El recuerdo de Hestia Crane

CAPÍTULO 9

 

 

Cuando el tren llegó bajaron y, rápidamente, salieron de la fría y escasamente iluminada estación subterránea.

―La cabeza agachada, Hestia. ― le recordó.

― Sí, señor.

Pese a ser una ciudad abarrotada de gente que provenían de las distintas islas que habían en todo el mundo todo estaba prácticamente sumido en el silencio.

Hestia sujetó la manga de la chaqueta del joven con fuerza. Cada músculo de su cuerpo se había tensado debido al ambiente que los rodeaba.

Junto a una tienda de ropa, tres enormes hombres vestidos con sus uniformes negros golpeaban con sus armas a un hombre que permanecía en el suelo encogido protegiendo su cabeza con los brazos.

― Hestia...― la llamó aunque no consiguió que apartara su mirada.

― ¿Porqué...?

― No les mires ― susurró interponiéndose entre aquellos hombres y ella.― Son Cuervos, vámonos.

Por un segundo sus lastimeros ojos inyectados en sangre se cruzaron con los de ella haciendo que su estómago se encogiera.

Apretando los dientes intentó seguir a Allister apartando la mirada y forzándose a mover sus piernas.

― No mires ― reiteró en voz baja tomando su mano.― No te quedes quieta.

Un Cuervo de pelo rubio apuntó con su arma al hombre, mientras este suplicaba por su vida. Un asqueroso sabor agrio se instaló en su boca nada más darse cuenta de lo que sucedería a continuación.

«No puedes hacer nada por él, debes seguir.» Sus ojos le comenzaron a picar debido a este pensamiento, así que parpadeó varias veces hasta deshacerse de las lágrimas.

Sin embargo, todo sucedió en una fracción de segundo. El hombre, a punto de apretar el gatillo, fue disparado desde lo alto de alguno de los edificios que les rodeaban entre ceja y ceja cayendo al suelo al igual que una marioneta a la que le cortaron las cuerdas; en menos de un minuto a los otros dos que aún seguían en pie les sucedió lo mismo y los ciudadanos comenzaron a correr despavoridos.

―¡Corre!― le gritó a lo que se aferró con fuerza su mano.

Su mirada, aunque no quisiera, permanecía fija en los cadáveres de los tres Cuervos que yacían en el suelo haciéndole sentir un espeluznante déjà vu.

De una sacudida consiguió que reaccionara y la arrastró junto a él lejos de todo aquel desastre.

―¡Vamos!¡No te quedes atrás!― bramó por encima del bullicio hasta llegar bajo un puente de piedra que cruzaba un río de aguas cristalinas. La soltó y se apartó de él retrocediendo hasta chocar contra la pared.

― ¡¿Qué diablos está pasando?! ― exclamó asustada. ― ¡¿Qué fue eso?!

― Todo está peor de lo que pensaba ― murmuró pensativo sin mirarla.

― ¡Oye! ¿Me estás escuchando?

Allister parpadeó un par de veces confundido.

― Perdona ¿Decías?

Hestia entornó los ojos molesta, aunque decidió ocultar su enfado tras una sonrisa de lo más forzada.

« Respira... La violencia nunca es la solución. »

― ¿Podrías explicarme que carajos fue eso? ― repitió señalando hacia la calle por la que habían huido.

Él se pasó una mano por el cuello y carraspeó.

― Verás... Es algo largo de explicar.

La joven se cruzó de brazos y enarcó una ceja.

― Resume, pues.

― Está bien ― suspiró. ― No sé cómo será en tu mundo pero aquí han habido cientos de reyes y reinas a lo largo de los siglos, algunos por usurpación y otros por nacimiento, lo normal― comentó con cansancio.― Fue una muy larga y antigua dinastía la que gobernó aquí hasta hace algo más de veinte años. Exterminaron a toda la familia real salvo a los bastardos del rey que no tienen derecho alguno de sucesión, ni mucho menos posibilidades de poder reinar ― él la miraba atentamente sin dejar de hablar esperando alguna reacción de su parte. ― Tras esto hubo mucha tensión debido a que nadie sabía quién gobernaría, hubieron muchas disputas y también el hecho de que nadie haya sido capaz de controlar a los Cuervos― sus labios se torcieron. ― Al parecer... Aún no lo han arreglado.

La cabeza de Hestia se movió lentamente de arriba abajo unas tres veces hasta que se detuvo en seco.

― Oh. Extraordinario, excepcional, soberano, genial― susurró casi sin aliento dejándose caer lentamente contra la pared llena de musgo,― así que, de todos los mundos habidos y por haber, tuve que terminar justo en el que hay una crisis política con riesgo de conflicto bélico. De puta madre.

Allister, aliviado ante la tranquila reacción que estaba teniendo, suspiró poniéndose en cuclillas para poder estar a su nivel.

― Sé que todo esto no pinta nada bien pero...― abrió mucho los ojos y se quedó callado.

― ¿Pero qué?

Riendo por lo bajo respondió denotando cierta pena:― Lo siento, no se me ocurre nada que decirte, tienes la peor suerte del universo y estás realmente jodida.

― Que alentador, tú sí que sabes cómo animar a alguien...

― Mira el lado positivo.

Hestia alzó una ceja.

― ¿Cuál?

― Estás viva, tienes salud y pelo nuevo.

La joven parpadeó unas cuantas veces y sus labios temblaron tratando de contener una risa que, al final, consiguió salir. Sus carcajadas reverberaron ligeramente bajo el ancho puente, aunque la posibilidad de que alguien la escuchara no preocupó, en lo más mínimo, a Allister sino que le hizo sonreír.

― Eso no ayuda― dijo nada más calmarse.― Pero gracias, oni.

El hombre al escuchar esa última palabra rodó los ojos regresando a la seriedad y volvió a ponerse en pie.

― Deja de llamarme así.

― Pues entonces te llamaré saru.

― ¿Qué significa eso?

― Mono― contestó sin más.― El animal, no el sinónimo de adorable o bonito.

Apretó sus manos, transformándolas en puños y la fulminó con la mirada. En aquel momento se sentía insultado por ella que, tan solo, estaba comprobando cuáles eran sus límites.



G.S.North

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En el texto hay: drama, muertes, otromundo

Editado: 18.01.2021

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