El Juego #02 (el Templo)

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Cydiler

– Me encanta tu barriga de embarazada. – decía mi mejor amiga mientras comíamos un plato de cereales en mi habitación.

Fitz estaba hablando con Fernanbeth y los demás en la sala, últimamente todos estaban atentos ante lo que pueda pasar conmigo por el bebé. Ya estaba a pocas semanas de entrar en labor de parto y ellos estaban ansiosos por ver lo que podría suceder con nosotros.

Según Krisha – que no paraba de hablar de eso desde que llegó – ellos estaban estudiando la posibilidad que mi bebé diera una gran señal en el radar de ese lugar sagrado al que tanto le temen. Principalmente porque el padre tiene unos poderes inimaginables y porque su madre es una Stanfers. Ellos asumen que el niño puede desatar un desastre natural al momento de su nacimiento, pero yo no lo creo. Es una corazonada que tengo desde que escuché el pausado latido de su corazón.

Uno de los mejores sonidos que una madre puede escuchar, y también el favorito de Fitz. Porque aunque él lo niegue fervientemente cada vez que hablamos de eso, escuchar a nuestro hijo por primera vez le hizo soltar una lágrima. Yo lo sé.

– Me veo como una vaca. – le digo a mi mejor amiga con media sonrisa, paso una mano sobre la piel expuesta de mi vientre y suspiro. – Y gracias a su gran tamaño solo puedo usar un top y es incómodo, por eso ya ni siquiera salgo.

– Pero es precioso. – dice con un brillo de adoración en sus ojos. Pasa una mano sonriendo sobre mi vientre y asiente. – Es una vida muy valiosa, después de tantas muertes tú bebé es un milagro.

Mire mis manos un segundo y asentí. Mi bebé llegó justo al final de tantas muertes, en medio de una guerra. Decir que no es un milagro es como si negara su existencia. Por eso cambie de tema al mirar los ojos cubiertos de ilusión de mi amiga.

– ¿Por qué no paran? – Pregunto con un nudo en la garganta, sosteniendo mi cabeza con ambas manos.

Desde el momento de mi despertar y el inicio de la contención de Fitz, diferentes tipos de flashbacks invaden mi mente. Una y otra vez. Una película de mi vida que no ocurre, y no sé si es porque ocurrirá o porque nunca lo hizo y fue lo que siempre deseé. Esto parece más una maldita tortura mental que una ayuda.

– Regresaste de la muerte, supongo que es una consecuencia de eso.

– Shamp. – dije su nombre a forma de saludo.

Cuando Fitz y yo huimos del hospital, necesitábamos un refugio, tanto para nosotros como para nuestros hijos. Un lugar donde no hubiese discordias por nuestra existencia.

Así que, mi decisión más sensata fue trasladarme al territorio Kalinich, donde estaba una base secreta de Fitz que nadie – ni siquiera Fernanbeth – conocía. Por lo que necesitamos las habilidades de Shamp. Un jugador renegado que conoció Fitz hace unas décadas, estaba a punto de matarlo por imaginar que era parte del enemigo, lo que consiguió una parálisis por parte del sujeto frente a mí. Una de las razones por la que no se soportan en lo absoluto. La otra es simplemente por cuestiones absurdas entre elementales, cosas de habilidades únicas y fuerza que sigo encontrando patéticas.

– Cydiler Tetzaco. Es bueno ver que sigues con vida ¿Dónde están los engendros?

Shamp es un Bigshows. Por eso sus ojos no tenían un color especifico y él disfrutaba de una libertad absoluta; además de ser el más grande de los sanadores. Se centró lo suficiente en esa característica como para desarrollarla por completo. Algo que nos hubiese servido de mucho durante mi embarazo, pero las reglas de Fitz son claras: Nadie puede saber sobre esta unión.

Los elementales que se encuentran en este lugar son personas que “murieron” hace siglos, Fitz los puede convocar para un ejército, pero a cambio él debe reservar su existencia y – sobre todas las cosas – mantenerlos seguros.

Tienen una gran deuda con mi compañero, por eso no dudo en traer a mis hijos aquí. Ninguno va a lastimarlos.

– No les digas engendros, Shamp. – digo con una mueca. El hombre retira la máscara negra que cubría su rostro. – Extrañaba ver tu hermoso rostro. – digo con sarcasmo a lo que él ríe.

Shamp al escapar de su juego se vio afectado por un ataque de gran magnitud por parte de su guardián, por eso tiene unas imperfecciones en el rostro y mayormente está con una máscara negra que le cubre todo el rostro. Su aspecto era algo peculiar, debía sorprenderme, pero ya me acostumbré a verlo con su cabello blanco, la piel pálida, sus ojos de un color negro y la mitad de su rostro marcada con venas negruzcas. La marca que le dejó su guardián cuando escapó, también era un Eitak.

Algo que creo, es donde radica su distancia con Fitz. Ya fue lastimado lo suficiente por personas como mi Otcapergnas.

– El tuyo tampoco es una obra de arte. – dice con un bufido. Se sienta frente a mí con el ceño fruncido y toma mi rostro entre sus manos. – Todavía con los flashbacks ¿cierto?

– Sí. – gruño con los ojos cerrados. – Esto me cansa.

– Y debe ser mucho, estás sangrando.

Abro los ojos sorprendida y en efecto. En la mano de Shamp yacían rastros de mi sangre. Sangre que seguramente surgía de mí nariz si me guío por la presencia líquida que siento sobre mis labios.

– ¡Carajo!

Corrí al lavado más próximo en la habitación. Él me seguía de cerca, pero me estaba dando el espacio que se necesita para procesar todo esto. No todo el tiempo regresas de la muerte y tu cabeza empieza a torturarte diariamente hasta hacerte sangrar. Shamp debe saber que no estoy con ánimos para hablar ahora.

Es una suerte que los niños estén con una nana ahora. No podría estar cerca de ellos estando en este estado tan inestable, podría lastimarlos de formas que jamás me perdonaría.

– Estos últimos meses he estado estudiando los libros más antiguos que se encuentran en este lugar, y creo que encontré la explicación sobre lo que te pasa ahora. – dice Shamp con voz suave.



Laczuly0711

Editado: 27.02.2021

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