El Hijo del Cielo y el Hijo de la Luna

Capítulo 5

Extraño mi niñez, esa etapa fue la única normal que tuve, juegos y diversión, ninguna preocupación que colorear sin salirme de las líneas, los raspones en las rodillas, hacer amigos...

Ahora, fantasmas, voces, visiones de muertes, noches de insomnio reemplazaron esos momentos geniales que no se repetirán jamás. No sé de donde obtengo la fuerza para afrontar estos problemas no típicos de un adolescente.

—¿Fantasmas?

Era la primera vez que interactuo con ellos, antes los veía y desaparecían, o escuchaba sus voces por minutos u horas, pero nunca entablado una conversación incómoda.

—¿Acaso te hablé en chino?—frunció el ceño.

—Lo siento, pero no todos los días hay muertos en la sala de una casa viendo televisión como si nada—me defendí, crucé los brazos.

—Pues es mejor que te acostumbras.

—¿Por qué no te sientas? Estoy seguro que podemos llevarnos bien—propuso Patrick sonriente.

Acepté. Admito que es extraño, miedo disminuyó considerablemente. Eso es bueno, supongo. Patrick es mucho más agradable que John, puedo intuir que son polos opuestos, complementándose a la vez.

Ya sabes lo que dicen, los polos opuestos se atraen.

—Entonces...¿hace cuanto vivieron aquí?

—Hace cuarenta y tres años—respondió John—, eramos vecinos, así fue cómo nos conocimos. Yo ya estaba casado, tenía dos hijos pero...no esperaba que me volviera a enamorar, mucho menos de otro hombre.

—Yo tampoco, aún seguía soltero, buscaba el amor de mi vida, fui demasiado tonto y ciego al no darme cuenta que estaba en mis narices.

Sus rostros se acercaron hasta compartir un beso, corto, pero que demostraba lo mucho que se aman, ni siquiera la muerte pudo separarlos. Es algo bonito, me da un poco de esperanza de algún día encontrar ese alguien que nunca deje de amarme ni en la muerte, en caso de que ese no sea Brett Jensen. 

—Pero, ¿qué pasó? ¿Cómo terminaron sus almas en la casa?

Perfecto, Raiden. Preguntar a dos espíritus sobre sus muertes que no debieron ser nada lindas. Aplausos para ti. Alegó mi consciencia. 

—Fue en 1979. Mi ex-esposa contrató asesinos, irrumpieron en la casa y...nos dispararon, incluyendo a nuestros hijos—respondió John, su mirada se había tornado melancólica, llena de pena, igual que Patrick.

Qué horror. Esa mujer era una cobarde, contratar a otros para que se mancharan las manos de sangre inocente.

—Lo-Lo lamento, no debí pregun...

—Está bien, ya ha pasado mucho tiempo—dijo el rubio, en un intento de sonreir y ocultar su dolor. 

—¿Sus hijos están aquí?

Recibí un asentimiento por parte de la pareja fallecida. ¿Quién diría que viviría en una casa embrujada? Por supuesto, ni mamá ni yo procuramos investigar la historia del inmueble. La agente de bienes raíces nunca nos habló de lo que pasó, supongo que para evitar perder clientes. Digo, cualquier persona con dos dedos de frente jamás viviría en una casa donde asesinaron personas que ahora rondan por ahí después de morir.

Excepto en las películas de terror, claro. 

—¡Niños, vengan!—les llamó John.

Escuché risas que parecían provenir del segundo piso, pasos rápidos en las escaleras que se dirigían hasta donde estábamos. Entonces los vi, un niño alrededor de unos ocho o nueve años, junto con una niña de cinco o seis años. Abrazaron a los dos hombres.

—Ahí están, ¿dónde se habían metido?—preguntó Patrick.

—En el ático, jugando con una pelota—respondió el niño.

—¡Hay muchos juguetes!—exclamó la niña entusiasmada y alegre.

Al mudarnos, mamá guardó todos mis juguetes en el ático, como eran muchos puso otra parte en el sótano. Puede que esta casa esté habitada por fantasmas, pero son inofensivos. Aunque dudo de John.

—Se llaman Harvey y Tammy, saluden niños—pidió el pelinegro.

Los dos pequeños voltearon a verme con timidez, acto seguido movieron sus manos en forma de saludo, sonriendo dulcemente. Su inocencia y ternura infantil seguían intactas. Es triste, pues ellos no deberían seguir en este plano físico, tampoco John y Patrick.



Samarhed

Editado: 07.01.2020

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