El Juego #02 (el Templo)

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Gail

– ¡¿Qué carajos le dijiste a mi madre?! – le grité a Bran sin importar lo mucho que me doblase en tamaño y musculo.

Ya le había perdido el miedo desde que conocí a Pselag y las demás sombras buenas.

Hace dos años, mientras caminaba por la casa con inseguridad porque estaba dando mis primeros pasos sin su supervisión, me topé con un grupo de sombras en mi habitación. Al principio les temía, pensaba que eran monstruos que deseaban comerme y para esos días no paraba de llamar a mamá. Ella, como siempre, acudía de inmediato y revisaba toda la habitación sin soltarme; pero cuando ella llegaba esas sombras desaparecían por completo y no regresaban hasta que estuviera solo de nuevo.

Luego volvieron a aparecer en la noche, mi madre dormían en la habitación de al lado y cuando estaba a punto de gritar, una de ellas me mostró su rostro y me pidió que hiciera silencio con un gesto. Luego me explicaron lo que era, lo que debía hacer y cómo iba a suceder.

No entendía muchas cosas al principio; pero lo comprendí cuando me mostraron imágenes del pasado de una persona parecida a papá. Estaba peleando contra sujetos iguales a él en un lugar cubierto de luz que no había visto jamás. Y cuando le pedí explicaciones a la sombra, había desaparecido, y yo estaba sumergido por completo en ese extraño recuerdo sin saber que era correcto y que no.

– Estás aquí. – dice el hombre al notarme. Me mira con una sonrisa amplia y se coloca frente a mí, arrodillado en el suelo. – Hola, Gail.

Era un hombre muy parecido a papá, pero sus ojos eran extraños; tenía los ojos completamente negros y unas pequeñas luces se reflejaban en su iris como si fuera una luciérnaga. Era aterrador.

– ¿Quién eres? – Pregunte en voz baja, alejándome.

– Soy Nosyht. – dice levantándose. – Tú antecesor.

– ¿Ante qué?

– Antecesor. – sonríe y me da una palmada en el hombro.

Y luego de hablar con Nosyht supe lo que era.

Mis habilidades tardaban veinte años en madurar y hasta que no lo hicieran yo sería un simple natural indefenso. Podía morir y no podía permitirlo. Porque yo soy el primer nacido luego de la rebelión, era el guía para los demás chicos. Debía cuidar de ellos desde las sombras y al mismo tiempo actuar como si fuera un simple niño de cinco años.

Esa noche entendí todas esas cosas, pero también vi a mi madre llorando en su habitación. La vi acostada, sola y con las lágrimas de sangre manchando la sabana de la cama. Su cuerpo ya no estaba fuerte como lo era antes, como se ven en las fotografías de mis abuelos, ella está delgada, demasiado.

No dormía por completo porque siempre estaba llorando. Cuando comía lo hacía de una manera muy baja y cuando entrenaba se cansaba demasiado rápido. Tengo cinco años, sí, pero no soy estúpido, sé que ella no está bien. Está deprimida desde que perdió a papá hace cinco años antes que nosotros naciéramos, ocultándose en una máscara de frialdad que le muestra a todos para ser la reina de sangre ¿Por qué le cuesta tanto a este hombre entenderlo?

¿Por qué no la dejan en paz?

– Isga, ve a buscarlo. – le ordené a mi hermana sin despegar la mirada de los ojos de Bran.

Cuando comenzamos en la academia, supimos todo lo que mi madre no nos había dicho. Que nuestro padre era el creador de su juego, que ella lo mató, que nosotros no debíamos existir… Tantas cosas que ellos habían guardado para protegernos nos explotaron encima en el minuto que quedamos solos en la academia. Los acosos por parte de todos los chicos, su rabia hacia nosotros – culpándonos de lo que había ocurrido con nuestros padres –; el momento donde tuve que aprender a defenderme para cuidar a mis hermanos.

Cuando comencé a cerrarme en mí mismo…

Mi hermana desapareció con Igaler dejándolos a todos sorprendidos y yo sonreí.

Ellos sabían que éramos elementales, pero no tenían ni una idea de lo que podíamos hacer. Por eso nos tenían miedo.

– Que te quede claro que mi madre no es la maldita culpable de lo ocurrido con mi padre. – digo molesto, empujando a Bran. – Mi padre pudo ser muy tú mejor amigo, pudiste quererlo mucho, pero ella lo amaba. No tienes ni idea lo que ella siente…

– Solo eres un niño, Gail…

– ¡Y tú un cobarde! Mi madre pudo matarlo, pero lo hizo para liberarlo de sus cadenas ¿Qué hiciste tú? – digo, apretando mis manos en puños. Él me mira sorprendido por un momento y retrocede un paso. – Nada ¡No hiciste nada! Así que no vengas a juzgar a mi madre cuando siempre estuviste bajo la sombra de mi pa…

La bofetada de Bran me envió al suelo, la falta de resistencia de mi cuerpo actuando en ese momento en mi contra. La fuerza sería necesaria si quiero que estos idiotas entiendan que mi madre es un ser humano que siente y padece, exclusivamente Bran que no la ha dejado en paz desde que papá no está. Escupo la sangre que sentí en mi boca y apoyo las manos en el suelo para levantarme, y fue en ese momento que sentí el escalofrío en mi cuerpo que me indicaba que las cosa no iban bien con mi madre.

Ignoré los gritos de las personas en la habitación y me transporté junto a ella. Estaba en los brazos de Galhet, uno de sus amigos de infancia; la sangre en su rostro me indicaba el miedo que tuve hace pocos segundos. Tragué el nudo en mi garganta, la tomé del rostro con cuidado y junté su frente con la mía del mismo modo que he visto a Cameron hacerlo a lo largo de los años.

– Por favor, regresa con nosotros. – susurré, mientras veía lo que esa dimensión le mostraba.

Cydiler estaba esperando a su hijo en la entrada del colegio como cada día desde que no entrenaba con Fitz en el cuartel del territorio Eitak.

Sus brazos envueltos en la chaqueta de cuero negra estaban cruzados sobre su pecho, las dagas que siempre llevaba consigo estaban ocultas en su espalda junto a un arma de fuego que compró por indicación de su padre. No podía estar armada como suele estarlo para no llamar la atención de las demás madres; por eso estaba algo impaciente por la salida de su hijo. Desde la mañana tuvo un mal presentimiento y quiere regresar a la casa para sentirse segura.



Laczuly0711

Editado: 27.02.2021

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