El Hijo del Cielo y el Hijo de la Luna

Capítulo 6

Si mamá supiera que en esta casa hay fantasmas, serían dos en un hospital psiquiátrico. Ella y yo. Debo admitir que me siento mejor, nunca estuve loco, lo cual es un gran alivio. Lástima que no hayan más personas con la mente abierta. 

Tal vez no las has buscado. Es una posibilidad, en este pueblo deben de haber, sólo que no me he esforzado por encontrar.

Cuando terminé de cepillarme los dientes, me dirigí a mi cama, tendiendo mi cuerpo sobre ella. Este día fue inesperado, nunca había imaginado que podría amigarme con fantasmas. Pero, hay algo que siempre debo recordar.

Así como no todos los humanos son malos, pasa lo mismo con los fantasmas, debo ser cuidadoso. Al no tener experiencia en el campo paranormal soy vulnerable a las entidades negativas. Lo único de lo que estoy seguro es que no permitiré que nadie invada mi cuerpo. Sea demonio o fantasma.

Cerré los ojos, entregándome al sueño, aún con las ansias por descubrir y aprender sobre mis poderes. Ya tendría tiempo mañana.

 

(...)

 

En el receso, en vez de ir con mis amigos me dirigí a la biblioteca, ellos se extrañaron pues no solía ir ahí a menos que necesitara información para una tarea de Literatura o para alguna clase. No les iba a decir que investigaría sobre mi don. Hubieran pasado dos cosas: se reirían de mi o me llamarían loco, prefiero ahorrarme en inventar excusas.

Comencé a buscar en una de las computadoras, encontré páginas que hablaban sobre médiums, sensibilidad espiritual, peligros de la ouija, recomendaciones por si tu casa está embrujada, nada relevante. Estoy considerando la hipótesis sobre que puedo ser un pariente lejano de Lorraine Warren, suena descabellado, lo sé pero hay que agotar todas las posibles explicaciones.

—Vamos, vamos, vamos—murmuré impaciente, pues quería completar mi labor antes de regresar a clases. 

Había una página que trataba de la Muerte y sus distintas interpretaciones en religiones y pensamientos filosóficos. Según algunas de estas creencias abrahámicas existe la figura del Ángel de la Muerte, llamado Azrael, encargado de ayudar al ser humano en el camino de la muerte, acompaña sus almas.

Mamá y yo no somos creyentes de ninguna religión, así que hay cosas que no sé, como este dato del cual no sé su utilidad en mi búsqueda. Solté un bufido, continué navegando en miles de páginas, todas decían exactamente la misma información vacía. Nada que sirviera de ayuda.

—Bueno, ahora sé que internet no siempre tiene las respuestas—dije para mi mismo, resoplé. Cerré Google y me levanté agarrando mi mochila, estaba resignádo. 

Si la red no puede ayudarme, entonces, ¿quién? ¿Los Warren? Pensé frustrado mientras salía de la biblioteca rumbo a la cafetería, donde estarían mis amigos.

—Al fin, creíamos que la bibliotecaria te había asesinado—dijo Chloe entre risas.

—¿Qué tanto hacías ahí?—inquirió Brooke.

—Una consulta que necesitaba—respondí encogiéndome de hombros.

—De acuerdo...¿tienen algo que hacer después de la escuela?—preguntó la rubia.

—Yo sí—afirmó la castaña, rodando los ojos—, iré de compras con mamá, estamos invitados a la boda de una de sus ex-compañeras de clase este jueves, y debo lucir presentable.

—Si quieres puedo ir con ustedes, creéme. Nadie sabe más de moda que Chloe Frazier, por supuesto.

—Se nota que las rubias en la vida real son iguales que en la televisión—me susurró Walter.

—¿Qué dijiste?—la aludida frunció el ceño.

—Nada, nada. El clima de hoy es...maravilloso—soltó una risita nerviosa.

Chloe no es la típica chica rubia de los programas, por ejemplo: no está en el escuadrón de porristas, está en el Club de Debate, en el Modelo de las Naciones Unidas, sus calificaciones son muy buenas, aspira con ser abogada, es feminista abiertamente...en otras palabras rompe con esos estereotipos de la cultura popular.  Y claro, sabe como darle una lección a los que se atreven a provocarla. 

—Bueno, Brooklyn no te preocupes. Te ayudaré a verte hermosa, quizás puedas conquistar a alguien.

La pelirroja hizo una mueca de desagrado.

—No necesito pensar en chicos. Al menos no por ahora—soltó un leve suspiro de tristeza.



Samarhed

Editado: 07.01.2020

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