El Juego #01 (el Juego) [muestra]

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CATALINA

Apenas ocho días pasaron desde que fui castigada por mis padres.

Ocho días en los que no hice otra cosa que no fuera estar en el gimnasio de la casa entrenando, correr media hora los cinco kilómetros de la urbanización y, luego leer un libro en la sala junto a mi hermana; que increíblemente tampoco podía salir sin la supervisión de un adulto.

Estaban muy serios después de la visita de Marcus ese día que hablaron de periodos vencidos y eventos extraños hechos por personas llamadas elementales.

Eran cosas que no comprendía y tampoco quería hacerlo.

– Catalina.

No respondí.

Cinthia y yo estábamos solas en la casa desde hace horas.

Ya había hecho mi rutina de ejercicio y ahora estaba leyendo un libro – cosa que mi hermana no parece comprender que necesita estar todo en el entorno en silencio – porque no ha parado de mencionar mi nombre mientras está de cabeza en el mueble.

Estaba leyendo un libro sobre una acosadora llamada Raquel, algo relacionado a dioses griegos o algo por el estilo; no lo sé. Dejé de prestarle atención luego que comenzó a decir que esa podía ser la historia de nuestro vecino conmigo.

Ya me tenía harta pidiéndome que fuera a buscar la clave del Wi-Fi del chico.

– Catalina.

Pasé la página de mi libro.

– Catalina.

¿Qué hará la chica ahora que sabe que el chico babea por ella?

– Catilinda.

¡Oh, mira! Se besaron

¡Tan predecibles!

– Mierda ¡Catalina! – Grita Cinthia y luego se escuchó un estruendo en el depósito.

– Sea quien sea la persona que escuche. – digo en un suspiro.

Dejo el libro en el mueble y me levanto para buscar a mi hermana. Espero que no haya roto nada.

– Dame paciencia para no matar a esta niña.

En el depósito no había nada, todo estaba ordenado, sin rastros del desastre de mi hermana.

Levanté unas hojas que estaban en el piso junto a la puerta, dispuesta a salir de allí sin ahondar mucho en el extraño depósito que teníamos.

Muchos juguetes viejos, cosas que papá ya no usaba, máquinas de ejercitarse averiadas que nunca se repararon. Ropa vieja.

Este lugar era el cementerio de los recuerdos, así lo bauticé hace mucho tiempo cuando era niña y corría por cada rincón de la casa.

– Tenemos que tener cuidado, espejito. El cementerio de los recuerdos puede devorarnos si nos descuidamos ahora. – Dijo ella mientras caminaba por el interior del depósito.

Parpadee sorprendida mirando el depósito.

Solo había cajas por todas partes, cosas viejas que no recuerdo ni por qué las guardé.

Pasé mis manos por una de las cajas para reactivar de nuevo ese extraño recuerdo y me sobresalté al sentirlo abordarme en ese momento, con tanta fuerza que me mareaba.

– Vamos, espejito. Debemos ocultarnos. – dice alguien lejos de mí.

Papá y mamá nos habían enviado aquí para que esos extraños hombres no nos vieran.

Yo estaba temblando mientras me adentraba en el extraño depósito, la extraña inyección que me colocó mamá me desestabiliza. No comprendo – o todavía no entiendo –porque lo hacen, pero ellos siempre me inyectan ese extraño líquido cuando hay revisión de viviendas.

Luego me envían a ocultarme.

– No, ya no puedo. – murmuro, apoyándome en una de las cajas del lugar.

– ¡No te detengas! – Grita entre susurros una niña a mi lado. Me sostiene el brazo con cuidado para estabilizarme. – Ya vamos a llegar.

Levanté la mirada con labios temblorosos y me adentré con ella a la habitación de pánico.

– Esto es una locura. – escucho la voz de Cinthia, trayéndome de regreso a la realidad.

Ya no estaba en la entrada del depósito, había caminado conforme recordaba, estaba siguiendo los pasos de mi antigua yo. De esa pequeña que estaba temblando mientras intentaba ocultarse.

Frente a mis ojos se había revelado una extraña habitación de la que no recordaba nada.

Paredes de metal la cubrían del suelo al techo, no había ventanas, el suelo era de color negro por la alfombra que lo cubría; un armario estaba al fondo abierto con Cinthia al frente, revisando.

En mi costado, están los papeles que estaban en las mesas a cada lado de la puerta; una era una mesa rosada cubierta de color y con dibujos felices de una familia, cuatro personas tomadas de la mano. Nuestra casa dibujada al fondo y un nombre escrito con letra de niño inexperto reposaba al borde de la página.

Catalina.

En la otra mesa también había dibujos, era una mesa gris con carbones esparcidos en su superficie, el único color que sobresalía era el rojo y sus dibujos eran aterradores. La misma familia de la otra mesa, pero en esos dibujos estaba una de las niñas separada de ellos, sentada al fondo con algo afilado en su mano, con el color rojo fueron dibujadas las gotas borroneadas de sangre, escurriendo del objeto y manos de la niña.

Una niña con ojos rojos.

Mire el nombre al borde de la página y mis manos comenzaron a temblar. “Es momento de salir”.

– ¿Qué es eso?

Oculte el dibujo de Cinthia lo más rápido posible y la miré con el ceño fruncido.

Estaba delante de mí, sonriendo. Tenía algunas telarañas enredadas en su cabello castaño, pero el brillo en sus ojos miel me indicaba que había encontrado algún objeto precioso.

– Nada. – digo, guardando el dibujo en uno de mis bolsillos. Señalo la habitación con mi otra mano y frunzo el ceño. – ¿Qué estabas haciendo para terminar aquí?

Ella mira toda la habitación de nuevo, sin poder creérselo, como yo.

Dos camas, una a cada lado, un armario en el centro; pero lo extraño era que todo en la habitación era diferente. Donde el lado izquierdo era todo rosa y color, el lado derecho era oscuridad con tonos grises.



Laczuly0711

Editado: 20.03.2021

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