El secreto de Luciano

Capítulo 5

—¡Magnifico! ¡Buen trabajo! —exclamó Manuel hojeando el manuscrito de Luciano que Sayen le acababa de entregar.

 

La mujer lo observó sorprendida por la exagerada felicidad de Manuel, más aún cuando se puso de pie y la abrazo con fuerzas. Claro que no sabe lo difícil y complicado que es obtener los escritos de Luciano a tiempo y por eso no puede entender la exaltación de su jefe. Más con ese inesperado abrazo. Manuel no puede dejar de sonreír y mirar el documento sin creer que lo tiene en sus manos, no tiene idea como lo hizo Sayen para obtenerlo, pero esta mujer vale oro, piensa emocionado.

 

—Con esto estamos listos para cumplir con el plazo prometido —señaló y llamo a su secretaria sin borrar su alegría—. Mandaré de inmediato a que lo corrijan y digitalicen.

 

Cuando la voz de su secretaría respondió a su llamado le dio esta tarea, ella le aviso además que alguien lo está esperando.  Abrió los ojos confundido, no recuerda estar esperando a alguien. Se quedo en silencio intentando pensar si acaso fijo una cita que su teléfono no le avisó.

—¿Manuel? —preguntó la secretaria al sentir su silencio—. Acá está esperándote Carlos Vásquez ¿Lo hago pasar?

 

—¿Carlos Vásquez? Sí, sí hazlo pasar —arrugó el ceño sin entender tan repentina visita, que el escritor número uno de novelas policiacas, el reconocido H.L. Yeferson perteneciente a una de las editoriales "enemigas", lo visite sin pedir cita le intrigaba—. Sayen, gracias, puedes retirarte a tu escritorio.

 

Sayen también curiosa por la presencia de aquel hombre solo respondió levemente antes de retirarse, pero no alcanzó a abrir la puerta cuando desde el otro lado giraron el picaporte encontrándose en frente de Carlos Vázquez. Abrió los ojos ante la sorpresa. Imponente, con una larga gabardina negra, vestido de traje y con su largo cabello negro amarrado, contempló fijamente a la menuda mujer arrugando el ceño como si estuviera molesto de encontrársela frente a sí.

 

—Sayen —indicó con voz ronca y sin dejo de expresión alguna.

 

—Carlos —respondió la mujer saludándolo con seriedad.

 

—Mi prófuga editora —murmuró con severidad—. ¿Entonces has venido a trabajar a este mísero lugar?

 

Pero antes de que la mujer respondiera Manuel carraspeó incomodo, más aún con la descripción de "mísero lugar". Carlos levantó su mirada e ignorando a Sayen entró a la oficina tomando asiento antes de que el mismo Manuel se lo ofreciera.

 

La mujer volvió a su escritorio revisando su trabajo pendiente, pero la inquietud no la deja, ser curiosa es malo en ciertas circunstancias, pero no puede evitarlo ¿A que ha venido Carlos a hablar con el jefe de editores de otra editorial que no corresponde a la suya? Podría decirse que se ve molesto, pero ella lo conoce lo suficiente para saber que siempre ha tenido esa actitud, un problemático como Luciano, pero que sí cumplía con sus fechas de entrega y bastante responsable para pasar en alto su actitud. Jugando con un lápiz dejo caer su mirada en el monitor de su PC hasta que vio a sus compañeras ponerse de pie sorprendidas. Felipe camina girando un par de llaves en su mano y responde a cada mujer con una sonrisa o un "hola". Se detuvo ante la desconcertada y molesta mirada de Sayen.

 

—Traje las llaves de tu auto, muchas gracias por prestármelas —se inclinó cerca del rostro de la mujer, tanto que ella misma retrocedió su silla para mantener distancia.

 

—Hubiera sido mejor que fueras menos ruidoso y llamativo —suspiró la mujer incomoda mirando a sus compañeros de trabajo que comenzaron a cuchichear entre uno y el otro.

 

—"Lu" hubiera dicho lo mismo —se rio Felipe sacudiendo su perfecta cabellera mientras sonríe con un aire seductor que es difícil pasar desapercibido.

 

—¿Lu? —preguntó alzando una ceja sin entender de que hablaba.

 

—Luciano —le susurró al oído notando como las mejillas de Sayen se sonrojaron al sentir su aliento tibio en su oreja, y su agradable perfume quedó impregnado en el ambiente a su alrededor.

 

—Bien, ya las recibí, ahora vete con "Lu" —desvió la mirada nerviosa al sentir que sus orejas se ponían calientes y escuchar más fuertes los murmullos a su alrededor.

 

—No, la verdad es que hoy amaneció con fiebre y esta terrible, por eso vine a buscarte —la contempló preocupado apoyando sus manos en el respaldo de la silla acercándose a Sayen por su espalda y susurrándole otra vez al oído.

 

—¿Y yo que tengo que ver con eso? —se giró nerviosa sintiendo como ahora el calor subía a su cabeza al tener aquel hombre tan cerca.

 

—Eres su editora —entrecerró los ojos con cierta seriedad que lo hizo lucir más guapo.

Sayen evitó perderse en esos ojos claros y desvió la mirada tosiendo incomoda. ¿Además que le importa a ella que ese tipo este enfermo? No es su problema, no es parte de su trabajo, cerró los ojos un momento antes de responder.

 

—Pero no su madre —habló con seriedad, para dejar en claro que no es su problema.

 

—Vamos a verlo —la tomó de la mano obligándola a levantarse de su asiento—. Necesito de tu ayuda.

 

Justo en ese momento Manuel sale de su oficina con Carlos, su jefe se queda anonadado ante la presencia de Felipe y más al ver como intenta “secuestrarse” a quien ahora considera su editora estrella. Carlos en tanto solo endurece su mirada ante lo que ve. Manuel reacciona y tose para que se den cuenta de su presencia, cuando la mujer se gira hacia él, de inmediato de un tirón se soltó del agarre de Felipe.

 

—Sayen, ahora serás la editora de H.L. Yeferson —le informa intentando lucir serio, aunque la felicidad desborda de su rostro.

 

—¿Qué? ¿Yo? ¿Pero y Luciano? —preguntó confundida sin entender ¿Qué ha pasado? ¿Acaso Carlos ha abandonado su antigua editorial? ¿Habrá tenido problemas? Según recuerda todo estaba perfecto antes de que ella se retirará, no sabía de rencillas que pudiera existir entre él y su anterior empresa ¿O será que nunca se lo confió?



A.L. Méndez

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En el texto hay: romance comedia

Editado: 02.11.2020

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