El Juego #02 (el Templo)

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Cydiler

– Soy un monstruo. – susurra alguien perdido en la oscuridad del sueño.

Miro a todos lados en busca del dueño de esa voz, pero no veo nada. No puedo ver.

– Entonces, ya somos dos. – dice mi voz como un eco en todo el lugar.

¿Qué?

Me siento con la respiración acelerada, mis músculos pesaban increíblemente y todavía podía sentir la bruma del sueño sobre mí; las lágrimas de sangre corrieron por mis mejillas en ese momento. Las mismas que mancharon la pulcritud de las blancas sabanas que me cubrían.

Miro a mi lado en busca de unos cálidos brazos que me consuelen en la oscuridad de la noche, cuando la realidad me golpeó con la verdad: Yo estaba sola.

Paso una mano por mi rostro para retirar las lágrimas y me levanto con un nudo en la garganta. Ya eran cinco años desde la muerte de Francis Tetzaco.

El dolor no se iba del todo en mi corazón, pero ver crecer a nuestros hijos lo hacía más llevadero. Por lo menos tenía una parte de él conmigo y no me encontraba del todo sola liderando nuestro ejército y buscando las respuestas que muchas personas esperan de mí.

Estoy enterada del enemigo que nos espera en un futuro próximo, el tan renombrado Templo era el causante de nuestras bajas al sur del país. Fernanbeth comenzó a relatarme todo lo que sabía de esas personas dos años luego que asumí el mando del ejército que Fitz había formado antes de morir, lo que él alguna vez le dijo cuando era un guardián recién nombrado y todavía tenía su confianza, podíamos hacerle frente en algunas ocasiones, pero no quitaba el hecho que ellos tenían dos cosas: El factor sorpresa y el instante que seamos llamados a pelear por un título como inmortales.

Dejo las sabanas lavándose en la lavadora; tomo un bote de helado de chocolate de la nevera y sin dudar subo al balcón del apartamento.

Vivir en el último piso de los edificios centrales de la ciudad tenía sus beneficios, tenía más espacio del que necesitaba y a veces ese mismo espacio me permitía pensar con libertad mientras recordaba día con día lo que me ocurrió en el juego. Me obsesioné con eso luego que comencé a notar que mis hijos podrían poseer alguna de las habilidades de su padre, incluso las mías. Yo quería conocer el origen de todo.

Ya había escuchado la historia que Isabel le dijo a Fitz cuando lo conoció, sabía la historia de mi madre, la de Shamp; pero seguía habiendo algo que no me cuadraba del todo en este asunto. Todo ese odio debió surgir por algo, todas estas muertes deben tener un motivo, una razón.

Es lo que estoy buscando cada día desde hace tres años: Un porque.

Tomo asiento en una de las bancas del balcón en la habitación principal y miro el cielo estrellado sobre mi cabeza con media sonrisa.

Algo bueno que surge de despertar en la madrugada era esto, podía admirar a las estrellas en todo su esplendor. Sin ningún ruido de la ciudad o algún habitante que se queje de su vida aquí. Solo éramos la noche y yo, siendo envueltos por los recuerdos de mi adolescencia extraña, de mi amor más puro.

Tome un bocado de helado del bote y justo en el instante que iba a llegar hasta mi boca un extraño tirón de dolor arrasó mi pecho.

Cerré un ojo por la fuerza y un gemido salió de mis labios, sorprendiéndome.

¿Qué fue eso?

El suelo del departamento desapareció bajo mis pies cuando el dolor se extendió por todo mi cuerpo, siendo recibida inmediatamente por la oscuridad de un lugar desconocido.

– Bienvenidos, jugadores.

Apoyo mis manos en el suelo, parpadeando rápidamente para acostumbrarme a la sensación asfixiante que me rodeara y levanté la mirada con un mareo arrasando todo mi cuerpo.

Estaba en un lugar hecho completamente de mármol, arrodillada junto a un grupo de personas vestidas con un uniforme rojo con negro que no lograba comprender el motivo.

Me levanté del suelo con las piernas temblorosas mirando a todos en el lugar y me congelé al ver la figura de Fitz entre la multitud.

Estaba vestido con un extraño uniforme rojo y negro, sus ojos estaban escrutando toda la habitación con inseguridad y su vista no se retiraba del centro de la habitación. Seguí su mirada con el ceño fruncido hasta el centro de todos los jugadores y mis cejas se elevaron al cielo al toparme con una extraña mujer que sonreía a todos ellos bajo una capucha de color blanco que la hacía lucir como algo divino y puro.

Tenía el cabello completamente blanco que caía en ondas suaves frente a su pecho. Es igual de joven que los demás, pero su aura. Esa aura no la había sentido nunca antes en alguien. Era demasiado asfixiante, poderosa. Sus ojos grises se pasearon por todos los sujetos en la habitación, analizándolos y una sonrisa de cazador se extendió por su pálido rostro.

No se veía tan pequeña como para considerarla inocente; a leguas se notaba que podía matarte con un simple movimiento.

Mi verdadera pregunta es: ¿Qué diablos hago en este lugar?

Regreso mi vista a la única persona que reconocí en el diminuto grupo de diez personas con uniforme rojo y negro junto a mí y no pude evitar analizarlo con todo su esplendor. No tenía el aura de guardián que se sentía cada día desde que apareció en mi instituto. Se sentía…

Como un elemental.

– Mi nombre es Amateur. – dice en voz alta. – Soy la última vigilante. – la miro sorprendida y ella sonríe mirando a cada chico en la habitación.

¿Estoy en el templo?

– La Vigilante del Templo. – termina de decir la mujer respondiendo mi pregunta.

Mi mirada regresa rápidamente al chico de ojos azules y cabello negro que creó mis juegos y un nudo se formó en mi garganta al notarlo: Este es uno de sus recuerdos.



Laczuly0711

Editado: 27.02.2021

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