El Desfile Macabro 0.5

Capítulo 16: Adrenalina

Sonnet se va lentamente por las calles de la vecindad. Con él se van alejando mis esperanzas... Empiezo a escuchar los pasos de Duke subiendo las escaleras intercaladamente, muy rápido, igual que como si fueran las del sótano. Llega con una sonrisa plena en el rostro, suelta una carcajada traviesa.

—¡Jaja! ¡No te imaginas lo que acaba de suceder! —ríe dándose una palma en la pierna, se lanza en la cama y abraza su almohada.

No puedo hablar, empiezo a gemir llena de odio y rencor. Él deja de reírse, se acerca a mí.

—Te quitaría la cinta, pero ambos sabemos que eres una perra traicionera... además, ¡te ves mejor así! —dice, anda de muy buen humor.

Camina hacia el closet. Lo abre. El olor que sale del mismo llena el cuarto. Él se tapa la cara con su brazo. El cadáver de Quinn cae, como si fuera de trapo. Su corona no se ha movido de su lugar... sin embargo ya ella había empezado su proceso de pudrición. El olor se hace insoportable.

—Qué mierda... —dice él arrastrándola —. A ver... ¿qué debería de hacer? ¿Qué opinas Lyra? —pregunta sentándose en la cama, viendo hacia la ventana.

Quinn tiene los ojos abiertos, los cuales me ven directamente sin cesar. Quito mis ojos de Quinn, más por respeto que por otra cosa. El hambre se me quita por completo al ver esta escena.

 

—No quiero esperar más a que Quinn se pudra carajo... pero no puedo hacer nada de día tampoco... ¿La meto al refrigerador? No... me puedo enfermar después. ¡Qué mierda! Ese plan de mi tío era obvio que iba a fallar —dice molesto.

Intento moverme de nuevo con todas mis fuerzas. Es imposible. Descanso todo mi cuerpo, me quedo quieta pero no tenso los músculos. Las cuerdas no están tan talladas como para cortarme la circulación, pero igual se ajustan si me intento alejar de la silla.

—Bueno. Ya sé que hacer... —dice Duke levantándose—. Despídete de Quinn que ya es hora de que se vaya con mi tío.

Arrastra el cuerpo por las escaleras. Empiezo a llorar. Él regresa. Me empieza a mover. Trato de patalear con todas mis energías, pero son muy pocas. Lucho con todo lo que tengo y no es suficiente.

—Si luchas capaz que te quiebras algo... déjate llevar, será un paseo interesante —dice arrastrándome con todo y silla.

Llegamos a las escaleras. Empieza a tratar de bajarme. Sé que esos son los últimos momentos en los que voy a ver los pisos de arriba de esa casa. Estamos en los últimos escalones para llegar a la planta de abajo.

Es ahora o nunca.

Empujo con mis piernas las escaleras, me impulso y empiezo a caer con Duke. Caigo encima de él, luego caigo al suelo. La silla de metal se tuerce, dejando un espacio un poco más grande, por donde puedo escapar.

Me retuerzo de entre las cuerdas y logro liberarme. Él está tirado en el suelo, sosteniéndose la cabeza. La caída lo ha golpeado mucho. Se levanta a los pocos segundos que yo lo hago. Empiezo a correr por el gran pasillo.

Siento calambres en ambas piernas y pies de tanto tiempo que he estado sentada y atada. Caigo, él me empieza a arrastrar. Le pateo la cara y me levanto de nuevo. Corro y en la mesa de la sala de estar hay un florero, se lo aviento. Él sigue detrás de mí, me agarra de mi vestido, lo rasga.

Estoy a punto de tocar el picaporte de la puerta. Él me golpea la cabeza con el mismo florero que no se había quebrado con la caída. Éste se quiebra contra mi cabeza.

Caigo al suelo. Estoy mareada, estoy sangrando a través de mi cabeza. La adrenalina me sigue dando fuerzas a pesar de todo. Me arranco la cinta de mi boca, rasgando mis labios intensamente, y empiezo a gritar con todas mis fuerzas. Es imposible que nadie escuche mis gritos.

—¡Cállate! —grita él lanzándoseme encima. Obtiene la cinta de nuevo llena de sangre y me la pega a como puede. Sigo pataleando, aunque no tenga fuerzas.

Sigo respirando agitadamente, intento golpearlo, rasguñarlo, pero nada funciona. Él me carga.

—¡Si te mueves te mato! —gritaba muy agitado—. No te miento, ¡puedo ir a capturar a otra estúpida ingenua si quiero!

Empiezo a llorar y a gemir mientras él me carga a través del frío y oscuro pasillo, mientras veo la puerta principal alejarse entre las sombras. Llegamos a la cocina, observo el cadáver de Quinn, está acostada de espaldas.

Cierro los ojos mientras empiezo a ver que estamos entrando al sótano de nuevo, mientras escucho los crujidos tétricos de las escaleras... mientras pienso lo peor. Me lanza al frío suelo apenas llegamos al sótano. Alista la silla en la que Quinn había estado sentada. Agarra un balde y lo pone en una esquina del sótano.

Agarra papel higiénico. Me lo da.

—Toma, ésta es tu oportunidad de hacer lo que tengas que hacer... y no después —dice.

Me observa, está más descontrolado que nunca y eso me da mucho miedo. Me resigno y me siento inhumana por lo que estoy a punto de hacer. Camino hacia la esquina. Veo hacia el balde, lo veo a él.

—No te estoy viendo —dice, está de espaldas—. Si no escucho que haces tus necesidades en veinte segundos me voy a voltear.

Tomo el balde, me inclino y empiezo a orinar y defecar. Me siento sucia, impura, siento como todo se pone cada vez más y más tétrico. Termino. Me limpio con el papel.

—Lávate las manos y toma agua —dice él apuntando hacia el pequeño lavatorio que estaba detrás de las cajas de cartón. Era la primera vez que lo veía. Pongo jabón en mis manos, abro el grifo.

Es agua de las más heladas que he tocado... o es mi cuerpo sin defensas, sin energía de no comer nada. Estoy temblando y no sé si es del miedo o de la debilidad. Empiezo a acercar las manos hacia mi boca lentamente para quitarme la cinta.

—Eh, espera —dice él subiendo las escaleras y cerrando la puerta—. Ya te la puedes quitar.

Siento sangre en mi boca, siento los labios inflamados y agrietados. Empiezo a tomar agua, siento lo vacío que está mi estómago, estoy a punto de desmayarme. Escucho sonido de algún envoltorio de aluminio. Él me da una barra energética. Las manos de ambos están temblando.



AlejandroMurillo

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En el texto hay: secuestro, terror, amor

Editado: 16.07.2020

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