El secreto de Luciano

Capítulo 3

Faltan solo diez minutos para las seis, para finalizar su jornada laboral. Mordió su lápiz con evidente nerviosismo para finalmente levantarse molesta y observar el reloj por enésima vez. Nada, ni una llamada, ni un email, Luciano no le envió el manuscrito prometido. Sayen entrecerró los ojos al momento que el reloj marcó las seis. Tomó su cartera y su chaqueta de inmediato dispuesta a ir a buscar ese manuscrito.

 

—Sayen —la llamó su jefe, Manuel, sonriendo en forma condescendiente—.  ¿No llego el manuscrito? no te preocupes mañana ya...

 

—No se preocupe ahora mismo voy a la casa de Luciano Alcaraz a preguntarle —respondió con seguridad poniéndose de pie intentando disimular su molestia con la impuntualidad de aquel tipo.

 

Manuel quiso detenerla, pero al verla tan resuelta en salir a buscar el manuscrito solo movió la cabeza en forma afirmativa y le dijo que se cuidara.

 

Sayen manejó con precaución evitando que la rabia la consuma haciéndola perder el control. ¿Por qué aquel individuo no cumplió? ¿O será que ese tal Felipe entendió mal cuando se encerró en ese cuarto? Suspiró entrecerrando los ojos con fastidio y arreglándose el mechón del cabello que le molestaba en la frente, impaciente lo tiró hacia atrás, y apretó sus manos sobre el volante, Luciano Alcaraz no se saldría con la suya. No le agradó el no poder cumplir con su jefe sobretodo porque es la primera vez que uno de los escritores de los cuales está a cargo no cumple con su entrega. Sí o sí obtendrá ese manuscrito sea como sea, aunque lo deba obligar a escribirlo.

 

Tocó el timbre de la casa de Luciano reflejando en la oscura pantalla de seguridad su expresión de disgusto, levantó sus cejas al ver su propio rostro dándose cuenta de que tal vez su molestia no la llevaría a nada. Suspiró intentando calmarse.

 

—Hola, Pupsybu —le saludó sonriendo Felipe desde el monitor.

 

—Hola —respondió tratando de verse tranquila, aunque al ser otra vez llamada "Pupsybu" removió su falsa calma—. ¿Esta Luciano? Es que vengo a buscar el manuscrito.

 

—Estoy —se escuchó la voz de Luciano que parece bastante molesto—. Y no te entregaré el manuscrito, lo tengo listo desde la mañana, pero no te lo daré hoy. Vuelve mañana y lo pensaré.

 

Aun cuando solo ve el rostro de Felipe en el monitor, quien sonríe incomodo, no puede evitar apretar los dientes como una muestra clara de quien está a punto de perder la paciencia.

 

—Señor Luciano, no me iré sin su manuscrito —intentó que su voz sonara cordial e incluso sonrió, aunque a Felipe quien la está mirando desde el monitor sintió escalofríos al ver esa sonrisa, es como si estuviera a punto de entrar y darles una paliza.

 

—¡Vete a dormir mujer! haz cosas de esas que hacen ustedes, ver películas en piyamas, comer helados, llorar por su soledad y cantar canciones ridículas —agregó Luciano con despreció sin mirarla sentado en el sillón con expresión cansada.

 

—¿Quién te crees que eres? —replicó Sayen perdiendo la calma—. Si tienes el manuscrito dámelo ahora, puedo revisarlo...

 

—¡Vete! —gritó molesto Luciano perdiendo la paciencia.

 

Hubo un breve silencio en donde fue claro que Felipe y Luciano conversaban entre ellos. Felipe intentaba calmar la situación y hacer ver a Luciano que si tiene el manuscrito listo no debería agrandar más el tema y entregarlo, pero aquel solo movió la cabeza en forma negativa, sin que pudiera entrar en razón. El hombre de cabellos claros suspiró.

 

—Lo siento, Pupsybu —le sonrió Felipe con una expresión desalentadora.

 

—¿No me dejarás entrar? —preguntó la mujer sin creer lo que oía con una mueca de desagrado.

 

—Luciano dice que te lo mandara mañana, ve a descansar, que tengas lindos sueños conmigo —terminó en tono seductor y el monitor se apagó.

 

Dio un portazo a su auto molesta, tocó el timbre en forma insistente, pero nadie le respondió esta vez. Cruzó los brazos y se quedó mirando la reja, una tonta idea cruzó su mente, tal vez demasiado absurda pero empujada por el ímpetu que le da su coraje no lo pensó dos veces.

 

—No debe ser tan difícil escalar esto —murmuró mientras se sacaba sus zapatos con taco.

 

————o—————

 

Felipe siguió contemplando el monitor apagado con un semblante preocupado, aunque ya está acostumbrado a este tipo de situaciones, Sayen no es la primera editora en quedarse en la puerta sin ser recibida y enviada a casa como si fuera un molesto perro. No entiende esa actitud de Luciano, esa especie de crueldad con las personas que deben trabajar con él. Movió la cabeza en forma negativa sin decir palabras. Luciano fingió ignorarlo, sabe que no está bien lo que hizo, pero esa mujer se lo tiene merecido por molesta, entrecerró los ojos de acuerdo consigo mismo.

 

—¿Ya se fue? —preguntó con gesto cansado.

 

—Sí, aunque sentí lastima por ella, no entiendo porque no le enviaste el manuscrito si ya lo tenías listo —señaló Felipe fijándose en su ceño fruncido.

 

—Se lo merece por ser tan grosera —cruzó los brazos entrecerrando los ojos.

 

Felipe suspiró mientras se acerca a la cocina a apagar el fuego ya que la tetera le llamó la atención con el fuerte sonido de su silbato en señal que el agua estaba lista. Abrió uno de los altos cajones sacando dos tazas.

 

—No deberías ser tan infantil, esa pobre mujer solo está haciendo su trabajo —agregó sirviéndole una taza de café.

 

—Eso le enseñará a tratarme como se debe —replicó incomodo ante el poco apoyo de Felipe—. Además no...

 

Varios golpes en su puerta interrumpieron sus palabras, golpes fuertes y pesados, se quedó impávido ¿Acaso alguien había entrado a su terreno sin que se hubieran dado cuenta? Felipe parece estupefacto, aunque la preocupación en su semblante inquieta a Luciano aún más.



A.L. Méndez

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En el texto hay: romance comedia

Editado: 02.11.2020

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