El Desfile Macabro 0.5

Capítulo 22: Flamante

—¿Hola? —dijo Aryl contestando su celular—. ¿Alice? ¿Qué pasa?

—Si quieren lograr lo que quieren, apúrense... por accidente llamé a alguien —escuché decir a la otra muchacha por el teléfono. Estaba riéndose mucho.

—Alice... ¡mierda! —gritó Aryl. Se veía asustada—. Vamos, más rápido... más rápido, ¡ahora!

—Ya voy Aryl carajo, relájate —dijo él presionando el acelerador.

—¿Qué... sucede? —pregunté muy confundido.

—No tengo idea, pero esa perra de Alice siempre arruina todo... ¡la odio! —gritó ella dándome una cachetada.

Sentía la velocidad en las vacías calles de la ciudad. Veía todos los postes de luz pasar rápidamente, y uno que otro auto, a los cuales les pasábamos rápidamente.

—... Oh... —dijo Aryl viendo hacia atrás, hacia la calle.

—¿Qué pasa Aryl? ¡Dime! —gritó el conductor.

—¿Y ese quién demonios es? —preguntó ella señalando a alguien que estaba justo detrás de nosotros.

Ella movía su mano conforme él iba avanzando hasta que se posicionó a nuestro lado derecho, justo junto a nosotros. Lo que vi me asustó mucho. Empezaba a sentir mi corazón latiendo extremadamente rápido y sentía un olor a sangre, de esos olores cuando sabes que te encuentras en un serio problema.

A nuestro lado derecho había un motociclista con un casco totalmente negro, en el que se reflejaba todo lo de los alrededores. Él manejaba a velocidades máximas igual que nosotros, y cada vez se acercaba más y más.

—¡¿Qué mierda está sucediendo aquí?! —gritó el conductor.

—¡¿Qué hago?! —gritó Aryl asustada. Corrió a Vincent de su asiento para ella bajar la ventana e intentar pegarle con su barra de metal.

Su idea parecía buena, hasta que todos vimos que él sacó una ametralladora pequeña.

—¡Dobla ya! —gritó Aryl, él empezó a disparar.

Los disparos sonaban durísimo y chocaban en todos lados. Me agaché junto a Aryl, quien arrastró a Vincent para que tampoco le pegaran los disparos.

El conductor dobló con todas sus fuerzas y se metió a un parqueo de un restaurante de comida chatarra. El auto estuvo a punto de volcarse, pero no lo hizo. El desconocido motociclista también dobló, bajando la velocidad.

Era imposible empezar a manejar de nuevo. Él se encontraba muy cerca de nosotros y empezaría a disparar de nuevo. Él estaba justo frente a nosotros. Se bajó de su motocicleta lentamente, sin quitarse el casco. Empezó a caminar lentamente hacia nosotros.

—Ugh... —se empezó a quejar Aryl. Una bala le había rozado gran parte de su espalda, creando una larga herida en línea horizontal.

El conductor tenía ambas manos alzadas, sabía que ya no podría hacer nada contra el motociclista.

—¡Tenemos que hacer algo! Es imposible que perdamos, así como así —dijo ella molesta.

—No podemos hacer nada, no hagas nada estúpido —dijo él viéndola con una mirada punzante.

Se acercaba mi momento de actuar... tenía que ser preciso. El motociclista apuntó su ametralladora al conductor.

—Bájate ya —comandó. Él lo hizo.

Caminó hacia mi puerta, la abrió, me observó en silencio unos segundos, dobló su cabeza para ver a Aryl, después para ver a Vincent.

Me arrastró hasta tirarme del auto. Sacó a Aryl también, los seguía apuntando.

—¡¿Quién eres?! —gritó el joven.

—No te incumbe. Lo que te importa es que ustedes no son inteligentes. Han mostrado sus caras... sé quiénes son, y si me siguen... o intentan hacer algo, están muertos. Ambos —dijo muy serio.

Me encontraba en el suelo, lastimado y muy adolorido.

—Tomaré este auto y a mi nuevo modelo —dijo caminando y cerrando las puertas.

—¡No! —gritó Aryl corriendo hacia él, el joven la detuvo.

—No seas estúpida, ¿quieres que nos maten? —reprochó él.

—¡Vincent! —grité levantándome.

Un nuevo secuestrador estaba llevándose a mi compañero, y se estaba robando el auto de mis secuestradores.

—Nos veremos en el desfile —dijo el motociclista empezando a irse en el auto.

Nunca se quitó el casco. Una nube de polvo se levantó ante nosotros. No podía creer lo que sucedía. Aryl se rascó la cabeza, luego lanzó su barra al suelo lo más fuerte que pudo, causando un sonido que causó eco en el parqueo.

—¡Mierda! —gritó muy enfadada.

—Aléjense de mí —dije sosteniendo mi arma.

Ambos se quedaron quietos, con los ojos muy abiertos. El viento movía suavemente la ropa de todos, y el cabello de Aryl.

—Hey, tranquilo —dijo el joven acercándoseme—. dame eso.

Disparé hacia el suelo. Mi vista estaba muy nublada, estaba más estresado que nunca en la vida.

—¡Hablo en serio! ¡Aléjense! —grité.

Gente que estaba en el restaurante se empezó a asomar para ver qué era lo que sucedía. Las luces amarillas y verdes del rótulo iluminaban la escena, pero me mareaban.

—Está bien, está bien... nos iremos, ¿sí? —dijo él retrocediendo lentamente—. Déjanos ir y jamás sabrás de nosotros.

—Lárguense —dije planeando dispararles en las piernas apenas se voltearan.

Empezaron a correr con todas sus energías. La nube de polvo, las luces del rótulo, la sustancia en mi cuerpo, la herida de mi cabeza, las esposas en mis manos... gracias a todos estos factores empecé a disparar muchas veces, pero ninguna bala les logró afectar.

Pronto llegó la gente a ayudarme al ver que caí al suelo. Llamaron a la ambulancia, me metieron en ella. Me desmayé. Desperté en el hospital. El doctor se acercó.

—Vaya que eres afortunado —dijo sonriendo.

—¿Por qué? —pregunté con un gran dolor en todo el cuerpo.

—No todos los días se ve a alguien que sobreviva un balazo en el estómago —dijo apuntándome a mi abdomen. Tenía cientos de vendajes. Salí del hospital una semana después. Claro que en todo ese tiempo me había metido en la Deep web para averiguar de algo tan elaborado como ese desfile... sin embargo no podía encontrar absolutamente nada relacionado con secuestros, representantes, modelos, absolutamente nada.



AlejandroMurillo

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En el texto hay: secuestro, terror, amor

Editado: 16.07.2020

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