El Juego #02 (el Templo)

23

23

ANKA

Hoy es uno de esos días.

Las líneas ley de la tierra están fuera de control, ninguna familia salió de casa luego del anochecer; los elementales cesaron sus entrenamientos de forma abrupta inmediatamente al sonar la última campanada de la tarde y todo el territorio se encuentra en silencio. Todas las personas están aguardando afuera, listas para honrar a todos los muertos que este día trae consigo cada cien años.

– Mamá, todos los guardianes están afuera esperando. – anuncia mi hijo desde la puerta de mi despacho en el cuartel central.

Le indiqué con mi mano que en poco lo alcanzaría; siendo esa una señal suficiente para él para poder abandonar la habitación sin preguntar nada más. Me conocía perfectamente para saber que en este día no me gustaba hablar, no me gusta tratar ningún asunto de guerra. Todo deja de importar para mí el día de hoy. Sólo escucho el silbar del viento en la lejanía trayendo consigo el peso de las muertes inocentes que han marcado este milenio.

“Marla”Murmuro en mis pensamientos pasando mis manos por cada cuenca del collar que reposa en ellas; nombrando una a una todas las pérdidas importantes para mí desde que todo esto comenzó. Desde que esa mujer llegó.

– Corre, Anka. Son los vigilantes, van a dar un anuncio. – decía la chica de cabello blanco y ojos plata mientras me llevaba a rastras por el centro de nuestra aldea. – Dicen que es importante que todos los Shinsuke escuchen ¿Te imaginas que nos hagan difundir el mensaje como cuentan nuestros antepasados? – pregunta la chica emocionada.

Nos detuvimos en el medio de todos los pobladores reunidos en la plaza del lugar, apoye las manos en mis rodillas respirando con dificultad debido a la increíble carrera que acabo de hacer desde el principio del bosque hasta aquí y miro a la chica con un ojo cerrado. Puedo sentir mi pecho arder con cada respiración que hago, por poco y vomito.

– Estás loca, Marla. No puedo correr. – me queje entre jadeos tocando mi vientre con una mueca. – Recuerda que tengo dos meses de embarazo, carajo.

– Claro, se me olvidaba. – responde mi mejor amiga con una mueca. Se gira hacia el escenario frente a nosotros y sonríe. – Ya quiero hacer mi primer trabajo como una Shinsuke experta. He tenido tanto tiempo entrenando para esto.

– Se dice que has entrenado mucho tiempo para esto. – la corrijo girando los ojos.

Ella chasquea la lengua para restarle importancia. Miro a los alrededores en busca de alguien específico y frunzo el ceño al no notarlo entre todos nosotros.

– ¿Dónde está Trav? Debería estar aquí también.

– Si hablas del estúpido de tú novio, él debe estar en el bosque. – dice Marla mirando sus manos mostrándose aburrida. – Sabes que no le gusta asistir a este tipo de eventos porque le parece estúpido.

Abrí la boca para defenderlo por sus palabras tan fuera de lugar; pero me silencie por completo al sentirlo. La fuerte presencia del vigilante del cielo estaba entre nosotros.

Mire al escenario con el ceño fruncido, admirando palmo a palmo la figura esbelta de la mujer de cabello plata y ojos grises que lucía un traje de batalla plata; era la primera vez que la veía vistiendo una ropa como esa. Y me tomó por sorpresa el hecho de verla junto a dos Anirak con un bozal en la boca de hierro.

Ellos tenían la mirada naranja tan brillante, sin cabello en su cráneo por unos extraños tatuajes negros que lo surcaban. No me daba buena espina verlos. Su simple presencia me provocaba arcadas al percibirla con tanta fuerza. Además que no tenían camisa y los símbolos negros continuaban por todo su pecho hasta terminar en el comienzo de su garganta. Como si canalizaran algo en ellos.

– Marla, algo no va bien. – murmure tomando su mano.

– Estás paranoica, Ankie. – dice ella soltándose de mi agarre con media sonrisa. – Sólo es un anuncio.

– ¿Cuántos Shinsuke se encuentran en esta aldea? – pregunta la vigilante a uno de nuestros jefes.

El hombre de cabello negro y ojos blancos la miró con respeto, apoyando una rodilla en el suelo y luego respondió sin verla directamente al rostro.

– Somos una aldea pequeña. Ciento cincuenta personas solamente la habitan. Entre ellos, niños y adultos mayores. – responde el hombre con voz serena.

Era el padre de Trav.

– Perfecto. – sonríe la mujer mirándonos.

Algo no iba bien en el ambiente, me estaba asfixiando, yo…

– Acábenlos. – ordena la mujer a los Anirak. Helando por completo la sangre en mis venas al escuchar esa simple orden.

Los hombres retiraron el bozal de sus bocas con un movimiento de mano y antes que cualquiera reaccionara para salvarse, comenzaron a expulsar fuego puro de sus labios.

– ¡Anka! – gritó alguien desde el cielo, pero no alcanzaba a escucharlo del todo. Estaba paralizada con lo que mis ojos veían.

Ellos…

Ellos nos estaban matando.

Limpie la lágrima que cruzaba mi mejilla. Atravesaba el amplio pasillo del cuartel y me encontraba completamente sola. En pocos minutos todos darían su plegaria al cielo para honrar a los caídos. En este pequeño lapso de tiempo todos entrarían a sus memorias. Recordando el instante donde perdieron a esa persona tan importante en sus vidas.

Cruce una de las esquinas del lugar, sintiendo el bullicio de los pensamientos de las personas afuera y pase mi mano por dos cuencas gruesas y grandes consecutivas.

“Mamá y papá”. Dije en mi mente.

– ¡Es increíble lo que nos estás diciendo, Anka! Simplemente increíble, no esperaba esto de ti. – decía mi padre completamente molesto, caminando por toda la estancia con las manos en su cabello. – ¿Cómo pudiste hacernos esto?



Laczuly0711

Editado: 27.02.2021

Añadir a la biblioteca


Reportar