El secreto de Luciano

Capítulo 25

Sayen estiró los brazos suspirando cansada y deteniendo su mirada fija en el techo, lleva horas revisando un par de manuscritos y ya el hambre la obligo a despegar la mirada del notebook y los documentos que tenía en su mano. Está en su departamento, con el cabello recogido y un buzo cómodo. Fue a la cocina y abrió el refrigerador sacando un jugo y bebiéndolo mientras revisaba el mensaje que acababa de llegar a su teléfono. Abrió los ojos sorprendida, Carlos le había escrito, siempre había sido por trabajo, pero esta vez solo había dos palabras "lo siento" no supo que responder y titubeó. Se siente más culpable de lo que tal vez se siente él, porque no fue capaz de decirle antes que había decidido elegir a Luciano y entiende su molestia al tener que haberse enterado de esa forma. “No te preocupes, debí ser sincera contigo, lo siento mucho” sin enviarlo de inmediato, releyéndolo una y otra vez esperando no sonar indiferente a su sentimiento. Es un buen hombre, pero el corazón es algo tan impredecible que si desde el principio le hubieran dicho que se terminaría enamorando del poco simpático de Luciano nunca lo hubiera creído. No pudo evitar detener sus manos en su muñeca que aún tiene las marcas de las manos del tipo que la subió a la fuerza a ese auto, y su mirada se ensombreció a recordar las palabras de ese anciano.

 

¿Sería ella capaz por dinero hacer infeliz a Luciano? Claro que su respuesta es "No". Jamás haría que él dejará su sueño. Ni aun ante la amenaza de ese hombre traicionaría así a Luciano.

 

—Que ganas de beber una cerveza en estos momentos —se tiró hacía atrás en la alfombra quedándose acostada mirando el techo.

 

No le ha dicho a Luciano sobre su encuentro con su abuelo, ya de por si tiene bastantes problemas por el tema de salud de su padre y por la misma Natalia. Y sumando que le ha estado haciendo el quite a sus invitaciones debido a que teme que él al verla se dé cuenta que algo le esconde, y conociéndolo insistirá hasta sacarle la verdad. Tomó su teléfono y le marcó. No le contestó. Desde la mañana no ha contestado a sus llamadas ni a sus mensajes, puede que lo haga por como ella lo ha evitado, este sentido y la esté castigando haciendo lo mismo ¿O será acaso que su abuelo sea el causante? Al final terminó por escribirle otro mensaje: "Luciano. ¿Todo bien? ¿Pasó algo?". No recibió respuesta alguna a pesar de que el chat le notificó que aquel había leído su mensaje. Suspiró dejando el teléfono de lado y fue a prepararse un café, cuando escuchó la alerta de respuesta, de inmediato tomó su teléfono viendo la escueta respuesta que ha recibido de Luciano: "Sí, lo siento. Todo estará bien".

 

Tragó saliva, ese "...Todo estará bien" le sonó extraño, no sabe porque sintió una amargura que no pudo entender, y se sentó sobre el sofá con su mirada fija en el mensaje y una opresión inexplicable en el pecho.

 

***************o***************

 

—¿A quién le escribes? —preguntó Natalia incorporándose en la cama de sábanas blancas del hospital.

 

—No es nada —respondió Luciano fijando su mirada en ella. — ¿Cómo te sientes ahora?

 

—Sí, solo fue otra recaída —señaló la mujer bajando la mirada—. Siento mucho haber dado tu número al hospital. No tengo a nadie más a quien llamar. Tú sabes que mis padres son muy ancianos y no quiero asustarlos con esto.

 

La observó en silencio y luego bajó su mirada viendo su teléfono esperando tal vez una respuesta que no recibía. Le incomoda saber que de seguro es esa mujer, que aun cuando ella este frente a él condenada a morir no deja por ningún segundo de pensar en esa otra, aunque es lógico e intenta entenderlo.

 

—Esta semana has sufrido muchas recaídas ¿No crees que es mejor que te quedes acá? —preguntó preocupado mirando su teléfono otra vez.

 

Natalia movió la cabeza a ambos lados.

 

—No.... no quiero morir en este lugar —desvió la mirada apretando las sabanas ¿Cómo decirle que no quiere estar sola?

 

Un doctor entró interrumpiéndolos a ambos, la seriedad de aquel se detuvo en la preocupada expresión del escritor al verlo entrar al lugar. Quisiera preguntarle si acaso no hay nada que pueda hacer por Natalia, dejarla morir así tan joven es tan cruel que le cuesta creer que la han desahuciado de esa forma.

 

—Buenas noches, soy el doctor Ramírez, ¿Usted debe ser su pareja? —y sin esperar la respuesta siguió—. Debe procurar que no esté sola, en su condición no debería esforzarse tanto, deje que repose, usted ya sabe... que se quede en cama, nada de cocinar, limpiar ni nada. Le daré una pauta de la comida que pueden consumir y cual no. Debe ayudarla en lo que pueda, lamentablemente no hay nada más que podamos hacer.

 

Hubo un momento de silencio ante las desalentadoras palabras del doctor. Natalia sonrió con tristeza bajando la cabeza, mientras Luciano no puede negar que esta situación no le esté afectando, al cabo aun cuando sintió rencor por el abandono de Natalia cuando lo dejó, nunca le deseo morir de esa forma. La mujer alzó su mirada hacia el medico negando con la cabeza.

 

—No somos novios, somos amigos —señaló sonriendo—. Él tiene su pareja, y yo tuve la mía. Es complicado de explicar.

 

—Lo siento, pensé que... bueno, en fin, les dejaré los medicamentos que debe tomar para aminorar los dolores —habló el doctor pasándoles la receta médica antes de retirarse.

 

Luciano observaba a Natalia en silencio, la cual sonrió con suavidad luego de dejar la receta sobre el velador.

 

—Lo comprendí —entrecerró los ojos—. He sido demasiado egoísta pensando que tenías que cuidarme cuando yo te abandoné por perseguir mis sueños junto a otro hombre.

 

—Natalia —murmuró Luciano afectado al verla en ese estado—. Te amé mucho, más de lo que siquiera imaginaba, pero tampoco fui capaz de darme cuenta de que tú no querías esta vida.



A.L. Méndez

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En el texto hay: romance comedia

Editado: 02.11.2020

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