El secreto de Luciano

Capítulo 18

Sayen miró el reloj, inquieta viendo como la hora de la invitación a cenar se acerca, no quiere pensar en las palabras de Carlos y aquello que, en su mente, intenta negar que hubiera sido una declaración. Ese "me gustas" podía ser otra cosa y no algo amoroso, eso sería lo más seguro. ¿Por qué alguien como Carlos podría siquiera verla más allá de ser su editora?

 

Se sentó en el sofá e intento sonreír pensando que se preocupaba de algo que tal vez no es nada de lo que teme. Cerró los ojos y el rostro de Carlos se mezcló con el rostro de Luciano aquella vez que también le dijo que le gustaba. Su rostro se tensó porque esa vez Luciano estaba tan borracho que ni siquiera recordaba. Pero se sonrojó al recordar el beso que le dio luego de esa "declaración".

 

Lanzó los cojines al piso maldiciendo a Luciano hasta que su hermano que salía del baño la quedó mirando como si estuviera loca. Entró al baño corriendo y cerró el pestillo, no quiere dar explicaciones de un asunto que la tiene aún tan confundida.

 

————o—————

 

Luciano contempló preocupado a Natalia que no deja de llorar. A pesar de todo el daño que una vez le hizo sigue sintiendo cariño por ella, pero es solo cariño por los buenos momentos que vivieron juntos en el pasado, no el amor que se consumió por el dolor y el alcohol.

 

—¿Pero porque me rechazas? —se cubrió el rostro sollozando.

 

—No te rechazo, entiende que lo único que puedo ofrecerte es pagarte el arriendo en otro lugar yo... —Luciano se puso de pie alejándose de su lado, la verdad es que tenerla cerca revive todo el dolor del pasado.

 

—Esta casa la compraste para nosotros, se supone que sería para nuestra vejez, yo solo te estoy pidiendo seis meses de tu vida, sólo seis meses —le recriminó sin dejar de llorar.

 

Luciano guardó silencio mordiéndose los labios y desviando la mirada. Sí, esta casa la había comprado para vivir juntos, era su regalo de bodas, pero ella lo dejó, desde ese instante aquella casa dejo de ser lo que de un inicio estaba destinada.

 

—¡Ya basta, Natalia! Deja de ser egoísta — habló Felipe quien hasta ahora había evitado meterse en la conversación de ambos.

 

—¿De qué egoísmo me hablas? ¡No escuchaste que voy a morir! —Natalia apretó los dientes desesperada.

 

—Sólo seis meses dices, le estás pidiendo a Luciano que durante seis meses se olvide de él para sólo vivir por ti. Para que tú puedas durante esos seis meses vivir lo que rechazaste cuando creías que tenías todo tu futuro por delante. —Felipe movió la cabeza dolida. No encuentra que sea una petición justa.

 

—Tendrá toda su vida para... —balbuceó Natalia desviando la mirada nerviosa.

 

—¡No! No tienes derecho a venir aquí y pedirle ese sacrificio —la interrumpió Felipe apretando sus puños.

 

—¿Y quién te crees tú para venir a decirme eso? —exclamó Natalia llorando poniéndose de pie.

 

—Fui yo quien recogió el despojo que quedó de él cuando lo dejaste, fui yo quien se pasó noches recorriendo cada bar para llevarlo a casa, yo quien lo escuchó pedir a la muerte venir a buscarlo ¡Por lo tanto tengo todo el derecho a entrometerme! —apretó los dientes intentando controlarse.

 

—Felipe... —Luciano lo miró dolido y agradecido y colocó su mano en su hombro para que se calmara.

 

Guardó silencio a pesar de que siente que aún tiene muchas cosas que decirle a Natalia, quien llega y aparece como si nada esperando que Luciano le de su vida por seis meses para ella, sin pensar en lo doloroso que será para él revivir todo. Sin embargo el escritor no deja de mirarla con compasión y eso provoca impaciencia en Felipe que le preocupa que se deje doblegar por el amor que sintió por ella hace tiempo atrás, sacrificándose de esa forma.

 

—En serio yo lo lamento, pero no puedo... Estoy interesado en alguien y esa persona no me esperara seis meses ni tampoco yo quiero esperarlo. Perdona mi egoísmo, pero por esta vez seguiré el camino que necesito... Lo siento —habló Luciano con sinceridad.

 

Y antes de que Natalia refutara sus palabras salió de su hogar huyendo de aquel pasado que empezaba a perseguirlo justo cuando al fin la vida parece darle otra oportunidad. Su teléfono sonó y preocupado notó que su padre le llamaba.

 

—¿A cenar hoy? Está bien estaré ahí —y colgó dirigiéndose al lugar en donde su preocupado padre le espera. Olvidándose por momentos de los problemas de Natalia.

 

————o—————

 

Nahuel se tomaba una bebida energizante cuando el timbre sonó. Aquel debía ser el tal Carlos que había invitado a su hermana a cenar. Abrió la puerta y se encontró con un hombre con mirada fría que se quedó quieto en sus ojos. Algo intimidado por la presencia del desconocido solo tendió a retroceder y arrugar el ceño.

 

—Ya estoy lista —exclamó Sayen apenas lo vio en la puerta y salió antes de que su hermano empezará a hacer preguntas al escritor, por su mirada desconfiada al ver a Carlos es seguro que tomaría el rol paterno, que no le corresponde, haciendo preguntas que la avergonzarían como si se tratase de una jovencita saliendo a su primera cita.

 

A pesar de que a Carlos le impresionó la forma acelerada como Sayen salió de la casa y lo tomó del brazo para alejarlo de su departamento, se da cuenta del vestido que se ha puesto y el labial rojo en sus labios que contracta con el rosa que suele usar. Se ve bastante bonita, aunque no siente que sea el momento oportuno de decírselo. En silencio ambos avanzaron por el pasillo hasta el ascensor.

 

—Traje algunos manuscritos —indicó Carlos sin mirarla—. Necesito un par de consejos.

 

—Sí, sí claro que sí —Sayen respondió algo turbada y aliviada de que al parecer la cena es algo relacionado más al trabajo que otra cosa.



A.L. Méndez

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En el texto hay: romance comedia

Editado: 02.11.2020

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