El Crimen Que Nos Une

Más Que Un Juego De Niños

Toqué la puerta con mis nudillos.

-Pase, por favor -dice una voz femenina desde adentro de la habitación.

Uso la perilla de la puerta, la giro y empujo la puerta para entrar a mi próxima consulta con la psicóloga a la que fui asignada. Cierro la puerta atrás de mi. La habitación se ve cómoda, hay dos sillones de piel en un color chocolate café, estantería llenas de libros y algunos objetos de decoración, un escritorio y tras él se encuentra la señorita Silvia, la psicóloga. Levanta la vista para mirarme.

-Toma asiento, por favor -dice señalando la silla que está enfrente de su escritorio.

Camino en total silencio y me siento en la silla sin hacer tanto ruido.

-Soy la psicóloga Silvia, usted es Anna Martínez ¿cierto? -pregunta revisando una hoja de papel llena de datos.

-Si -respondo.

-Últimamente ha sido acusada por ser participe en dos homicidios en su escuela -dice aún con la vista en la hoja.- Y recién fue vista en una nueva escena del crimen en las afueras de la ciudad.

-Si -dije seria mientras asentía con la cabeza.

-Fue suspendida por un mes de la escuela por no presentar evidencia de ser totalmente inocente -Deja esa hoja y saca otra de una carpeta.- No tiene expedientes de padecimientos mentales, no ha sido causante de problemas y es una de las alumnas de mejor promedio.

Por la expresión de la señorita Silvia llegue a la conclusión que ella se le hizo raro mi presencia aquí.

Me dijo cosas tan obvias y que ya sabia, fue desesperante y aún más considerando en el lugar donde estoy. Mi cuerpo se sentía rígido, apretaba mi mandíbula, un gran peso invisible se recargó sobre mis hombros y mis ojos me pesaban. El sueño de anoche me dejó mucho en que pensar, tanto que ahora no estaba del todo completa en el presente, mis pensamientos divagaban el aquel sueño y se reproducía en mi cabeza al igual que una película de terror.

-Okey -dice tranquilamente para finalmente mirarme a los ojos.- Cuéntame un poco de tu vida, Anna.

-¿Qué puedo decir? -pregunté.

-Tus pasatiempos favoritos, tu familia, como te va en la escuela, tu vida en general -responde haciendo movimientos con la manos.

-Bueno, pues... Vivo con mi tía Elena, nunca tuve problemas en la escuela, no tengo muchos amigos, la mayoría del tiempo estoy leyendo libros y me gusta dibujar.

-¿Qué dibujas?

-Flores.

-Que bonito -dice.- ¿Hay algún motivo en especial?

-No -respondo.- Me parecen bonitas.

-Que bien -responde.- ¿Y tus padres? Acabas de decir que vives con tu tía Elena.

Solté un largo suspiro, moje mis labios con mi lengua y trague saliva.

-Mi madre murió hace 15 años, un año después de mi nacimiento -dije con seriedad. La psicóloga abrió un poco la boca y su expresión facial decía lo sorprendida que se puso.- Y mi padre... Desapareció en cuanto mi madre murió, no se casi nada de él, mi tía dice que huyó porque no aguantó la muerte de mi madre... La tristeza no le permitió cuidar a su única hija...

-¿Y cómo te sientes por eso?

-No lo sé -dije sin pensar.- Nunca los conocí en verdad, ni siquiera tengo recuerdos fijos de ellos, toda mi vida he estado bien sin pensar en ellos.

Honestamente, había muchas veces en las que pasaba por mi mente el como sería mi vida si mis padres siguieran conmigo, me solía preguntar por qué mi padre se fue si sabía que tenia una hija que cuidar, si realmente su tristeza lo consumió que decidió empacar e irse una mañana o si simplemente yo era una carga para él y prefirió no hacerse cargo de mi. La tía Elena no habla mucho de como murió mi madre, al intentar sacar el tema pareciese que le doliera recordar a su hermana, me hago preguntas de cómo murió mi madre si era una mujer joven y sana que llevaba una vida tranquila y alegre, mi tía Elena solo menciona que fue un accidente de auto y para ella es más que suficiente. No negaré que he logrado llevar una buena vida, que esos pensamientos pasaban por mi cabeza muy pocas veces.

La señorita Silvia siguió haciéndome preguntas sobre mi vida y yo las respondía tan normal. Llegó un punto en la conversación donde entré en tensión y lo único en que pensaba era en salir de esta habitación. En ningún momento le mencione el sueño que tuve, es mejor dejarlo en secreto.

(...)

Al salir de la hora de "terapia", fui a visitar a Tommy y lo lleve al parque que quedaba cerca, no es mucho considerando que es... un niño de la calle, pero es todo lo que puedo hacer por mientras. Me senté en unas de las bancas del parque con miranda a los juegos donde Tommy estaba jugando. Me crucé de piernas mientras que le enviaba mensajes a Desconocido; según él estaba analizando las fotos que le mande, por el momento no sabía nada sobre el mensaje en la pared, únicamente me respondía que lo seguía investigando, que esto se hacía con precaución ya que nadie podía saber que estaba trabajando en esto y que tiene una comunicación conmigo. En lo que escribía a Desconocido, esperaba a Pablo, se supone que después de clases él me vería aquí en el parque. Sin previo aviso, recibo una oleada de aire por un lado de mi y por el rabillo de mi ojo veo a un chico sentarse al lado de mi, volteo a verlo y me encuentro con el rostro de mi mejor amigo.



Juana Laura L. M.

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En el texto hay: crimen, juvenil, misterio

Editado: 27.07.2018

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