El Juego #02 (el Templo)

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El Templo Eterno.

El lugar más peligroso de todo el mundo.

Esas columnas talladas en piedra con el revestimiento de oro de la entrada y la amplia puerta de plata de más de cuatro metros era el recibidor del mismísimo infierno. Entrar al templo eterno era entrar a un juicio de muerte.

Estaba custodiado por elementales antiguos. Además que la mismísima eternidad lo conjuró para que, todo el que entre en ese lugar deba pagar un precio por las respuestas o por dejarse llevar de la curiosidad que el templo les otorgaba a los elementales y naturales.

Sueños, años de vida, el alma misma… Los pagos de ese templo eran inimaginables, nadie se ha atrevido a cruzar sus puertas en todo este tiempo y aquellos que lo han hecho han dejado su propia alma en las manos de la mujer en la puerta.

Freya apenas y pudo salir con vida de ese lugar cuando era una adolescente.

– Tú me llamaste. – habla la mujer de la puerta con una voz vieja, cubierta de sabiduría. El cabello de color bronce que se deslizaba sobre su pecho se agitó con el viento del lugar. – ¿Qué deseas?

Freya no vendería su alma ante ese templo.

Debía salvar a Fitz.

– Nada. – dice con voz ronca. Levanta la barbilla con altivez. – Yo no te he llamado, Heshia.

Heshia. La guardia de las puertas del templo eterno, una mujer con la misma antigüedad de la muerte de la eternidad. Era igual o más peligrosa que Amateur. La mujer ni siquiera tenía alma, se la había vendido a la eternidad cuando aceptó vigilar este lugar sagrado.

– Gritaste un nombre, hija de la sangre. – dice. – El templo te convocó aquí para auxiliarte. – movió los pliegues de la capucha de su túnica al detallarla, detuvo su movimiento sobre el hombro de la Stanfers herida y suspiró. – Vas a morir.

– No necesito tú ayuda, Heshia.

La mujer apareció frente a ella, un fantasma atravesando el espacio. Freya dio un paso vacilante hacia atrás y apretó los dientes. Su cuerpo etéreo estaba comenzando a desaparecer.

– Estás a punto de morir.

¿Por qué pensó siquiera en el templo eterno? ¿Acaso quería acelerar el proceso de su muerte?

– No voy a cobrar por ayudarte. – dice Heshia. Levanta unas pálidas manos frente al rostro de Freya, que estaba cubierto por una capucha negra. – Es mi deber ayudar a los que portan tu sangre.

– ¿Qué quieres decir con eso?

Una luz incandescente le rodeo, las fuerzas regresaron a su cuerpo etéreo haciéndola brillar. Freya jadeó sorprendida dando un paso atrás. Heshia ya había ocultado sus manos de nuevo entre los pliegues de su túnica dorada.

– Salva a tú compañero.

Luego de esas palabras, todo el espacio se sumió en una oscuridad absoluta y Freya continuo cayendo en picada hacia la profundidad de ésta.

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Sola.

Ella estaba completamente sola desde que llegó al templo. Desde que alejó a todos los que ama para que no los tocaran, para que esa mujer no les hiciera daño. Y Freya jamás había permitido que su ser sintiera el dolor del vacío hasta ese instante, hasta el momento donde Heshia la regresó a su cuerpo y la verdad de sus palabras la golpearon con toda su fuerza. Ella era…

La bestia amorfa la soltó con un alarido agudo saliendo de sus fauces.

La Stanfers cayó al suelo de rodillas, la sangre surgiendo de su herida de forma lenta mientras su energía renovada la ayudaba a curarse. Mientras evitaba su propia muerte.

Un color antiguo y peligroso brillaba como una sombra en sus ojos, el color rojo titilaba con algo más, algo antiguo, poderoso. Freya escupió la sangre acumulada en su boca en el suelo junto a ella.

Sintió en el viento el movimiento de uno de los machos alados, estaban a punto de matarla. Y ella estaba tan cansada de esto, de la verdad…

Freya levantó la espada con un movimiento suave, el metal brilló por un instante en sus manos y luego se cubrió de la sangre del inmortal. Sangre que brotaba de su boca en donde el filo de la espada fue clavado, donde ella le dio el golpe de gracia para matarlo sin ningún esfuerzo. Incineró el cuerpo inmediatamente antes de levantarse con la mirada en el suelo.

La bestia amorfa titubeó, seguramente sintiendo el aura que Heshia liberó al curarla en ese segundo espacio. En la otra dimensión de los elementales de ese mundo.

– Tú… – titubeó el otro macho alado. El rostro drenado de cualquier color al verla. Al ver el brillo inconstante del cambio en sus ojos. Freya se mostró cansada al encontrar su mirada. – Eres ella… Eres tú, deberías estar muerta.

– No es como si yo estuviera muy feliz de encontrarme con vida. – dijo ella con voz ronca.

Tronó los dedos entumecidos de su mano izquierda, el cuerpo amorfo explotó en una brisa de sangre sobre ellos. El macho dio un paso atrás aturdido y tal vez, solo tal vez, cubierto de terror ante la demostración de su fuerza.

– ¿Cuántas legiones de los tuyos comanda ella? ¿Cuántos de ustedes están bajo el mando de Amateur?

Y si no hubiera sido por su esencia recién despertada, él bien pudo haberla reconocido por su forma de hablar. Por la manera tan extraña en la que le estaba hablando en el lenguaje antiguo.

Un lenguaje que solo le pertenecía a esa mujer.

– Miles, millones de nosotros. – habló el hombre con seguridad. La rabia cubriendo su temor cuando levantó la barbilla en un desafío hacia ella. Ante su título. – No podrán vencernos, ni siquiera tú. O la fuerza del vigilante inconsciente. Todos van a morir, los dioses incluidos. Es lo que debe hacerse…

Freya levantó una garra de sombras sobre la mente deformada del macho. El sujeto gorjeó bajo el agarre de otra garra en su cuello, pero ella no flaqueó en su agarre. Guardó la espada cubierta de sangre en su vaina. Un movimiento que le provocó más dolor del esperado, todo su cuerpo estaba destruido, exhausto.



Laczuly0711

Editado: 27.02.2021

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