El recuerdo de Hestia Crane

CAPÍTULO 6

 

 

Su rostro se contraía cada vez más ante la explicación que Allister le daba ante el extraño paisaje que sus ojos contemplaban, mientras buscaba un coche con el que poder huir en aquel aparcamiento con el suelo agrietado y lleno de baches.

― ¿Así que tu respuesta más lógica al porqué me encuentro aquí es que esas personas que nos mantenían presos me trajeron a este mundo mediante una especie de portal? ― preguntó sin dejar de mirar al gran árbol esculpido en sal que se alzaba frente al oleaje.

« Este mundo terminará de volverme loca. »

― ¿Se te ocurre otra explicación mejor?
― Pues… Tal vez estoy en coma y esto es un sueño realmente loco, o quizás me drogué y esto es una alucinación.

Él la miró como si de repente le hubiera salido una segunda cabeza abriendo al fin la puerta de un coche.

― Conque o un sueño loco o una alucinación.
― Sí ― Hestia sonrió divertida ante su reacción justo antes de que el joven se metiera en el auto e intentara hacer un puente. ― Y no me mires así, mis sueños suelen ser muy raros.
― No sé si te habrás dado cuenta, pero ahora mismo no te estoy mirando.

Ella rodó los ojos y pronto escuchó como el coche se encendía.

― Eso sonó como un canto angelical.
― Sube ― le pidió a lo que ella caminó hacia la puerta del copiloto, la abrió sin reparos y se montó con rapidez.

El automóvil era pequeño y olía a patatas fritas pero les serviría para alejarse de allí lo antes posible.

― ¿Sabes?― dijo de repente mientras Allister conducía ya por la autopista.― Una vez soñé con un periquito violeta gigante que cabalgaba sobre una vaca con dos cabezas en la fábrica de Willy Wonka.

Lentamente el hombre giró la cabeza hacia ella para mirarla nuevamente como si nunca hubiera escuchado una cosa semejante.

― Mira a la autopista, estás conduciendo ― le recordó y empujó su rostro hacia el frente con un dedo.
― Estás loca ¿Lo sabías?
― Sí, ¿Ahora es que te enteras?  ― murmuró apoyando la cabeza en la ventanilla sin apartar la vista del embravecido mar. ― ¿A dónde vamos?
― A un lugar seguro donde no nos encontrarán.

Hestia entornó los ojos.

― ¿ Vas a matarme?
― Sinceramente… Iba a preguntarte lo mismo.

Sus palabras hicieron que enarcara una de sus delgadas cejas.

― ¿Porqué te mataría?
― Por que estás loca, y los locos a veces matan…

Ella rio divertida y la guantera se abrió de pronto dejando al descubierto un pequeño alijo de chucherías.

― ¡Oh, Dios! ― exclamó agarrándolo todo casi babeando.― Este momento es tan hermoso como encontrar un billete en unos pantalones viejos. 
― A veces no entiendo ni la mitad de las cosas que dices― murmuró mirando de refilón como comía un regaliz rojo .― Si no te mueres después de comer eso ¿me darías un poco?
― Claro, ¿Qué es lo que te…? ― un relámpago cruzó el cielo sobresaltándola y borrando la gran sonrisa que decoraba su rostro justo antes de que comenzara a llover con fuerza.

Clavando las uñas en su asiento cerró los ojos echándose hacia atrás tratando de calmarse. Hestia temía las tormentas, aunque no conocía la razón solo sabía que había sido así toda su vida.

― Malditos traumas de la niñez sin resolver…

Allister permaneció en silencio esperando pacientemente a que ella se calmara, y sus párpados se despegaran.

― A veces imaginar una situación agradable puede calmar más que ninguna otra cosa ― le susurró por encima del ruido que hacían las gotas de agua al chocar contra el parabrisas.

« ¿Imaginar? » Pensó y un recuerdo le vino a la mente.

 

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06 de Febrero de 2008

 

 

La señora Crane se encontraba agotada aquella tormentosa tarde, por lo que se había sentado junto a su hija en el sofá mientras esta leía un libro.

― ¿Qué lees, cielo?
― La guerra de los mundos ― murmuró sin apartar la mirada de las letras.

Su madre sonrió e hizo que apartara la vista del libro.

― ¿ No eres un poco pequeña para leer esto?

Hestia hinchó sus mejillas y frunció el ceño.

― Tengo nueve años, estoy cerca de los dos dígitos, ya soy mayor.

― Eso es cierto, perdona ― se disculpó sonriente acariciando su barriga.― Tu hermanito saldrá dando patadas.

La niña bajó la mirada al abultado vientre de su madre e hizo una mueca. Quedaban menos de dos meses para que naciera.

― Te querrá mucho.
― ¿Eh? ― sus ojos se cruzaron con los de su progenitora.
― Tu hermanito o hermanita te querrá tanto que te seguirá a todas partes y deseará jugar contigo.

Ella ladeó la cabeza ligeramente parpadeando con lentitud.

― ¿Enserio?
― Por supuesto, porque serás su hermana mayor.

Un trueno resonó a lo lejos dando comienzo a una fuerte tormenta, cosa que hizo que la niña, asustada, ahogara un grito tapándose los oídos y cerrara los ojos con mucha fuerza.
Shiori, con cuidado, tomó sus muñecas para que apartara las manos de sus orejas.

― Hestia ― la llamó suavemente haciendo que bajara los brazos.― Hestia, tranquila, no pasa nada, mírame.

La niña abrió lentamente los ojos y su madre acunó su rostro con ambas manos.

― Mi pequeña… no te preocupes, no pasará nada malo.
― ¿ M-me lo pro-prometes? ― tartamudeó con la mirada llena de lágrimas.
― Claro, mi ranita valiente, te lo prometo.

 

 

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Sus párpados se despegaron lentamente mientras trataba de tranquilizarse y miró a Allister por el rabillo del ojo. Su mandíbula cuadrada parecía tensa.

― Veo que la comida que encontraste no te mató ― dijo de repente. ― ¿Puedes darme un regaliz, por favor?

Las comisuras de sus labios se elevaron nada más escuchar su voz por encima de la tormenta.



G.S.North

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En el texto hay: drama, muertes, otromundo

Editado: 18.01.2021

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