El recuerdo de Hestia Crane

CAPÍTULO 5

 

 

Hestia se acostó en el colchón boca arriba, con los ojos abiertos e imaginó que, en el techo metálico, se encontraban colgadas las gaviotas de su antigua habitación, blancas y negras. Hermosas.

Lentamente se fue adormilando hasta que al final sus párpados se unieron y quedó en ese estado entre el sueño y la vigilia mientras el mundo a su alrededor continuaba exactamente igual; frío, gris y aburrido.

« Te queremos, más que a nada en este mundo. Nadie te va a abandonar porque eres el hogar al que tanto tu padre como yo regresaremos siempre, aún más cuando nazca tu hermanito, Hestia...»

― Hestia ― la llamó Allister a lo que se quejó aún dormida.― Hestia, viene alguien ― dijo consiguiendo que se incorporara con los ojos entrecerrados.

― ¿Eh?― murmuró limpiando el hilo de baba que descendía por la comisura de su labio.― ¿Quién se duerme?

― Duerme no, viene ― la corrigió.

Se acostó nuevamente.

― Genial, pues que se una a la fiesta.

Él resopló hastiado.

― Va por la tercera puerta, le queda menos de un minuto para llegar hasta nosotros― anunció nervioso aunque sin permitir que ella lo notara.― Y no viene a traernos la comida.

« Viene a por mí... » pensó con cierto temor.

Se puso en pie con rapidez y escondiendo la bandeja metálica de su comida tras la espalda se plantó frente al cristal con una gran sonrisa.

― Hoy será un gran día, Oni.

Lentamente golpeó el suelo con su pie derecho esperando a que el guarda se detuviera frente a su celda.

― Buenos días ― le saludó justo y cuando el hombre colocó una llave en un panel que se encontraba entre su celda y la de al lado, cosa que hizo que el cristal se elevara.

― Sal ― le ordenó hosco a lo que ella se mantuvo firme en su sitio. ― Ahora.

― Oblígame, guapo ― dijo y le guiñó un ojo riendo.

El guarda enrojeció por la ira que lo hizo adentrarse en la celda.

― ¡Ven aquí! ― exclamó colérico tratando de alcanzarla, Hestia al sentir como la agarraba del brazo le mordió y retrocedió apartándose lo suficiente como para que no la alcanzara nuevamente con sus cortos brazos de gorila. ― ¡Zorra estúpida!

Apretó la bandeja con fuerza tratando de pensar en qué hacer en el peor de los casos cuando el hombre trató de abalanzarse sobre ella, acción que esquivó con rapidez, y le golpeó repetidas veces con la bandeja hasta que se dio cuenta de la sangre que corría por su rostro y salpicaba tanto sus manos como su mono.

― Ya está inconsciente, Hestia ― murmuró Allister observando el cuerpo del guarda.

La joven parpadeó un par de veces regresando a la realidad y, con manos temblorosas, soltó el objeto metálico ya destrozado debido a los golpes y se agachó para recoger las llaves que habían terminado en el suelo.

Respiró hondo al menos cuatro veces hasta que sacudió la cabeza y, tras salir de la celda, la cerró.

― ¿Me sacarás de aquí? ― inquirió el extraño. ― ¿O te irás dejándome atrás?

Ella avanzó hacia su celda y contempló en silencio el panel que elevaría el cristal dejándolo libre.

«Espero que lo que salga de aquí no sea un monstruo.» Pensó con cierto temor sujetando con fuerza la llave cilíndrica que abriría su celda.

― No te dejaré aquí con una condición.

― ¿Cuál?

― No me muerdas ― pidió con burla.

Él farfulló un par de palabras cargadas de molestia y resopló.

― Está bien, ahora abre y lánzame las llaves.

Hestia asintió e hizo lo que le pidió. Tras lanzarle las llaves dio un paso atrás y esperó pacientemente a que se soltara de sus pesadas cadenas, una tras otra las oyó caer hasta ver como, enterrado en las sombras, se ponía en pie y avanzaba hacia la luz.

La chica se tensó al notar su gran altura, y su constitución de nadador. Los ojos de él se fijaron en los suyos nada más quedar bajo la luz y pronto notó el tono azul que poseían, de una tonalidad tan oscura que podría haberse comparado con la profundidad del océano.

― ¿Te comió la lengua el gato? ― se burló colocando uno de sus largos mechones castaños tras la oreja y acomodó su mono.

― No, es que me sorprende que seas alto cual farola.

Allister enarcó una de sus espesas cejas y movió la cabeza de lado a lado.

― Salgamos de aquí antes de que se den cuenta de que salimos.

Caminaron con rapidez por los largos pasillos, todos exactamente iguales, con las mismas celdas a cada lado y la misma luz blanca que podría quemarle las retinas a cualquiera que hubiera estado mucho a oscuras, y observaron a los otros reclusos que se encontraban en las mismas condiciones en las que habían estado.

― Tengo una idea ― dijo Hestia de repente. ― Dame las llaves.

Él la miró con recelo y se las pasó.

― ¿Qué piensas hacer? ― inquirió mientras veía como abría cada una de las celdas. ― ¿Soltarlos a todos?

― Serán una gran distracción ― susurró mientras los presos salían y comenzaban a hacer ruido. ― Así podremos huir. Vamos.

― Está bien― aceptó y de repente un enorme hombre con manos como mazas pasó tras él haciendo que Hestia se paralizara por la impresión, debido al extraño e inhumano aspecto que poseía; tenía la piel de un tono cenizo realmente raro, su cráneo se encontraba surcado por tres crestas marcadas con irregulares cicatrices y sus dientes parecían haber sido limados para que parecieran los de un tiburón, aunque habría apostado lo que fuera a que eran así por naturaleza.

― ¿Qué coj...? ― Allister tiró de su manga interrumpiéndola, y comenzó a arrastrarla lejos de los otros presos.― ¿Qué diablos era ese hombre? ― preguntó mientras todavía la arrastraba.

La miró de refilón para después volver a fijar la vista al frente.

― Es un fallo.

― Oye, que tenga un aspecto tan extraño no te da derecho a llamarlo así.

― Ese es el nombre que se les puso a los de su tipo: fallo ― se defendió sin siquiera alzar un poco la voz.



G.S.North

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En el texto hay: drama, muertes, otromundo

Editado: 18.01.2021

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