El Juego #02 (el Templo)

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Un año y cinco meses atrás

– Bienvenida. – Saluda Cydiler a Fernanbeth en la entrada de su departamento. – Fitz no me dijo nada que vendrías hoy de visita.

Había transcurrido un mes a los entrenamientos vespertinos en el cuartel junto a Fitz. Ciertamente la Stanfers había mejorado considerablemente con el manejo de sus elementos, Fitz se encargaba de sus refinamientos con las armas; pero la mayor parte del tiempo ella estaba en la celda de contención junto a Erick e Iván. Por lo menos ya no se desmayaba a los cinco minutos de entrar a la celda y acceder a su habilidad.

– Él no lo sabe, espero no incomodar. – dice Fernanbeth con media sonrisa.

Iba ataviada con su ropa de entrenamiento negra y su cabello corto a la altura de la barbilla, estaba harta de las trenzas y el cabello largo. Por eso hizo un cambio sumamente drastico en su imagen esta tarde. A Cydiler no parecio importarle, la novia de su hermano abrió la puerta con una amplia sonrisa y la invitó a pasar. Tenía unos shorts negros y una camiseta gris manchada con lo que lucia como… ¿sangre?

– ¿Quieres algo de beber? – Pregunta la asesina abriendo la nevera de la cocina.

Fernanbeth se adentró en el departamento con cautela, cerró la puerta con su mano y miró todo sorprendida. Cuando su hermano le dijo que esto era su hogar no lo creía del todo, era tan sencillo, tan nuevo.

No lucía como algo que su hermano usaría en su vida, aunque bueno, su hermano ya no era el mismo.

– ¿Fernanbeth? – Pregunta Cydiler, mirándola sobre su hombro.

– Agua. – responde la mujer con una sonrisa. – ¿Por qué no fuiste hoy al entrenamiento? – Pregunta la mujer mirando las imágenes en las paredes del lugar.

Muchas eran de Cydiler y Fitz durante el juego. Algunas incluso mostraban al guardián durmiendo en la hierba con la boca abierta, imágenes tomadas seguramente por la mujer en este departamento.

– No me encontraba bien en la mañana. – explica Cydiler entregandole el vaso de agua. – Así que me quedé en el departamento. Hace poco logré dormir tranquila.

Fernanbeth asintió.

Antes no se detuvo a observar ninguna de las imágenes, eran muy significativas para ellos ahora que podía admirarlas todas. Se detuvo en una que peculiarmente le llamó la atención, sus ojos se abrieron ampliamente con sorpresa y Cydiler se sonrojó a su lado.

– No fue una boda oficial. – dice rápidamente la muchacha, estaba nerviosa. – Fitz y yo solamente firmamos un papel y nos colocamos los anillos. – muestra un anillo plata en su mano y la guarda nerviosa. – Nada oficial, sólo… fue… algo…

– No le busques palabras. – sonríe Fernanbeth bebiendo un sorbo de agua. – Me alegra ver que ustedes dos son felices. No me importa si se casaron con todo el mundo alrededor o en secreto. Lo importante es verlos felices. – apoya una mano en el hombro desnudo de la chica y asiente. – Ya eres Cyndi Tetzaco.

Cydiler asintió sonrojada y miró la fotografía con una amplia sonrisa. Seguramente evocando el recuerdo.

Fernanbeth observó la fotografía y sonrió a su vez.

En la imagen, Fitz llevaba un esmoquín en color negro y una camisa blanca abierta en los tres botones del pecho, sin corbarta; rodeaba los hombros de una Cydiler sumamente feliz a su derecha. Ella estaba con un vestido blanco con un escote pronunciado y el cabello cayendo en bucles suaves sobre su pecho y hombros.

– ¿Qué te trae por aquí, Fernanbeth? – Pregunta Cydiler de pronto. Se sienta en uno de los muebles con un suspiro y cierra los ojos. – ¿Todo está bien en los territorios?

La mujer no respondió.

Observó las imágenes de Fitz con ella en la playa, en el parque y en el departamento y unas lágrimas surcaron sus mejillas al ver lo feliz que se encuentra su hermano con su nueva familia. Al ver de nuevo la vida en sus ojos luego de estar un siglo entero planeando su muerte. Por eso le agradecía a Cydiler estar en su vida, vivir a su lado sin importar las condiciones en las que se conocieron. Ella le había devuelto esa esperanza que perdió luego de la muerte de su novia, Fernanda.

Tenía una deuda de vida con ella.

– Quería hablar contigo sin estar mi hermano presente. – admite Fernanbeth. Se limpia las lágrimas con el dorso de su mano y la mira con media sonrisa, Cydiler tenía el ceño fruncido. – Ya sé que sabes donde está Catalina ¿Por qué no se lo has dicho a mi hermano?

La seriedad impregnó el rostro de la asesina y ella adoptó una postura rígida en el asiento.

– Fitz…

– No. – la interrumpe la mujer. Se sienta en uno de los mullidos muebles frente a la asesina y le tiende la imagen de una mujer que estuvo a punto de capturar hace seis meses. Cydiler observó los rasgos de la desconocida y la tristeza surcó sus rasgos al notar los ojos verdes y la cabellera castaña familiar. – Está trabajando para nuestro enemigo ¿Lo sabías?

– Tenía la esperanza que fuera un error. – suspira la muchacha y aprieta el puente de su nariz. – Es la misma que me atacó en el hospital hace tiempo. – admite con tristeza.

– Nos dijiste que no viste a tu atacante.

– No iba a delatar a mi hermana. – responde la asesina con el ceño fruncido y le entrega la fotografía con seriedad. – Tú hubieras hecho lo mismo si se tratara de Fitz.

– Ciertamente, pero tú hermana es una amenaza. – dice Fernanbeth con pesar. – Intentó matarte ¿Pensaste en eso?

– Una y otra vez. – se levanta con un manto de plata reluciendo en sus ojos y mira por el ventanal a la ciudad con el ceño fruncido, los brazos cruzados y… Con una infinita tristeza. – Ella… ¿Cómo se llama ahora?

– Catiler. – respondió Fernanbeth con tristeza, pero algo le decía que Cydiler ya lo sabía. Mira a la mujer con el ceño fruncido y deja salir las palabras que la llevaron allí en primer lugar: – ¿Cómo perdiste a Catalina? ¿Qué ocurrió exactamente esa tarde?



Laczuly0711

Editado: 27.02.2021

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