El recuerdo de Hestia Crane

CAPÍTULO 1

 

 

Trazaba con seguridad las líneas de aquel dibujo que terminó con rapidez en completo silencio. Su mirada serena contemplaba el papel reciclado mientras lo llenaba de sombras y luces, dándole vida a aquel niño que con tanto ahínco y perfeccionismo dibujaba.

Apartó la cera nada más rematarlo y alzó su lienzo, viendo mejor al pequeño niño tímido, de pelo afro, y piel oscura que había retratado.

― Hola, pequeño Callum― le saludó.― Hacía mucho que no te veía.

Rió colocando la libreta en un rincón, y cerró los ojos recostando la cabeza sobre el cristal con las piernas extendidas tocando así la pared acristalada que tenía enfrente, en la que quedaba otra celda, esta se encontraba vacía al igual que las del resto de aquella planta.

Silencio... Silencio y más maldito silencio. Aquello la ponía de los nervios.

Mordió la casi inexistente uña de su pulgar y tamborileó los dedos de su otra mano contra el suelo metálico.

― ¿Qué día hará hoy?― se preguntó casi a pleno pulmón.―Espero que haga sol.

Su áspera voz resonó entre aquellas paredes haciéndole recordar que estaba sola, por lo que apretó sus párpados y entonces vio el rostro alegre de su amigo en aquel enorme parque con árboles frondosos y verdes, columpios grises, el enorme tobogán rojo con forma de dragón y el balancín de patitos.

¿Cuántos años habrían pasado ya desde ese día? Esa fue la pregunta que, de repente, asaltó su mente haciéndola sentir triste por un instante.

¿Diecisiete? ¿Veinte, tal vez? La respuesta no la sabía, aunque la curiosidad le picaba demasiado.

― Por culpa de la curiosidad estás aquí― se reprochó volviendo a cerrar los ojos.

Todo era mejor con los ojos cerrados, y el ruido de los recuerdos en su mente.

Las risas, las voces, el sonido que producían las teclas del ordenador de su padre cada vez que lo usaba, las canciones que le cantaba su abuela en aquel idioma que apenas entendía, y las palabras que le susurraba su madre, cada noche, cuando creía que estaba durmiendo ... Esto era como una dulce melodía para ella, así que unía sus párpados y los volvía a escuchar.


 

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8 de Julio de 2001

 

 

La tarde era soleada aquel día, por lo que sus padres y su abuela planearon llevarla al parque del barrio residencial en el que vivían.

― Shiori, vamos― la apremió su marido llevando entre sus brazos a una pequeña Hestia de casi tres años,― no hace falta que te arregles tanto, vamos a un parque, no a un concurso de belleza.

Los ojos rasgados y oscuros de ella le lanzaron una mirada con la que lo hizo callar. Pese a su gran amabilidad y dulzura, uno nunca debía buscarle las cosquillas a la señora Crane.

― ¿Parque?― balbuceó la niña metiendo uno de sus dedos en la boca.

― Sí, ya vamos― dijo su padre, y con un pulgar limpió la compota de verduras que se le había quedado en la cara.― Si tu madre termina de arreglarse algún día.

La mujer le dio unos últimos retoques a su maquillaje y se volteó a verlos.

― Listo.

― Aleluya― exclamó Dominic con una sonrisa en su rostro ganándose la peor de las miradas por parte de su señora.― Lo siento, cielo― miró a su hija y susurró:― Un consejo para el resto de tu vida: Nunca enfades a tu madre, es terrorífica.

Hestia palmeó la cabeza de su padre con una sonrisa.

― Eres bueno― dijo haciéndole reír.

― Eso díselo a mamá...

― ¡Dominic!

El susodicho elevó la mirada y se dirigió al recibidor de su acogedor hogar.

― Ya voy.

Shiori los esperaba junto a la madre de esta, que llevaba ya un año viviendo con ellos desde la muerte de su marido.

La señora Ito , era una mujer de avanzada edad, que para nada aparentaba los años que tenía; su pelo blanquecino siempre iba recogido en un moño y la ropa que solía usar era simple, de colores suaves iguales a su carácter.

― Al parque ― palmeó la niña.

― Sí, vamos al parque― sonrió su madre con dulzura tomándola entre los brazos y colocándola en el carrito junto a su peluche de Piglet.

No tardaron más de quince minutos en llegar, en el lugar habían apenas cuatro personas jugando con sus hijos, o sentados en los bancos de piedra.

En cuanto la pequeña Crane vio el tobogán corrió hacia él sujetando a su peluche y subió para, luego, deslizarse sobre el metal. Rio con diversión mientras su familia la veía.

Dio vueltas y más vueltas por el parque, a veces hablando con su muñeco, hasta que se puso a jugar con la tierra.

― ¿Es tuyo?― le preguntó, tímidamente, un niño de piel oscura y ojos enormes señalando a Piglet.

Hestia le sonrío amablemente.

― Sí, se llama Pig ― agarró el peluche y lo alzó llenándolo de tierra para luego señalar el juguete que sostenía el niño.― ¿Y el tuyo?

Él se sentó frente a ella, y le sonrió de vuelta. En aquella época era demasiado tímido y miedoso.

― Es Flash ― respondió pronunciando mal el nombre.― Es el hombre más rápido de todos.

Ese comentario hizo reír a la niña.

― ¿Cómo te llamas?― le preguntó, pronunciando mal esta última palabra - la "ll" aún se le complicaba -, de repente pasando una mano por su rostro que enseguida se ensució de tierra.

― Callum Parks, ¿y tú?

Se levantó y le tendió una mano.

― Hestia Crane.

 

 

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Todos los días, a la misma hora, el mismo guarda le llevaba la comida y el agua en una bandeja que pasaba por una rendija situada en el cristal; y cada día comía aquella masa gris, insípida y amorfa que se suponía que era un “alimento nutritivo”.

― Ni La Masa tenía tan mal aspecto como esto, por favor… ¡Hasta tenía más color!― le comentaba siempre, y como cada vez que la oía, la ignoraba sin dirigirle siquiera una mirada.― ¡Oh, vamos!



G.S.North

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En el texto hay: drama, muertes, otromundo

Editado: 18.01.2021

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