El Río de Leche (milkriver)

DAVID PONE A PRUEBA A SALOMÓN

En el palacio David se creía las respuestas de Salomón.

—Hablaba conmigo mismo, solamente ¿Eso está fuera de lugar?

—No del todo, simplemente me ha parecido extraño. Sin embargo, el ganado en el establo ha disminuido y ni la cocina ni yo hemos solicitado algún cordero para sacrificio.

—¿Y qué tengo que ver yo en eso, padre?

David lo miró fijamente.

—Te vieron sacrificando a un cordero y bebiendo su sangre.

Salomón se rio.

—¿Quién ha dicho eso?

—Hijo, solo dime la verdad ¿Tú hiciste eso?

—No.

Entonces Salomón volteó a ver al chico que tocaba el arpa para David.

—Lo hizo él. —dijo señalándolo —Yo lo vi, lo hizo el otro día mientras yo me paseaba por el jardín junto al establo. Seguramente lo vieron y me confundieron con él, tu lacayo es el único de mi edad en todo el palacio.

David era sabio, y no se conformó con esa respuesta.

—¿Y por qué no me dijiste cuando lo viste?

—Porque cuando pasé por ahí él solo aparentaba que cuidaba a los corderos. Aún no los había matado, pero, cuando me saludó lo hizo con la mano ocupada, traía un puñal consigo. Seguro que no se dio cuenta de su falla —mintió.

—Pero señor...—dijo el chico.

—Se me hizo normal que se encontrara ahí. "Seguramente mi padre quiere sacrificar un cordero al Señor" pensé. Pero ahora que me entero de esto, me parece lógico que él haya sido el culpable.

David entonces unió las piezas. Y pensó que tal vez, los ancianos no habían visto bien y habían confundido a Salomón con el niño que tocaba el arpa.

—Pero señor yo no...

—Cállate —interrumpió David al chico— ¿Cómo te atreves a darle muerte al ganado del Señor?

Y David mandó a que mataran al muchacho del arpa.

Así que un soldado lo atravesó con su lanza hasta darle muerte.

Salomón no quitó la vista de los ojos de su padre.

—¿Alguna otra pregunta?

—Sí, una noche Sadoc vio a una mujer extraña entrando a tu alcoba.

Salomón al oír eso, sintió que las piernas le flaqueaban. Pero con la firmeza suficiente, volteó la mirada a Sadoc, quién se encontraba a la derecha del rey.

—La describió como si no fuera de estas tierras. Mi sacerdote está seguro que era tu alcoba, esa mujer te visitó. Dime ¿Quién era?

—Jazeel fue a mí alcoba la otra noche, me llevó la cena, ¿Recuerdas que no quise comer ese día con ustedes?

—No era Jazeel hijo. Ella no viste joyas en todo el cuerpo.

Las manos del príncipe empezaron a sudar.

—Sé cuál es la noche a la que te refieres, he recordado.

David se dispuso a oír.

—La mujer a la que tu sacerdote vio, es una filistea, muy importante de hecho —volvió a mentir.

—¿Y por qué has traído filisteos a mi palacio?

—Era una sorpresa padre. La filistea es una espía, me estaba ayudando con la información de los campamentos que vamos a atacar la semana siguiente. No le quise decir a nadie para sorprenderte e ir yo solo. Por eso la cité en la noche.

David, nuevamente no se conformó con la respuesta de su hijo.

—Entonces ya sabes los movimientos del enemigo ¿No es así?

—Sí.

—Está bien, quiero entonces que vayas esta noche a los campamentos y me traigas cien corazones de filisteos. Será fácil para ti porque conoces la posición de cada uno ¿No?

—Partiré después de comer, padre.

David se sorprendió de la respuesta de Salomón.

—Le diré a Urías que te acompañe.

—No hace falta padre, no hace falta que tus hombres vayan conmigo, el señor me protegerá. Iré yo solo. —finalizó Salomón, ahora con el deber de cubrir su mentira, incluso cuando eso implicaba arriesgar su vida.

Al oír esto, David ordenó que se le preparara un banquete antes de salir.

Ya en su alcoba, Salomón sacó el frasco de sangre que tenía de aquel cordero. Y con su mano, creó un círculo en el piso, donde se postró.

—Oh, poderosa Baal, te ruego a ti venir ante mí. —dijo en la lengua de los demonios, lengua que había aprendido con el Ruggazoné, su tesoro.

Pronto la habitación se oscureció con la penumbra de la noche que apenas caía y el cirio del cuarto se apagó.

—Mi señor —dijo una voz cavernosa.

Salomón se levantó y la vio. Ahí estaba la mujer llena de joyería en el cuerpo.

De pronto Salomón puso al tanto sobre lo que había pasado en la corte real a aquella mujer.

—¿Ha aprendido a usar el anillo correctamente? —preguntó el demonio.



Roque Alonzo

Editado: 05.05.2020

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