El placer de pecar

Capítulo 9

Encuentro al tal Benjamin en la biblioteca central de la universidad exactamente media hora después de lo acordado. Sentada en una mesa vacía lo veo llegar tan campante que aprieto mis manos debajo de la mesa. Lo he esperado por un cuarto de hora, anticipándome para dar una buena impresión, pero el tipo ha llegado más tarde de lo acordado. 

No me mandó ni un solo mensaje por su tardanza. 

Sé que es él porque en la hoja de todos los tutores que me entregó la secretaría estaba la fotografía de cada estudiante que da clases. Y da la casualidad que tengo una memoria increíble. Lo escogí por ser el menos rarito, pero resulta ser un tardón. 

—¿Lista para tu primera clase? —Son sus primeras palabras. Lo miro boquiabierta por la frescura de su actitud. Se quita la mochila de la espalda y la coloca a los pies de la mesa, sacando un libro. Este chico es guapo, no lo voy a negar, pero su actitud sobrada no me gusta nada. No se ha disculpado por llegar tarde. Cosa que detesto mucho en la vida.

Su cabello está pulcramente peinado, todo hacia atrás. La camisa que lleva tiene botones abiertos por delante, y los zapatos están tan brillosos que podría observar mi reflejo si me agacho. 

—Has tardado media hora —digo con furia contenida, mi sonrisa cordial no se me quita del rostro a pesar de estar molesta. Estamos en una biblioteca y no quiero llamar la atención—. Habíamos acordado al mediodía. 

—Estaba almorzando —dice como justificación, encogiéndose de hombros. 

—Pues yo no almorcé por esperarte. —Cierro mis libro de cálculo y lo guardo en mi bolso, cuando levanto la cabeza veo que él está en su celular, tecleando algo. 

—Un segundo, tengo que atender esto. Ahorita comenzamos. 

Abro la boca para decirle unas cuantas cosas sobre su actitud pero alguien se acerca por el extremo derecho que hace que pierda la capacidad de hablar. 

—Benja —murmura Tadeo saludándolo. Lleva en la mano un par de libros. Cuando ve que soy yo quien está en la mesa junto a quien parece ser su amigo, abre los ojos un poco sorprendido—. ¿Clases de tutoría?

—Sí, justo acabo de llegar.

—Media hora tarde —puntualizo. 

Los ojos marrones de Tadeo centellan al oírme, parece tentado a reírse pero sabiamente aprieta los labios. 

—Buena suerte —susurra, pero va dirigido a mí. No a Benjamin. Lo que me da indicio de lo que necesitaré si lo escojo como tutor. 

Para mí la primera impresión es siempre la más importante. Si mi tutor llegó tarde la primera vez y no se disculpó, ¿qué ocurrirá más adelante? Me estremezco de pensar en seguir llevando cálculo por tercera vez consecutiva. Seguramente la universidad tomará medidas drásticas en cuando a mi desaprobación del curso, lo que hará que mi madre se enfurezca conmigo, pero haga una generosa donación para callarlos. 

Benjamin quita sus ojos del teléfono para posarlos en Tadeo mientras me señala. 

—Te presento a Nova Hernandez, es mi nueva pupila. 

El tipo hasta parece orgulloso con su elección de palabras. Tadeo hace todo lo posible por no reírse. 

—Vaya, mucho gusto, pupila de Benjamin. —Extiende una mano para tomar la mía. Ni supiera la muevo de donde está, sobre la mesa. Miro a Tadeo con todo el aburrimiento posible, como si todo me resbalara, cuando lo único que quiero es reventar de cólera. 

—¿Empezamos ya? —le pregunto a Benjamin ignorando a Tadeo parado a nuestro lado, completamente divertido con mi desdicha.

—Un minuto más, tengo que revisar estos correos. —Alza un dedo a la altura de mi rostro. 

Cuando escucho un resoplido siento que es hora de parar.

Miro la hora en mi reloj de muñeca. Mi estómago ruge de hambre porque el tonto a mi lado ha legado media hora tarde. 

Me levanto haciendo sonar la silla, llamando la atención de varias personas en la biblioteca que me miran mal por la bulla. Trato de tranquilizarme mientras guardo mis lapiceros y cuaderno para meterlos al bolso. 

Benjamin me mira.

—¿Sabes? No me gusta la impuntualidad ni las personas que no se disculpan por llegar tarde. Y mucho menos las personas que no están interesadas en algo. —Me cuelgo el bolso al hombro—. Prefiero buscar otro tutor. Gracias por nada.

Me voy de allí sin ver su reacción. Ni la de Tadeo.

Suspiro desilusionada. Es la única y última vez que buscaré un tutor. Estoy desesperada pero no tanto por encontrar uno. Podría pedirle ayuda a los amigos de Cassiel, si es que están disponibles. O podría ponerme al cien por ciento con el curso haciendo grupo de estudio con los que más saben. Claro. Pudo prescindir de un tutor si juego bien mis cartas y me concentro al máximo en el curso. 

No soy una inútil.

Camino rápidamente fuera de allí haciendo que los tacones de mis sandalias resuenen con fuerza cuando mis pasos se aceleran para llegar a la cafetería. Escucho mi nombre ser llamado por detrás de mí pero lo ignoro y sigo mi camino. 

Hasta que la voz de Tadeo llega a mis oídos. 

—Para estar con tacones caminas muy rápido —dice con la respiración agitada. Me detengo abruptamente a mitad del campus cuando lo veo llegar a mi lado. Empuja sus gafas sobre el puente de su nariz y me mira con una sonrisa burlona.

—Para parecer buena gente veo que tienes amigos idiotas. 

—¿Benjamín mi amigo? —Niega—. No. Pero es el presidente de la fraternidad Kappa Alpha. 

Alzo mis cejas, para nada sorprendida. 

—Eso explica por qué es un idiota pomposo.

Sigo caminando con Tadeo a mi lado, atraemos varias miradas al reconocerme pero los ignoro.

—Tu novio también pertenece a una fraternidad. 

Me río. 

—Cassiel no es mi novio. —He digo esto tantas veces y aun así la gente sigue pensando eso solo porque paramos juntos. Y bueno, a veces nos ven besándonos. Pero él y yo hemos aprendido a ignorar esos rumores—. Y puede que sea un idiota pero tu amigo le gana. 



MarieJenn

Editado: 16.01.2021

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