El palacio de la no princesa

Tensión.

Cuando el sol apenas se aventuraba a salir sentí unas manos cálidas y una voz raposa casi inaudible, no supe como reaccionar así que permeancia como si dormía, Me dije, Vamos mi misma eso es pan comido deja que la actris que esta en ti salga.

 — Rayos Primita, tenía un monto de tiempo que no padecía de ese sentimiento. ¿Como es que puedes ser tan brava y descuidada? Fue apenas el primer día y me has dado un susto. Pero estoy no va a volver a pasar primita no sé cómo lo haces, pero expones eso sentimiento que hasta yo desconozco puedo sentir: Ira, miedo, deseo de venganza, pánico, horror, inquietud, felicidad. Todo eso sentimiento en un ratito.

No me movía me quede estática con los ojos cerrado con la mayor determinación con las que nunca los había cerrado, no conocía a ese hombre que me hablaba, esa cascada de sentimiento los provoque yo. Pero ¿por qué? No tuve ni una pisca de valor para preguntar su mano grande y fría se sentían calidad. Sentía como si alguien había suplantados aquel chico arrogante, mal portado, poco caballeroso de sentimientos frio. Comenzaba a acostumbrarme a su mano cuando una enfermera irrumpió.

 

— Buenos días.

— Buenos días.

— ¿Alguna novedad?

— No, solo estoy aquí para revisar el bajante de la señorita.

— Bien, gracias.

Le tomo un rato la sentí moverse por la habitación. Cuando sentí que se despedía. Abrí los ojos, si Mey me vieras estaría orgullosa fue todo un teatro, me revolví, me estire, bostece y abrí mis ojos de la manera más natural. Tanto practicar para que la abuela no se diera cuenta que chateaba toda la noche funciono, siempre fingía que me despertaba, fue magnifico.

— Buenos días, señorita.

— Buenos días

— ¿Cómo se siente?

— Bien, gracias

— ¿Ha tenido alguna molestia al dormir?

— No, en realidad, Enfermera.

— Me gustaría que me hiciera a mí la misma pregunta.

Irrumpió Axel con su muy acostumbrado tono.

— Siempre quieres ser el centro de atención.

— No, solo quiero encontrar con quien quejarme de que roncas como hombre de 70 años.

— ¿Cómo dices? Claro que no, nunca he roncado.

— Tus ronquidos despertaron a media ala del hospital.

— No, ya te dije, NO RONCO.

— Que si, bastasante fuerte, deberían chequearte tiene que ser una enfermedad.

— A ti deberían chequearte el cerebro debes tener algo dañado. Idiota.

— Claro, claro que tengo algo dañado el oído. Tú los arruinaste con tus ronquidos que sonaban como una mezcla de un elefante y un cerdo.

— No te soporto idiota.

La enfermera nos miraba luego de todo eso solo sonrió y dijo.

— Tienen un noviazgo muy lindo.

— Novia yo de este Idiota. Nunca

— No tengo ninguna pasión insana por los animales, el choncho elefante lo sabe.

Hay como odio ese idiota, como cambia de una persona a otra tan deprisa.

— Bien, como digan, Dijo la enfermera con una sonrisita burlona y una mirada incrédula, El doctor vendrá a un poco más tarde para ver sus estudios y decirle si puede ir a casa.

— Gracias.

— Gracias.

Dijimos gracia con más sincronía que la 9na de sinfonía de Ludwig van Beethoven. La enfermera sonrió y salió.

— Quiero bañarme antes de ir a clases.

— ¿Ir a clase?

— Si, ir a clases, ¿tú eres tonto o te haces?

— No, y No  iras a clases hoy.

— ¿Quién lo decidió?

— Yo ¿No escuchaste cuando lo dije?

— Yo me mando solita.

— Así eso veremos.

Salió de la habitación con su tono y actitud gobernativa y arrogante, Maldito arrogante, en serio odio este tipo.

Al cabo de unos 10 minutos apareció con un café en la mano. Debió ir a la cafetería.

— Celia y Deric vendrán, te traerán ropa limpia y te llevarán a casa.

— Te escucha muy determinado, iré a la universidad eso es innegociable.

— No lo creo.

Esa sonrisa que suelo tiene la persona que han recibido sobredosis de ¡bien hecho! Creo que se llama ser narcisista. Si este tipo tiene una alta estima de él que es casi enfermizo, quiere que todo se haga cuando dice y porque lo dice.

 

— No entiendo, la razón por la que no puedo. ¿tienes una razón lógica?

Se quedó callado un momento como buscando la palabra. Lo deje sin una razón lógica así que tendría dar su brazo a torce luego de unos poco segundo. Me dio la respuesta más infantil, cómica, e ilógica que alguien puedo decir jamás.

— Porque yo lo decidí.

— ¿En serio? ¿esa es tu razón?

 No sabía cómo reaccionar frente aquello. Llegaron a mi cabeza tanto sentimiento, palabra, malas palabras. Pero gracias a la providencia fuimos interrumpidos por el doctor.

— Buenos días ¿Cómo está todo el mundo?

— Bien doctor.

— Habla por tus oídos, los mío están arruinados.

— Bien ya vi sus estudios y todo está bien, podrá irse a casa hoy mismo.

— Gracias Doctor.

— Pero has recibido un sobresalto debes tomar las cosas con más calma, ¿bien?

— Si, doctor, eso hare.

— Podrías haberte golpeado en la cabeza.

— Su cabeza es dura podría con eso, Doctor, Créame.

— Axel.

— Bien, iré a ver a mis demás pacientes, pasen buen día, espero no verlos aquí pronto.

— Gracias Doctor.

— Gracias Doctor.

—¿ Lo escuchaste? el Doctor no dijo nada sobre no ir a clases.

— Tan poco dijo nada sobre ir.

Cuando no alistábamos para la tercera batalla del día, llego Celia y el Señor Deric.

— Buenos día, Joven.

— Buenos día Deric.

— Señorita ¿Cómo está?

— Estoy bien Señor Deric.

— Menos mal, dijo Celia dándome un abrazo, estábamos tan preocupado pensamos que le había pasado algo grave que bueno que estas bien.

— Celia, yo también me alegro, pero no puedo respirar.

— Lo siento.



Mau Serrano

#883 en Novela contemporánea
#6318 en Otros
#565 en No ficción

En el texto hay: romances amistad celos

Editado: 19.11.2020

Añadir a la biblioteca


Reportar