El retorno del Asesino

Capítulo II. La jinete sin cabeza. Parte I

Si lo que buscas es una sorpresa debes estar preparado para recibirla en toda su magnitud; de lo contrario, será mejor que permanezcas amarrado a la rutina que garantiza la tediosa tranquilidad y la para nada despreciable sensación de volver a respirar un día más.

—No puedo creer que Henry se case; era el más tímido del grupo.

—El más perdedor querrás decir.

—Sin embargo ahí lo tienen —dijo con una sonrisa en los labios—, convertido en un lobo de Wall Street y nosotros, los eternos juveniles, arrastrándonos en el fango de la supervivencia.

—¡Eu muchachos, arriba ese ánimo! Estamos aquí para tener una fiesta.

—Solo espero que Matt no haya escatimado en gastos —bromeó Paul.

—Espera y verás buen amigo —respondió guiñándole un ojo—, en sus vidas han visto o estado con una mujer como esa.

—¿Le dijiste que trajera el disfraz de mucama? —preguntó frotándose las manos—. Henry lo pidió especialmente.

—Y yo brindo por eso; por una noche de lujuria y descontrol que no olvidaremos jamás.

A las siete de la tarde, apaleados por una mezcla explosiva de cansancio y bebidas blancas, los seis amigos, incluido el anfitrión, estaban listos para disfrutar de una despedida de soltero que recordarían por toda la eternidad; o eso pensaban.

El timbre en el apartamento 4ºA era la señal inequívoca de que el divertimento estaba a la vuelta de la esquina. Haciendo malabares con los nervios y la ansiedad que los consumía, casi pudieron oler a la mujer salir del ascensor precedida por un aroma a shampoo cautivador y el sonido estremecedor de los tacones retumbando contra la cerámica.

—¿Tú eres Maggie?

—Única e inigualable —sonrió empujando la puerta—. ¿Quién es el chico malo que va a portarse pésimo esta noche?

—Supongo que todos lo somos —respondió Paul tomando la iniciativa.

—Henry es quien se casa —dijo Matt señalando al anfitrión.

—Y dime Henry ¿Qué planes tienes para conmigo?

—Bueno yo…

—¿Eres tímido? —preguntó mientras se acercaba con malicia, hasta pegarse a sus labios.

—Espero dejar de serlo.

—Me gusta eso —le susurró—. ¿Dónde puedo vestirme?

—El baño está al final del pasillo, a la izquierda.

Maggie se quedó parada, con las manos en jarra, oteando a su platea, a la espera del pago que siempre se cobra por adelantado.

—¿Quince mil dólares verdad?

—Eso fue lo acordado.

—Aquí los tienes —dijo Matt extendiéndole un fajo considerable.

—Enseguida regreso, no me extrañen.

Por mucho que intentaran tranquilizarse y actuar con normalidad, se notaba a la legua que nunca habían estado en una situación como esa y, para colmo, la señorita que contrataron para animar la velada, rebosaba experiencia y parecía estar en completo control de la noche.

Ebrios hasta el punto de perder la cordura, los jóvenes novatos por fin dejaban estallar las rejas del recato y se entregaban a una prisión mucho más feroz, esclavos de una sensualidad que excedía por mucho sus fantasías y los arrastraba en su afán, al más sublime de los finales, solo reservado para unos pocos privilegiados que no alcanzarán, sin embargo, a despedirse, siquiera, de ellos mismos.

Haberse visto el vaivén de sus caderas y la malicia en su mirada toda vez que se mordía el labio inferior, pretendiendo sumergirlos en las aguas del pecado. Sabía lo que hacía; de tanto en tanto regalaba una sonrisa pero de inmediato, para que nadie se confundiera, volvía a abrirse de piernas para que la imaginación los llevara lejos del amor y más cerca de la lujuria, esa que no repara en besos o caricias, sino en la avaricia de quererlo todo y más; de cruzar la delgada línea de lo permitido hasta que solo quede lo prohibido y no se pueda regresar.

Ya ninguno estaba sentado, todos habían perdido la timidez. Despojados de sus jaulas restrictivas, se entretenían al rozarla pero estaban lejos de conformarse; pues todo lo que inicia con un baile y está lejos del romance termina en la barbarie de querer llegar al fondo y al descubrir que no hay retorno, algo suele salir mal, muy mal.

SEIS HORAS DESPUÉS.

—Stephanie Turner, FBI —dijo mostrando su placa mientras ingresaba al departamento devenido en escena del crimen—. ¿Qué tenemos?



Sebastian L

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En el texto hay: misterio, romance, venganza

Editado: 19.02.2020

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