El secreto del Alfa

Capítulo XXIX: El principio del fin

–Estoy listo– dijo Milo frente a mí, su sonrisa era nerviosa y miraba continuamente a su derecha donde estaba Rowina– trata de que no sea una tarea vergonzosa.

Estábamos en el área de entrenamiento, la cual no había sido usada desde hace diez años porque gracias a Richard se había creado un campamento donde mandaban a los licántropos novatos a entrenar, todos los licántropos de la manada y sub manadas tenían que asistir, a las mujeres no nos permitían la entrada.

–No me siento preparada– exclame con frustración ante el entrenamiento de que me estaba dando la bruja.

–los vampiros no esperaran a que estés preparada, en cuestión de segundos puedes estar muerta– dijo Rowina con impaciencia. – empieza de nuevo, piensa en lo que quieres trasmitir a la otra persona, lo que quieres que haga.

Cerré mis ojos con fuerza y me obligue a sentir el cosquilleo en mis manos.

Hazme un pastel de chocolate.

Pastel de chocolate.

Chocolate.

–lo siento, no se cocinar– abrí mis ojos ante las palabras burlescas de mi cuñado, di un resoplido a lo que el rio.

–Llevo diez intentos y nada– me queje por segunda vez– tal vez solo ha sido cuestión de suerte.

–la suerte no existe– dice Rowina brevemente. –tendremos que usar otros métodos.

Tomamos un descanso, me senté en suelo acolchado y deteriorado, di un suspiro y solo pensé en el hecho que soy un fracaso y que lo poco que se han manifestado mis dones han sido de pura chiripa.

– ¡Aurora!– me levante de un salto al escuchar el grito doloroso de mi mate, volteo a todos lados buscándolo– ¡aurora ayúdame!

Salí hacia afuera mientras los gritos de mi mate se escuchaban por los pasillos, mi cabeza zumbaba por el dolor y los nervios, no sabía qué hacer ni a donde ir.

Ayúdame.

Aurora, ¿Dónde estás?

Te necesito.

Corría por todos los pasillos, me temblaban las piernas y sentía que en cualquier momento lloraría de la frustración al no saber dónde estaba Richard. Mis dudas se aclararon cuando salí fuera del castillo, mis ojos no podían creer lo que estaba pasando frente a mis ojos.

Richard, mi amado Richard se encontraba frente a mí, en medio de dos árboles donde las ramas de estos se enredaban en todo su cuerpo, se movían a gran velocidad. Me quede paralizada por un momento hasta que mi una larga cabellera rubia platinada quien estaba moviendo arduamente sus manos y claro esos movimientos coincidían con los de las ramas que pronto asfixiarían a mi mate.

– ¡¿Qué haces?!– grite asustada acercándome.

–No des un paso al frente o lo mato– voltea Celestia sin bajar las manos– entre más te acerques mis ramas más lo enredaran.

– ¡Detente ahora mismo!–

– ¡Ayúdame!– exclamo Richard cuando sintió las ramas más cerca de su cuello.

–Pobre e indefensa Aurora, no puede ayudar a su mate– Celestia soltó una carcajada– ¿Qué harás Luna de Cuxem?

–suéltalo.

–no me da la gana. – Movió sus manos en círculos y fue cuando vi como Richard comenzaba a verse morado– Cuxem no debería tener una Luna tan débil.

Sin poder controlarlo mis manos comenzaron a picar de ellas salió un resplandor morado oscuro, sentí como una ráfaga de aire se acumulaba en el área en que estábamos, por instinto levante mi mano derecha liberando el poder que se acumuló dentro de mí.

–Te dije que lo soltaras– mi tono de voz fue escalofriante, los ojos verdes de Richard se abrieron sorprendidos mientras que Celestia salía volando hacia un lado.

–Aurora, amor, tranquila– escuche como me decía Richard una vez que la enredadera lo soltó. – ¿estoy bien? Si.

En ese momento no escuchaba nada, me acerque a la líder de las hadas mientras que levante las dos manos en su dirección, podía ver como su cuerpo se elevaba, ella me veía asustada pero no me importaba nada en ese momento.

– ¡Niña, carajo! fue solo entrenamiento– escuche la voz lejana de Rowina llamándome.

– ¡más vale que calmes a tu mujer!

– ¡Aurora!

Moví mis manos hacia la izquierda y el cuerpo indefenso de Celestia se fue en esa dirección cayendo sin remedio, su cuerpo inmóvil, sus ojos asustado viéndome con suplica, sonreí complacida ante la imagen y solo me atreví a decir.

–No te acercaras a mi familia– exclame con una extraña voz, los ojos de Celestia se tornaron verdes fosfo– ¿entendiste?

–No volveré a acercarme a tu familia– sus ojos estaban vacíos y su voz sonaba extraña y complacida con mi acción me aleje de ella.

– ¡¿Qué pasa contigo?!– grito Liam hincándose a lado de Celestia– ¿Qué le hiciste?

Y fue en ese momento en que reaccione, ahogue un grito del susto y fue ahí donde me di cuenta de mis acciones y de que no tuve ningún control sobre ellas.



Imogene_2019

Editado: 22.12.2019

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