El origen del héroe

Capítulo uno : parte dos

Una luz comenzó a iluminar levemente en mis ojos cerrados, descubrí que era un foco de luz blanca, me quedé petrificado.

- Di.... me de....oy -me sorprendí por que solo salió de mi boca un delgado hilo de voz ronca, intenté mover mis extremidades, estaba paralizado.

Fue en ese preciso instante que descubrí donde estaba.

Estaba en un hospital.

No podía expresar mi completo desconcierto, yo... ¿había imaginado?, ¿todo?

No entendía en lo absoluto.

Mi cerebro se hizo infinidad de preguntas, pero yo ninguna respondía.

Entonces... Comencé a pensar, nunca fuí a ese mundo de fantasía solamente me atropelló el carro y qued en coma, todo lo que había echo fue producido por mi imaginación.

Mis dientes mordieron mis lengua, muy fuerte tanto así que mi lengua comenzó a sangrar.

-¡Haaaaa!

Era real este cuerpo, mi cuerpo estaba vivo.

Una enfermera entró con unos papeles para revisarme. Su rostro se iluminó por verme despierto.

Salió disparada para llamar al doctor, esas fueron mis conclusiones.

¿Puedes seguir con tu vida? ¿O quieres vivir una nueva?

Una voz susurradora me pregunto.

Suena absurdo..... Pero...

-Quiero una nueva.

-Bien. BIEN.

- Pues elige tienes hasta que vuelva esa tipa, esta vida de vegetal o una vida donde serás despreciado por mi culpa, ya que obtendrás mi poder.

-Prefiero la vida que tú me ofreces.

-Entonces, ¿ya lo decidiste?

Estaba hablando con mi mente.

-Aceptaré.

-Jaja, bien será la única vez que conversaré contigo, mi sucesor.

-No me importa si me humillan por ti por eso quiero poder. -Y eso es lo que te daré.

-Si eres verdad, si no eres mi imaginación entonces por favor llévame a esa oportunidad que das. -Desde ahora te llamarás Ice de Jeral Shinovit tu último apellido será temido y a la vez repudiado.

-No me importa.

- Jaja supongo que es todo que tengo que decirte por lo demás puedes hacer lo que te plazca, pediste una oportunidad pues te mandaré a un reino que tu conoces, Wallis, mejor dicho Ice.

-Dime tu nombre.

-Soy el demonio Shinovit, el que causo la guerra de Cuntenser.

-Bien gracias una pregunta más, ¿por qué me das tu poder? -Un demonio necesita morir.

Terminó el diálogo, mis ojos fueron tapados con un signo en los mismos. Escuché el sonido ¿de la muerte?

Viento chocó a mi cara, esta sensación, abrí mis ojos, un hermoso sol se mostraba en mis ojos.

-Estas,¿bien?

-Sí -había una chica de mi misma edad, no puede ser.

-¿Quien eres? -pregunté.

-Ha, me llamo Guirial, mucho gusto -sonrió, esta vez sus ojos eran brillantes no opacos como esa vez. -¿Cómo te llamas?

-Ice, bien ¿donde estoy?

-En el reino del relámpago, te encontré tirado en este tronco por eso me preocupe por ti. -Gracias -agaché mi cabeza.

-No es nada, ¿tienes donde ir?

-No.

-Puedes quedarte en mi casa.

-Yo....

-No te lo pienses.

- Bien, gracias.

Caminamos por el campo donde abundaba el pasto y montañas, tenía la sensación una presencia...

Miré hacia arriba, era ese soldado con su dragón, el que me llevó ante el rey para esclavizarme, tsk si baja lo mataré.

El dragón bajo haciendo un ruido sorprendente, Guirial se quedó atónita.

-¿Que hacen acá ustedes niños?

-Caminábamos por estos campos.

- Está prohibido andar por aquí según el decreto 600del acta de Lanoes quedan arrestados, con una pena, la esclavitud.

No podía permitirlo, ese miserable soldado.

Guirial estaba muy asustada.

-Dobleguense ante este soldado sino serán anemigos del rey.

- Entonces que así sea -no sabia de donde pero salió de mis labios una sonrisa terrorífica, emití mucho miedo tanto que el dragón estaba aullando, el soldado cayó de rodillas.

-Dile al rey que Ice de Jeral Shinovit vino a matarlo -susurré suavemente al soldado.

-Bueno, ¿nos vamos?

-Está bien.

Caminamos hasta su casa, ahí me preguntó :

-¿Por qué amenazaste al rey?

-Por qué el me hizo mucho daño, siento mucho dejar al descubierto ésta forma de mi ser.

-¿Ice te conozco?

-Sí, me conoces, me conociste como Wallis.

Unos minutos de silencio, de seguro le vino pedazos de recuerdos a su cabeza.

-Eres tú, tú eras mi amigo -soltó una lágrima y me abrazó, yo también hice lo mismo.

-Me alegra verte ahora sana.

-Quiero que me cuentes, como te conocí, no lo recuerdo, cuéntame todo de nosotros pero más de ti.

-Lo haré con mucho gusto.

-Muchas gracias, Ice.

 



Gabriel Landa

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En el texto hay: reino y poder

Editado: 27.06.2020

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