El misterio de Helena Surchs

Capítulo 11

Debido al impacto de aquella bala caí al suelo, pero como llevaba el chaleco no me sucedió nada, por lo que agarré firmemente mi arma y apunté a aquella sombra y me dispuse a apretar el gatillo.

—¡Para, para! —Una voz conocida hizo que me detuviera a tiempo. —¡Soy yo, Kristian! —¿El abogado me había disparado? Me sentía un poco confundida y aturdida por el disparo y la oscuridad.

—¿Yelina? ¿Estás bien? Hemos oído un disparo. —Era la voz de Paul por el auricular que tenía en mi oreja derecha. Tuve que inspirar y tratar de centrar mi mente para averiguar lo que había pasado, al menos para crear alguna teoría.

—Estoy bien, falsa alarma. —Me levanté un poco adolorida, el impacto de una bala en el chaleco suele doler, nada exagerado si es de buena calidad, porque había ocasiones que incluso podías llegar a fracturarte una costilla. Le puse el seguro a mi pistola y la guardé en su sitio, luego cogí mi móvil y encendí la linterna para así ver a la persona que estaba frente a mí. —¡Tú! ¿Qué haces aquí? ¡Te dije que te quedaras en el coche! —Desvié la vista al suelo y apunté hacia ahí con el móvil. Unos centímetros más allá de sus pies se encontraba la pistola que le había entregado minutos antes. Me agaché para recogerla, estaba caliente, era la que me había disparado.

—Lo siento, es que tardabas mucho y estaba preocupado, a demás que no me gusta eso de estar solo en un coche en medio de la noche y con un asesino en serie suelto, por lo que decidí venir, pero tú apareciste gritando con una pistola, por lo que levanté las manos y el arma se me cayó. ¿Estás bien? —El abogado se acercó aparentemente preocupado y yo lo aparté de un empujón.

—¡Te dije que te quedaras en el coche! Tienes suerte de que la bala perdida me diera en el chaleco y no en la cabeza o ahora estarías preso y yo muerta. —Le puse el seguro a su arma y la guardé también.

—Lo siento mucho, de verdad. —Bajó la mirada avergonzado.

—Perdón no basta, ahora podría estar en la tumba y eso no resucita a los muertos. —Esas palabras que dije me recordaron a los momentos en la academia, siempre nos las decían cuando fallábamos y nos disculpábamos.

—Lo sé, debí quedarme, la próxima vez obedeceré al pie de la letra tus indicaciones. —¿Próxima vez? Ese tipo estaba loco si creía que habría una próxima vez. —¿Qué hay del asesino? —Suspiré y traté de relajarme.

—Nada, y ahora mucho menos. Con ese disparo lo habrás espantado, si es que estaba cerca. —Comencé a caminar de regreso al coche. —Chicos, nos vemos en la comisaría. —Dije por el micrófono a los de mi equipo mientras el abogado comenzó a caminar detrás de mí.

—¡Recibido! —Era la voz de Colin. —Esperamos una explicación de lo ocurrido. —Tras esas palabras se cortó la comunicación y me quité el auricular, era algo molesto.

—¿Segura que no ha dejado nada sin que no te dieras cuenta? —Kristian se posicionó a mi lado. —Porque es una posibilidad, quizás es más sigiloso de lo que crees o puede que venga más tarde, no deberíamos de irnos. —Me detuve en seco y lo miré.

—No ha venido, y dudo que venga, no después del disparo que se oye a metros de distancia, aunque también está la opción de que sea tu querido cliente y por eso no se ha presentado.

—¡No es Liam! —Exclamó el abogado. —Tienes que intentar creer en él, sé que ahora todo apunta en su contra, pero si hubieras visto tantos casos como yo entenderías lo que te estoy diciendo.

—Y si tú hubieses visto tantos a tantos homicidas y crímenes lo entenderías. —Seguí mi camino.

—¡Bien! Has visto a muchos asesinos a los ojos, ¿verdad? Entonces dime si Liam tiene la mirada de un asesino, porque yo no veo en él a un psicópata como lo es el Ángel de la muerte. No creo que sea capaz de asesinar y mucho menos de hacer todo lo que ese tipo les hace a esas pobres chicas. —Me detuve por un momento ante las palabras de Kristian. —Liam no haría nunca nada así. Puede que sea culpable de conducir ebrio o de pelearse con alguien en una fiesta, pero no cometería nunca tales delitos. No es un psicópata ni un sociópata, y sé que lo sabes. —La voz de Kristian estaba cargada de sentimiento, parecía tomarse el caso de ese chico de manera personal, era como si de verdad le afectara que Liam fuera a prisión, y no me refiero a la importancia de perder un caso.

—A veces las apariencias engañan. —Conocí a más de un asesino que parecía ser una de las mejores personas del mundo, pero en el fondo una abominable oscuridad cubría sus corazones. —Muévete o irás solo a la comisaría. —Volví a caminar nuevamente.

—Entonces iré solo. Pienso quedarme aquí un rato más. Estoy seguro de que va a venir, y si lo pillo te demostraré que Liam es inocente. —Suspiré y puse los ojos en blanco, pero no me detuve.



Sybil Reed

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En el texto hay: policial, misterios y crimen, psicologia

Editado: 08.04.2021

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