El secreto de Luciano

Capítulo 33

Luciano se bebió una taza de té contemplando las oscuras nubes que cubren el cielo de aquella mañana, no ha podido dormir desde que Natalia le hizo aquella petición, vivir como si estuvieran casados los últimos meses de su vida. Cerró los ojos por unos instantes, si estuviera solo es probable que hubiera aceptado, pero con Sayen a su lado es muy difícil. Encendió un cigarro, hace años que no fuma, pero la angustia lo supera. Suspiró y su mirada se detuvo en su teléfono que silencioso le indica que Sayen lo está llamando. No le contesta, la verdad es que no puede contestarle.

 

Salió al balcón intentando aclarar las ideas que lo torturan ¿Por qué justo Natalia tenía que volver a aparecer ahora? ¿Por qué esa maldita enfermedad? Colocó sus manos en sus sienes intentando mantener la calma, pero es difícil a estas alturas.

 

Solo cuatro meses... carraspeó con gesto de dolor, cuatro meses es todo lo que le pide Natalia, tal vez si se lo contara Sayen lo entendería por otra parte es egoísta en creer que ella durante esos meses tendría que esperarlo. Inquieto volvió a su habitación viendo su teléfono vibrar. Es una llamada del doctor, preocupado contestó.

 

—¡Por favor venga rápido! —fue las únicas palabras que recibió.

 

Condujo con rapidez hasta la clínica encontrándose con una desoladora imagen, Natalia yace en un rincón llorando sin que pudieran calmarla. Al ver a Luciano se lanzó a sus brazos como una niña pequeña buscando consuelo.

 

—¿Qué pasó? —Luciano dirigió su atención al doctor intentando leer en su semblante una explicación para encontrarla en ese estado.

 

—Ella... intentó matarse —le respondió preocupado bajando la cabeza.

 

Luciano dirigió su mirada a Natalia que solo llora en sus brazos ¿Es que acaso es tanto su dolor que prefiere adelantar su muerte que esperar esos cuatro meses? Alzó la cabeza conteniendo sus lágrimas, verla en ese estado lo destroza, aunque intente negarlo. Una mujer tan llena de vida, tan talentosa y cuya vida le ha dado un golpe tan duro y cruel.

 

—Me quedan solo cuatro meses... es lo mismo si muero ahora a si muero luego de esos meses —habló Natalia y luego guardó silencio porque sus palabras se enredaron en su boca ahogada por su propio llanto.

 

—Natalia... —musitó dolido sin tener palabras de consuelo más que abrazarla y contenerla.

 

—¡Dime, Luciano, ¿Cuál es la diferencia?! Voy a morir, a morir —balbuceó las últimas palabras.

 

Aquel solo tragó saliva y cerró los ojos sintiendo compasión por todo lo que ella está pasando, no es justo, a pesar de lo que le hizo no es justo que se consuma de esta forma, y más cuando nadie está a su lado, ni aquel tipo del cual se enamoró y la abandonó en ese estado, ni sus padres ¿Cómo pueden todos haberle dado la espalda solo por estar enferma?

 

—Voy a morir... arrepentida... no vale la pena seguir alargando tanto dolor —se soltó de sus brazos sentándose sobre la cama con la mirada perdida—. De que vale seguir resistiendo unos meses más...

 

El silencio rodeó la sala.

 

—Vale... porque tú y yo viviremos junto esos cuatro meses —respondió Luciano dolido—. Porque te daré esos cuatro meses para que puedas ser feliz, siempre que me prometas no volver a atentar contra tu vida.

 

Natalia lo contempló anonadada mientras sus ojos se llenaban de lágrimas, sonrió con torpeza sin saber que decir, y su llanto se liberó obligándola a cubrir su rostro, dejando fluir su desesperación y su dolor.

 

—Muchas gracias —fueron las únicas palabras que pudo decir.

 

Y Luciano sonrió, dolido, con tristeza. Con el pecho retumbando como si por dentro se estuviera torturando por la decisión que acababa de tomar, por qué decidirse por ella significa que dejará de lado a Sayen por cuatro meses, y nada le asegura que aguantará esperarlo, nada, es demasiado egoísta pedirle eso. Tal vez lo mejor sea dejarla libre, aunque le duela, aunque siente que con eso su pecho vuelva a sentirse vacío, pero ¿Cómo dejarla ir sin lastimarla? Más cuando siente que el solo pensar en eso lo destroza por dentro, tragó su llanto sintiendo la cabeza de Natalia apoyarse en su pecho suspirando aliviada mientras que él se siente caer en la angustia de un abismo que no parece tener fin.

 

************o*************

 

Condujo en silencio hasta su casa buscando las palabras para hablar con Sayen, pero su sorpresa fue mayor al verla parada frente a la puerta de su casa. No supo cómo disimular el dolor que sintió al encontrársela de esta manera, pero endureció sus palabras, con un leve saludo descendió de su auto.

 

—¿Sayen que haces aquí? —preguntó en tono seco desviando la mirada sin ser capaz de enfrentar a sus ojos marrones.

 

Hubo un momento de silencio, la mujer extrañada por la forma como le habló y por su mirada fría solo optó por ponerse algo nerviosa, se sobó el brazo derecho como suele hacerlo cuando se siente intranquila, Luciano notó el gesto y tragó saliva pasando a su lado y abriendo la puerta en donde entró. No está preparado para decirle lo que debe decir, ninguna palabra ni siquiera el temple para enfrentarla.

 

—¿Estas molesto? —le preguntó dolida siguiéndolo al interior de la casa.

 

—No —respondió balbuceando—. Es que no me esperaba verte tan sorpresivamente…

 

Nervioso miró a ambos lados sin saber a dónde ir, hasta que al final optó por ir a preparar un café, buscando evitar el rostro de la mujer.

 

—No has contestado mis llamadas por eso estaba preocupada y...

 

Sayen guardó silencio, y Luciano pudo notar que lo hacía para controlar sus sentimientos ya que de reojo notó como se seguía sobando el brazo y buscaba mirar hacia el cielo reteniendo sus lágrimas.



A.L. Méndez

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En el texto hay: romance comedia

Editado: 02.11.2020

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