El misterio de Helena Surchs

Capítulo 13

Paul fue el primero en salir de la habitación para dirigirse a la salida y de ahí a mi coche, teníamos que llegar lo antes posible a la comisaría. Quizás creyera firmemente que Liam era el Ángel, pero eso no quería decir que permitiría que se volara la tapa de los sesos, después de todo lo necesitábamos para resolver el caso y encontrar a Helena, aunque en el fondo una pequeña parte de mí, una muy pequeña... Minúscula, enana, efímera… En fin, esa porción de mi corazón creía en la inocencia de ese chico, y Yelina Cruz no iba a dejar morir a un inocente. Mi trabajo era salvar vidas, por lo que salvaría a Liam, fuera un asesino despiadado o un pobre tonto con muy mala suerte.

—¡Esperad! —La voz de Kristian hizo que me detuviera en seco al cruzar la puerta del dormitorio, al contrario de Paul, que no se detuvo. Me di la vuelta para ver que se le antojaba, siempre estaba con sus tonterías. —Iré con vosotros. —Enarqué una ceja y lo miré sorprendida.

—¿Te has vuelto loco? Estás en el hospital por una razón. No te puedes ir cuando quieras, debes hablar con el doctor encargado de tu caso para que te dé el alta. —No podía creer hasta que punto llegaba su ansia por ser el héroe.

—No soy un prisionero, soy un paciente que ya se siente bien y quiere irse a su casa. —Iba a replicar, pero él me lo impidió. —Si hay alguien que puede detener a Liam, ese soy yo, recuerda que él os ve a todos como enemigos y ahora necesita un hombro en el cual llorar… Hasta yo le di de lado por unos instantes. —Comprendía cómo se sentía Liam. Asustado, solo y decepcionado. No estaba segura de que pensar sobre él.

—No tenemos tiempo que perder, si vas a venir con nosotros date prisa. —Zubok me dio una sonrisa torcida y se levantó de la cama con un poco de dificultad. —¿Seguro que estás bien?

—No te preocupes, soy un cabeza dura. —Se estiró y volvió a sonreír nuevamente. —Vamos. —Lo miré de los pies a la cabeza. No estaba para ir a ningún lado, no podía ir por ahí con la ropa del hospital o terminaría en un psiquiátrico.

—¿Y tu ropa? —Traté de buscar sus cosas con la mirada, pero no di con nada.

—¿Es eso lo que te preocupa? ¡Vamos! —Puse los ojos en blanco y me giré. Era su problema. Salí rápidamente de la habitación y recorrí los pasillos a toda prisa siendo seguida por el abogado. Apenas tardamos dos minutos en salir, cuando lo hicimos fuimos a mi coche, Paul nos esperaba fuera, yo tenía las llaves. Paul, al vernos llegar no pudo dar crédito a lo que estaba viendo, y si no hubieses sido una situación crítica se hubiera echado a reír sin parar.

Saqué las llaves y apreté el botón para abrir mi coche, en cuanto se escuchó el típico sonido que indicaba que ya estaba abierto, Paul se subió al lado del copiloto y yo en el lugar del conductor, Kristian se sentó detrás.

—Te ves muy sexy con ese camisón. —Paul no pudo resistir hacer un comentario. Kristian puso mala cara y luego se abrochó el cinturón de seguridad. —En serio, seguro que lo vuelves la última moda en las pasarelas. —Mi compañero imitó a Kristian y se abrochó el cinturón.

—No es el momento para esas estupideces Paul. —El abogado se veía serio y un tanto ofendido. Paul levantó las manos a modo de defensa y no dijo más durante el resto del viaje.

El camino era largo, por lo que tuve que poner las luces y la sirena portátil que llevaba siempre en la guantera del coche para casos de emergencia, como ese. Gracias a este método infalible pudimos llegar mucho antes de lo esperado. En cuanto llegamos a la comisaría detuve el coche en la entrada y me bajé rápidamente. Al llegar nos encontramos con Colin, nos estaba esperando.

—¿Qué demonios pasó? ¡No puedo dejaros solos un rato porque el sospechoso principal coge una pistola y amenaza con suicidarse! —Era desaparecer un rato y todo se salía de control. No entendía como podía haber pasado eso con la cantidad de policías que estaban allí. Mi equipo iba a tener que dar muchas explicaciones, al igual que los hombres de Gómez.

—Al parecer un agente de Gómez lo estaba llevando al baño, cuando se dio cuenta Liam le había robado la pistola y se encerró en donde se encuentra ahora. —Que incompetencia…—¿Qué hace él aquí y… así? —Colin señaló al abogado, quien estaba de pie detrás de nosotros con la respiración agitada y con la bata del hospital. La verdad es que era imposible no fijarse en él.

—Eso es lo de menos ahora, ¿dónde está Liam? —Le pregunté mientras entraba con ellos a la comisaría, en ella todos los agentes estaban atentos a un lugar en específico, el despacho de Gómez. —Déjalo, ya veo en donde se encuentra. ¿Cuál es el plan? —Caminaba entre la gente para poder llegar hasta la puerta.

—Seth está intentando razonar con él, por ahora es todo lo que podemos hacer. —Podía oír los murmullos de la gente junto con sus risas a la vez que avanzábamos, obviamente se debían al aspecto del abogado. Cuando finalmente llegamos hasta la entrada del despacho pudimos ver a Gómez y Davina en la puerta, cada uno a un lado, preparados por si algo llegaba a suceder, ya que Seth estaba dentro con Liam y no iba armado. —Seth ha dejado la puerta abierta, por lo que podemos oír claramente todo lo que dicen. —Asentí y me quedé observando, sabía que la persona que menos debería ver era a mí.



Sybil Reed

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En el texto hay: policial, misterios y crimen, psicologia

Editado: 08.04.2021

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