El guardián del tiempo

1

 

Belial caminaba por el pasillo acomodando el botón del saco. Sus manos se posaron a los costados moviéndose hacia adelante y atrás al caminar. Sus pasos firmes retumbaban en el suelo; Lena escuchaba los pasos del mayor entusiasmada atrás de la puerta del recibidor; después de tanto tiempo, ya era hora de verse.

La puerta se abrió volviendo vulnerable a Belial, quién iluminó su rostro con una sonrisa de lado a lado enseñando su dentadura. Lena le miraba de la misma forma mientras se levantaba del sofá y saludó al castaño con un abrazo fortísimo al tenerlo tan cerca; por su parte el mayor correspondió aquel acto afectuoso.

–Bienvenida–comentó.–¿A que se debe esta grata visita?

–Hace días fue tu cumpleaños–respondió la joven, separándose de aquel abrazo y buscando dentro de su pequeño bolso negro con beige.–Vine a darte un pequeño presente por tu cumpleaños con retraso.

–Estamos a mano–dijo Belial tomando lo que parecía un manuscrito.–Después de todo no pude ir a tu funeral.–Torció los labios con melancolía.

Aquel gesto le estrujó el corazón a la joven. Colocó una mano en el brazo de Belial y con ternura le dio un pequeño apretón, sonriendo con tristeza.

–No estoy muerta, Belial.

El mayor la estrujó entre sus brazos sintiendo como era absorbido por un fuerza más grande que su ego al despertar. Abrió los ojos con pesar siendo encandilado por la luz solar que se colaba en la ventana de su habitación. Dio un respingo y apretó el manuscrito que estaba en su mano derecha.

Otra vez se había quedado dormido leyendo el manuscrito que Lena le había regalado después de morir, le había llegado por correo el día de su cumpleaños hace una semana y no podía terminar el prologo. Cada noche se quedaba dormido cuando cambiaba de página. Levantó el brazo derecho y leyó el título en voz alta: “El guardián del tiempo”.

El prologo relataba que dos chicas se habían perdido en un barrio, donde el narcotrafico gobernaba y a los  traidores los mataban cómo en tiempos de la inquisición, matándolos sobre una hoguera, hasta que las llamas o el dolor que sufrían les quitaba la vida; sin embargo, estos verdugos fueron asesinados por un hombre, que supuestamente, no era visible para el ojo humano, a menos, que fueras elegido para ser un guardián del tiempo. Al ver al guardián del tiempo hacer su misión tenías dos opciones, morir o aceptar y Belial acaba de dar la vuelta al primer capítulo.




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