El poder

Capítulo I

Alexandra.

Ese era mi nombre, algo extravagante o eso creo. Mamá siempre me decía que tenía que gritarlo muchas veces, porque ese nombre lo llevaría hasta la muerte, y todos tenían que saberlo. Algo que hasta este momento no entiendo.

Llevaba una vida de mierda, por así decirlo. Y es que cuando planeas una vida hermosa, terminas con veinte años trabajando en una empresa sin saber nada, y claro, no estudiando. Sí, me pasó, suena estúpido, aunque yo lo llamaría realista.

No puedo decir que todo es malo. Tengo recuerdos muy graciosos, como aquella tarde que caí sobre la abuela de mi crush mientras él me miraba enojado, o en esa noche que terminé borracha cantando Arcade de Duncan Laurence mientras decía que Draco era el amor de mi vida. Como no, Harry Potter dándome recuerdos que esta vida no era nada de mágica, ni que menos tenía a Draco a mi lado.

¿Qué quería hoy?

Quizá una pizza mientras veo una película de Marvel.

¿Qué tengo ahora?

Un montón de papeles en una mesa, mientras tanto mi compañero de trabajo casado miraba mis piernas. Asco.

Es que ahora ya ni respetan. Por eso mismo es que no me caso, no es como que nadie quiera tener una relación formal conmigo, claro que no... Puede que sí. ¡Es que los hombres no hay como tratarlos! No es mi culpa que todos con los que hable sean unos patanes, ni menos que sean aburridos. No Carl, no quería ver esa película de 1980. No Phillip, no me interesaba ir a la tumba de tu bisabuela para nuestra primera cita. Y no Frank, no merecía que vomitaras sobre mi vestido favorito.

—Alexa.—Un olor repulsivo hizo que subiera la vista, era él. Thomas Collins. El jefe y la mayor mierda de todo el universo.

—Es Alexandra, no Alexa. Creo que ya te lo he dicho bastantes veces como para que lo recuerdes.

—Alexa, Alexandra, da igual. —Se acercó hasta mis orejas, donde acerco su maldita boca—. A final de cuentas es un nombre que hablo por la noche entre gemidos.

Lo aparté máslejos posible. Tampoco es que pudiera tirarlo hasta Japón, pero si lejos de mi hermoso cuerpo. Él solo sonreía haciendo que sus arrugas por los 60 años que se cargaba se dieran a notar.

—No sabía que hablaras por la noche, puede que ya sea la edad, ¿no? —Amanda mi compañera de trabajo soltó una pequeña carcajada, que se cortó cuando Thomas la miro—. No te preocupes, yo llamare al doctor puede que la vista también se vea afectada.

Estaba rojo de la vergüenza y rabia. Intento tocar mi muñeca, pero la alejé antes de que pudiera hacerlo. Había llamado a la bestia. Pero sabía lo que quería, y dejarme para complacerlo nunca.

—No, no —Contesto—. Parece que eres algo difícil eh, de esas me gustan. Pero da igual, cariño, un día me dirás que sí.

Se dio la vuelta dejándome petrificada, con las ganas de darle vuelta y golpearlo hasta que ya no pudiera hablar. La violencia no era lo mío, pero había casos y casos. No hace falta decir lo mal que estaba.

—Oh, no creo que haga falta decirte que te vayas.

—Maldito bastardo—Susurre. Comencé a guardar mis cosas, si quería que me fuera estaba más que claro que lo haría.

Al tener todo guardado, y revisar por quinta vez que nada faltara me despedí de mis compañeros y salí. New York era una ciudad conocida, eso hacia que muchos turistas llegaran a ver las maravillas de la ciudad. Yo solo veía basura, gente caminando rápido y autos que en cualquier momento te podrían dejar en la calle aplastada como una hoja pisada en otoño.

Mi casa no quedaba tan lejos así que solo caminaría ¿nada malo podría pasar, ¿no? No es como que mi ex de primaria viajara hasta acá a vengarse por robarle ese dulce. Para nada de eso.

Las calles hoy estaban algo vacías, algoextrañopara estos días donde las vacaciones se aproximaban. En ese momento cuando observaba la extraña situación sentí un líquido sobre todo mi cuerpo, estaba frío, tan frío que podría decir que era agua saca del mar entre 07 o 08 de la mañana.

—Mierda.—Escuche atrás de mi espalda.

Me di vuelta para enfrentarlo, mi día de mierda ahora era más que mierda.

Ahí fue cuando lo vi. La primera vez que conocí un hombre tan atractivo como él; Su cabello castaño estaba por sobre sus ojos, aquellos dos cristales que eran casi como el color miel, vestía elegante, pero no se veía como un señor de 40 años, más bien como alguien que acaba de terminar una carrera universitaria. Todo eso no quitaba el frío que ahora sentía.

—Perdón, no era mi intención te juro que no soy de estas personas que suelen tirarle cosas a la gente, mucha menos agua. Tampoco soy de estos hombres que ven una mujer y piensa que es mejor tirarle cosas.

¿Qué?

—Oh, eso sonó mal, olvídalo, creo que he tomado unas copas de más, bueno no estoy ebrio pero mi sistema seguro que ahora lucha por ganar la batalla contra el alcohol— Hizo un movimiento raro con su brazo, la cual no duro mucho cuando noto la forma extraña en que la gente de restaurant lo miraba, y yo que no entendía si eso era una disculpa o que la quería cagar más— Mejor acompáñame, no quiero que mueras de hipotermia.

Me llevo hasta una mesa que estaba cerca. Ahí entendí que yo solo era una indefensa chica que camina hasta su casa y él era una bestia que salía después de comer en un restaurante paradespués tirarle un gran vaso con agua y hielos. El personal se acercó para entregarme una manta color menta que no combinaba nada con lo que hoy llevaba puesto.

—Creo que pedí perdón mil veces. Perdón de nuevo, no estaba prestando atención a mi camino, soy un estúpido. Y soy Jean, Jean Mathieu.

—Yo soy Alexandra, Alexandra Williams.



Scarlet.C

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En el texto hay: mafia, accion, accion drama

Editado: 06.04.2021

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