taza una vez estando frente a la hermosa Melissa.
Ella me observó con un poco de curiosidad.

—Y…bien… ¿De qué quieres hablar? –Preguntó ella.

—He estado pensando en algo… -Respondí observando el líquido dentro de la taza frente a mí- Si todo este mundo fuese al revés…y los animales cazasen humanos y los usasen como adornos. ¿En qué parte de la casa te gustaría estar? –Finalicé con una gran sonrisa y atento a su respuesta.



Dirk Blackmore

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En el texto hay: asesinos, cazador, acosador

Editado: 26.01.2019

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