El nido(completa)

CAPÍTULO 5

Los días han pasado y Amelie continúa en ese lugar sin saber nada de sus padres ni de su hermana menor. Nicolae le aseguró la última vez que apareció en la pequeña casa, que los que tienen secuestrados a sus familiares y que quieren hacerle daño, son los hombre lobo de la manada del padre de ella. Pero la joven todavía duda, le parece demasiado fantasiosa la historia advenediza y manipulada, pero no tan lejos de la realidad que parece ser cierta.

Se mueve en la cama y un viento helado roza la piel de su cuerpo, estremece debido al frío y se arropa de nuevo con las mantas. Pero no se siente sola en la habitación, entonces abre los ojos y encuentra a Nicolae sentado en un pequeño sofá que está a unos metros de su cama. Supone que ha abierto las ventanas solo para despertarla.

—Al parecer ya se te está haciendo costumbre venir a molestarme... —habla con la típica voz ronca de todas las mañanas.

—Es un placer. —Sonríe de lado y se levanta para acercarse a la cama.

—¿Qué se te ofrece? Digo, debe ser algo sumamente importante para que entres a mi habitación y abras las ventanas a propósito para matarme de frío. —Lo observa con recelo.

—¿Por qué eres tan quisquillosa? Solo quería saludarte.

—Vaya manera de saludar, matándome de frío. —Imita su posición de brazos cruzados.

—Te ves muy bella cuando duermes y cuando despiertas aún más.

Nicolae ha descubierto que su interés por la muchacha sigue intacto, casi de una forma obsesiva, y no va a descansar hasta que ella sea suya a las buenas o a las malas.

—Pues, gracias por el cumplido. —Finge una leve sonrisa.

Se acerca más a ella y la toma de la mano de una forma delicada, como si pudiera romperla si la toca, deposita un beso en su mejilla y la observa tiernamente. Se queda pasmada mirándolo, es la primera vez que alguien le dedica un gesto tan tierno.
Esa voz grave la saca de sus pensamientos.

—Amelie... —susurra su nombre.

De nuev le acaricia la mejilla y roza el final de su barbilla con los dedos, haciendo que ella se estremezca.

—Debo darme un baño, quizá más tarde hablemos. —Se levanta, mas siente que la mano de Nicolae toma la suya.

—Yo sé que sientes lo mismo que yo y no lo niegues. Te sientes atraída por mí así como yo me siento atraído por ti, es algo inevitable, ¿no es así?

Se queda más pasmada aún, no es capaz de decir nada, tampoco negar o afirmar lo que el hombre dice.

—Lo siento Nicolae, no tengo interés en este tipo de cosas. —No se siente atraída como él dice, para nada.

—Amelie. —Su expresión es de súplica—, no seas así...

—Puedes marcharte, voy a asearme. —Se separa de su cuerpo bruscamente y camina unos cuantos pasos hacia la ventana—. ¿Serías tan amable de marcharte?

Hace gestos con la mano para que se vaya, mas él no lo hace, ahora la mira furioso. Nicolae Dublin no soporta que una mujer que le guste, venga a darse infulas de importante y lo desprecie.

—No —responde serio y con una expresión impertérrita en el rostro.

Amelie traga grueso, esa actitud amenazante le aterra.

—¿No, cómo que no? —Da pasos hacia atrás, buscando con su mano algo que se encuentre en el camino para defenderse.

—Ven aquí, no seas grosera, eso no te conviene ahora. —Se acerca rápidamente a ella, quien maldice al no tener nada en mano para evitar que le haga daño.

La toma por ambas manos y empuja contra la pared con fiereza, ahora siseando para besarla en la boca, a lo que ella se niega. Percibe cómo el hombre restriega su pelvis contra la suya, dejando a la vista el asqueroso bulto que crece bajo sus pantalones. Siente la saliva secarse en la piel de su cuello, donde segundos atrás Nicolae se había empeñado en chupar.

—¡Suéltame! ¡Me das asco! —Trata de golpear con sus piernas al abusivo pelinegro—. ¡Déjame maldito!

—¡Cierra la maldita boca! No me obligues a golpear tu lindo rostro de muñeca, por favor... En realidad vine a decirte algo distinto, pero mira cómo me haces enojar y perder el control. —Sostiene el pequeño rostro de la joven entre su mano y hunde los dedos en sus mejillas con rudeza, haciendo que ella jadee de dolor.

—¿Qué es lo que quieres? Dime, ¡dime! —grita

Muerde con violencia un dedo al hombre que de inmediato le propina una amarga bofetada.

—¿Ves cómo me haces enojar? —Niega y chasquea la lengua, se lleva el dedo ensangrentado a la boca—. Eres toda un fiera, me pregunto si así serás en la cama.

La jovencita tiembla de pies a cabeza, no puede controlar sus movimientos nerviosos ni su acelerado corazón, no es capar de tan siquiera tocarse la mejilla irritada, ya que él no se lo permite.

—Dentro de cinco días cumplirás veintiún años, ¿verdad? —La interpela mientras sostiene su pequeña cintura con las manos, para que ni se le ocurra escapar de él.

Amelie asiente, casi como una autómata respira y ve, porque está tan paralizada que no puede ni espabilar.

—A estas alturas debes notar que ya estoy harto, así que ese día harás todo lo que yo pida y no te vas a oponer.

—¿P-por qué? —pregunta asombrada, apenas y se atreve a abrir la boca.

—No hagas preguntas estúpidas. Vas a hacerlo y punto, quieras o no. En fin, no sentirás nada. Para cuando hayas despertado, todo habrá acabado y estaremos en Nidum.

Se pregunta el sentido de ir allí y el porqué de repente Nicolae parece haberse vuelto demente, aunque si está harto de ella entonces eso debe ser. Sin embargo, se siente irreal, como si nada de lo que está viviendo fuera cierto, es como caminara en un tortuoso sueño.

—¿Despertar? No quiero ir allí —inquiriere dudosa, las piernas le tiemblan.

—¿No? Más te vale que cambies de opinión, porque si te empeñas en hacerlo a las malas, a las malas será. Y créeme, no querrás conocerme enojado, rubia. —Le roba un beso en los labios.

Amelie no responde a eso, al contrario, siente arcadas.



Brenda Balzac

Editado: 16.10.2020

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