El Juego #02 (el Templo)

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Fitz

Cuando salgo a cazar con mi hermana menor siento que alguien me observa, por lo que siempre vuelvo la mirada esperando encontrar a la persona dueña de esa presencia; pero nunca encuentro nada. Es como si eso que siento fuera una simple ilusión, por lo que luego lo olvido y sigo escuchando a mi hermanita hablar de su emoción por cazar su primer venado o conejito.

Ella, como todo niño de nuestro pueblo quería estar capacitada para cualquier eventualidad por parte de nuestro jefe.

– Voy a cazar tres conejos. – dice la pequeña con una amplia sonrisa.

– Suerte con eso. – digo entre risas.

Seguimos nuestra charla sobre cacería y cosas comunes en el pueblo durante un buen tramo del bosque. Me divertía escucharla, hablarle y decir lo que estaba mal y lo que no. Tal vez no nos parezcamos en aspecto, pero yo la quiero como si así lo fuera. Es mi hermana menor después de todo.

Un pilar fundamental en mi vida.

– Francis ¿Quiénes son ellos? – Pregunta ella con el ceño fruncido, señalando el final del bosque.

Tomé el cuchillo de mi cinturón con seguridad sin perder de vista los movimientos de esos sujetos y la alejé.

– Vete a la casa. – ordeno con el ceño fruncido.

– Pero…

– ¡Vete, Maribeth! – Grito.

La niña de cabello azabache corre por el sendero del bosque con piernas temblorosas, mirando de a ratos atrás con miedo. La ignoré cuando vi que estaba segura de cualquier ataque de esos hombres. Tomé el cuchillo con fuerza acercándome a ellos y cambie el color de mis ojos para tener acceso a la extraña habilidad con la que nací.

– ¿Quiénes son ustedes? – Pregunté desplegando las sombras en mis manos.

– Elementales, como tú. – dice un chico de cabello castaño con una amplia sonrisa. – Soy Abraham Lender. – cambia el color de sus ojos a un marrón claro y luego de regreso al verde común que posee. – Soy un Strowmen.

 

– Francis Tetzaco. – digo con el ceño fruncido. – Un Eitak.

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¿Qué es todo este lugar?

Estoy en una habitación completamente blanca, sin una ventana, rodeado de nada y sintiendo el frío calando en mis huesos. Puedo observar el vaho que sale de mis labios con cada respiración. Veo de forma esporádica recuerdos que no sé si me pertenecen, escucho voces similares a la mía; pero sobre todo, siento el dolor de una perdida. De alguien a quién ni siquiera puedo evocar un solo recuerdo.

Tenía la ropa cubierta de lodo y sangre, una herida profunda cruzaba todo mi pecho, lastimándome con cada respiración y recordándome lo último que me ocurrió fuera de esta habitación.

Estoy muerto.

Alguien de ojos rojos brillantes me mató en un bosque. Una persona que luego escuché llorar en mis recuerdos al gritar que no podría con esto. Alguien que era muy importante para mí.

Intenté mover mis brazos, encontrar la manera de salir de este lugar; pero nada. Mi cuerpo no me respondía, el dolor en mi pecho reafirmaba el hecho de mi muerte. Me regresaba a la realidad donde había perdido todo de mí, donde no había nadie que esperase mi llegada.

– Estás equivocado. – resuena la voz de una niña en la habitación.

Levanté la mirada dudoso. Aquí no hay nadie más, sólo estoy yo ¿Por qué escucho a alguien más?

Tres niños.

¿Tres niños entraron aquí? ¿Cómo?

Verlos me traía nostalgia, algo en mi herida se apretaba y lastimaba con más fuerza que antes. La niña me recordó a alguien importante en mi vida, y los niños… Los chicos se parecían a mí.

– Estamos esperando tu llegada. – dice el chico de cabello negro y ojos multicolores. – No te rindas.

¿Quiénes son ellos?

Busqué hablar. Abrir la boca para preguntárselos por mí mismo, pero ¿Cómo iba a hacerlo? los muertos no hablan, nosotros solo podemos escuchar hasta que el más allá venga a recogernos. Algo que todavía sigo sin entender ¿Por qué no ha venido por mí?

– Tienes que ser fuerte. – dice la niña con lágrimas en los ojos. – Resiste un poco más, por favor.

– Haz todo lo posible para conocernos. – pide el chico de ojos azules, mirándome suplicante. – Cuando llegue el momento no vamos a recordar esto, por favor, resiste.

– Demuestra que nuestro padre no es una persona débil. – sonríe el chico de ojos diferentes. – Vamos a darles una lección a esos imbéciles.

Los tres chicos se posicionaron frente a mí, vestidos con ropa negra, el cabello de los chicos estaba alborotado sobre su frente, pero la niña… ella estaba preciosa. Con una coleta alta, realzando sus bellos ojos verdes.

Me recordaba a ella, a mi luz al final de toda esta oscuridad.

Cydiler…

– Prepárense. – habla el chico de ojos diferentes. Estaba observando a su alrededor con cautela y concentración. – Ahí viene.

– ¿Otro recuerdo? – Pregunta la niña, preocupada.

– Sí. 

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Estaba corriendo por el bosque de la casa, en busca de alguna salida mientras evitaba con todas mis fuerzas soltar unas lágrimas de impotencia ¿Por qué hice eso? ¿Por qué?

Caí estrepitosamente sobre un charco de lodo en un claro del bosque y lloré.

Ya no podía soportarlo más, tenía miedo. Estaba aterrado por lo que le hice a ese sujeto.

No era mi intención matarlo, pero él venía por mí. Decía incoherencias sobre personas superiores a mí, alegando que yo era parte de ellas y debía matarme. No entendía nada.

– Francis…

– ¡No! – cerré los ojos inmediatamente al sentirla cerca. – Aléjate, yo… puedo lastimarte, mami.

– Claro que no. – dice ella cerca de mi oído. Sus cálidas manos descansaron sobre mis hombros y me abrazó. – Ya no temas, Francis. Todo va a estar bien.



Laczuly0711

Editado: 27.02.2021

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