El Juego #02 (el Templo)

Cuarta Parte: Puertas

38

Freya envió un pulso de poder de fuego en dirección al pasillo opuesto en el que se encontraba. Los guardias que custodiaban ese lugar inmediatamente se precipitaron ante esa onda. Justo como ella deseaba.

Se deslizó por las sombras del amplio pasillo hasta la habitación de los guardianes, no tenía la protección de Annaroth con los subordinados del templo, solamente con Amateur. La cual se estaba ocupando de mantener a Amateur fuera del templo para que ella pudiera actuar sin límites, si Freya se dejaba o no capturar era su problema.

Abrió la puerta del salón de guardianes confiada de no pelear con ningún otro guardia, pero un sujeto la atacó al cerrar la puerta. Un gruñido salió de su garganta al ocultar su grito. El sujeto aumentó la presión de su antebrazo en el cuello de ella, increíblemente había logrado girarla a la pared en su reciente ataque. Ella guardó ese conocimiento en su memoria para mejorarlo.

– Sabía que eras una traidora. – sisea el hombre rozando la piel desnuda de su mejilla. – ¿Cuál es tú verdadero nombre, niña?

– Muerte. – susurró Freya con una sonrisa.

Se transportó detrás del hombre en un parpadeo, su figura se cubrió de sombras para protegerla de cualquier posible ataque. El hombre se giró con un grito en su garganta para atacarla, pero ella ya le había roto el cuello con un movimiento de mano sobre su poder Stanfers.

– Me ayudarás a liberar a tú enemigo. – sonríe Freya mientras arrastra el cuerpo hasta el calabozo del lugar.

Ya era hora de sacar a Fitz de ese sitio putrefacto.

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Ella no quiso prolongar más la estancia del sujeto en ese lugar, tenía que sacarlo de allí lo más pronto posible.

Freya cortó las cadenas que ataban el cuerpo de Fitz, tomó al hombre moribundo en brazos – haciendo acopio de las pocas fuerzas que le quedaban luego de cada entrenamiento –, gruñó levantando el cuerpo muerto del guardia que la atacó hace poco y realizó el conjuro de transmutación que Annaroth le mostró hace unas tardes.

El guardia adaptó la imagen de Fitz, las cadenas en las paredes lo ataron nuevamente reconociendo al prisionero, haciendo el trabajo de Freya mucho más fácil para sacar al Eitak de allí.

Fitz estaba demasiado débil para curarlo en esos calabozos y luego peligrar que cualquier persona los atacara, actuó rápido al transportarlos, apareciendo justamente sobre unas líneas ley cerca de la frontera de árboles en el territorio fantasma.

– Esto va a doler. – murmura la mujer.

Extiende uno de sus cuchillos afilados en su mano, lo presiona sobre el corte cicatrizado de magia negra en el cuerpo del hombre, un gruñido ronco brotó de Fitz cuando traspasó la carne.

– Llevas mucho tiempo siendo un natural, Francis Tetzaco. – dice. Arroja el objeto que lo mantenía herido a un lado y comenzó a curarlo para que su energía no se agotase con las miles de heridas antiguas. – Un poco más y mueres.

Odiaba esas palabras. El simple hecho de pensar en su muerte… No, no podía imaginar ese escenario ahora; posiblemente nunca pueda hacerlo. El simple pensamiento le estaba causando nauseas.

– No-o me cures. – murmura él con labios temblorosos.

“Por lo menos estás recuperando la conciencia para hablar”. Piensa Freya. Pasa una mano cubierta de sangre seca por el rostro del hombre y suspira, los gestos doloridos seguían en él todavía.

– ¿Por qué no debo curarte? – pregunta ella con el ceño fruncido.

– ¿Por qué debo vivir?

Recordó que él había muerto hace muchos años, que su esposa ya no existe, que perdió la oportunidad con su familia y se volvió un repudiado. El simple hecho de seguir con vida era por mera suerte, el cascaron del hombre ya se estaba rindiendo a las garras de la muerte incluso antes de pelear.

Freya apretó los dientes, lo tomó de la barbilla sin importarle si lo lastimaba o no y le hizo mirarla. Fitz apenas y pudo abrir los ojos en una fina línea exhausta.

– Deja de ser un puto cobarde, te necesitamos vivo. – dice ella. – Tus hijos siguen vivos. No están contigo, pero siguen vivos. Ya perdieron a su madre ¿También dejarás que pierdan a su padre por tu maldita cobardía?

– Yo no tengo familia. – suspira. – Yo no pedí ser un guardián. Mucho menos que mi padre fuera un vigilante. No quiero esto, quiero morir, dejar esto ya.

– Quiero que Fitz vuelva. – gruñe Freya, acercando su rostro al suyo. El cascaron solo suspiró exhausto y ella gritó frustrada.

En el cielo, los relámpagos resonaron con fuerza, las primeras gotas de agua cayeron sobre el rostro de ambos guardianes. Freya lo tomó del cuello con rabia, aprisionándolo contra el árbol sin miramientos.

– Trae al guardián de sombras Fitz. – ordena al cuerpo vacío del hombre.

Los ojos zafiro del sujeto la miraron a través de la lluvia que los cubría; el cabello azabache largo cubría parte de su rostro, haciendo que toda la escena luciera como una despedida y no como un despertar. Ya no había ansias asesinas en ese cuerpo, Amateur había logrado neutralizar al monstruo que Francis Tetzaco tenía en su interior. Esa fue la esperanza a la que Freya se aferró durante todo este tiempo.

– ¡Fitz no existe! – grita él provocando que el suelo del lugar temblara. – ¡Ella lo mató!

Freya gruñó.

Arrojó los protectores de sus cuchillos al suelo junto a la espada, deshizo los lazos hechos en su camisa para no separarse de su pantalón, arrancó la camisa bajo la atenta mirada del hombre frente a ella y señaló la cicatriz en forma de estrella en el centro de sus pechos. Una cicatriz profunda que nadie sabía su existencia.

– Yo también estuve muerta, pero volví. – dice, acercándose a él de forma amenazante. – Así que más te vale que lo traigas de vuelta aquí si no quieres que te mate.

– No. – la retó el hombre sonriendo ampliamente.

Freya soltó un gruñido bestial, lo acorraló de nuevo contra el árbol, rompiendo el tronco con su cuerpo sin provocar la menor mueca de dolor en el rostro del cascaron de Fitz.



Laczuly0711

Editado: 27.02.2021

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