El Juego #02 (el Templo)

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La eternidad le otorgó ropaje nuevo a Freya antes de salir. Las armas fueron guardadas en el armario del pequeño estudio y el cabello de la Stanfers fue trenzado y limpiado como una princesa de otra época.

Uno de los vestidos viejos de la eternidad fue otorgado a Freya, una pieza de tela fina en color azul cielo, sandalias de cuero que debía amarrar meticulosamente a la altura de sus rodillas. Su largo cabello castaño tenía una corona trenzada en la cima de la cabeza, con flores azules que resaltaban sus ojos azul eléctrico con el aro dorado que apareció al estar en Eter. Su piel lechosa brillaba bajo la tenue luz de la tarde y por primera vez Freya no se sintió un guerrero, sino que fue de nuevo una mujer hermosa que las armas tenían ocultas.

El espectro la observaba con media sonrisa mientras se admiraba al espejo con la mirada sorprendida. Porque mientras Freya se asombraba de lo que estaba observando en su reflejo, la eternidad solo podía verla con melancolía por el destino que le fue otorgado.

– ¿Por qué me miras así? – pregunta Freya a la eternidad, mirándola a través del espejo.

Ya no había hostilidad, mal genio o dolor en su mirada. Por primera vez vio a la mujer que fue antes del inicio del juego. La persona que destruyeron las circunstancias y el caos en su mundo.

– Por nada. – sonríe y abre la puerta del estudio, dando paso a las risas y las conversaciones de todas las personas en el exterior. – ¿Vamos?

Freya asintió siguiéndola a la calle.

Las personas apenas y la miraron, ellas caminaron por el largo camino de piedra sin separarse mucho de las casas y posadas del lugar. Todo era tan brillante y tranquilo, que luego de ver detenidamente los materiales de todas las viviendas Freya notó que el acero dorado reluciente era en realidad oro y la piedra, cuarzo.

Ella no era muy creyente del cielo, pero pensó que tal vez este lugar se le asemeja bastante.

Llegaron hasta el centro del poblado quizás, una fuente con agua cristalina construida con mármol y granito las recibió, en medio de la gran estructura había una escultura, pero no era nada de rostros o personas como se solía acostumbrar en su mundo. Era una escultura simple, una gota de agua dorada rodeada de llamas plateadas. Freya la observó con curiosidad, la eternidad tomó una piedra de cuarzo al borde de la estructura y la arrojó al agua, provocando que las ondas de agua dibujaran colores y sorprendiera a la Stanfers.

– ¿Por qué abandonaste todo esto? – pregunta Freya, mirando las ondas en la fuente con fascinación.

– Yo no quise abandonarlo por voluntad propia, Freya. – responde la eternidad sentándose frente a ella en la fuente. – Voy a contarte todo, porque necesito que cuando vuelvas a tu mundo sepas la verdad.

– Las cosas van a complicarse ¿verdad? – dice Freya con una mueca de disgusto, sentándose junto a la eternidad en la fuente de ese lugar. – Por eso necesitaban que yo madurase.

– Sí. – eleva las manos, rodeándolas con el agua de la fuente de forma sutil. Ninguna de las personas la miraron de nuevo. – Mi nombre es Annaroth, la octava eternidad de tu mundo. Nací dos mil años antes de tu nacimiento, y morí un milenio más tarde. Yo provengo de Eter, pero nací en tu mundo, o como muchos lo conocen: Natur.

– No tuviste opción…

– Ciertamente, no. – sonríe y señala la plaza con media sonrisa. – Frente a ti tienes al primer universo existente. En este lugar están todos los creadores y seres superiores; por eso la atmosfera es tan pesada y asfixiante, porque todas las personas que viven aquí son vigilantes como nos llaman en tu universo.

– ¿Por qué están con nosotros entonces?

– Porque queríamos subsistir con personas como ustedes, o bueno, eso es lo que dicen que quería el primer creador que dejó estas tierras. – mira el cielo oscurecido y cubierto de estrellas con melancolía, una lágrima resbalaba su mejilla por recordar. – Paraphox, ese era el nombre de ese creador. El padre de todo el universo Natur.

– Si querían subsistir ¿Por qué destruían todo cada mil años? ¿Por qué tus hermanos y tú nos mataban?

– Toda luz tiene su oscuridad, Freya. – la mira triste y suspira. – Eter fue el primer universo, fue la luz; pero al mismo tiempo nació Shadow, un universo nacido en la oscuridad.

>>Las leyendas cuentan que el primer rey de ambos universos eran hermanos gemelos. Eter, el hermano cubierto de luz y bondad y Shadow, la oscuridad y la avaricia. Eran hermanos amorosos, los universos congeniaban a la perfección y todos eran felices, hasta que Shadow se enteró que Eter quería convivir con seres inferiores como si fuera uno de ellos, cuando supo que su hermano estaba reuniendo el poder para crear Natur.

>>Shadow no quería aceptar esa humillación. Peleó con Eter y provocó que ambos universos fueran separados de forma permanente. Eter era el dueño de toda la creación mientras que Shadow tenía creación, pero mayormente lo rodeaba la destrucción.

>>Con el tiempo Natur fue creado, el plan de Eter surgió a la perfección y él estaba feliz de tener un universo en paz y lleno de igualdad, estaba orgulloso de su mundo y lo amaba como nadie; pero la felicidad no fue eterna para este creador. Shadow supo que Natur existía, encontró una forma de entrar y comenzó a invadir Natur con la destrucción y el odio de Shadow.

– Entonces ustedes nacieron ¿verdad? – pregunta Freya cabizbaja. Annaroth asintió triste y ambas comenzaron a caminar, alejándose de la plaza sin que nadie volteara a verlas.

– Sí. – suspira Annaroth, guardando las manos en los bolsillos y maravillándose con el encendido de luces de la aldea. – El primer creador fue hijo directo de Eter. Él escogió cuatro infantes de su confianza y los cinco partieron a Natur sabiendo a la perfección que ninguno volvería con vida a este universo.



Laczuly0711

Editado: 27.02.2021

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