El Señor De Las Sombras (sds #8)

Capítulo 1: ¿Alguna Idea?

Seis meses antes.

Pov Cate

La salida de los túneles, dejando atrás la batalla con los vampanezes, fue lenta y agotadora. Abandonamos los huesos calcinados de Mr. Crepsley en el foso donde había caído. Le habría enterrado, como mi madre así lo quería, pero no tuve valor para ello. La revelación que mi padre le dijo a mi madre (que él era el Señor de los Vampanezes), la dejó en shock, y pronto, toda la presión hizo frente haciendo que se desmayara, la había dejado hecha polvo, y ahora nada parecía  tener importancia. Habían matado a mi padre. Mi mundo se había  hecho pedazos. Harkat y la tía 
Debbie  caminaban junto a mí. Vancha (quién cargaba a mi madre en su espalda) y Alice Burgess, ligeramente adelantados. La tía Debbie había sido la mejor amiga de mi madre cusndo eran adolescentes, pero ahora era una mujer adulta, mientras que mi madre estaba confinada en el cuerpo de una adolescente:  la maldición de ser una semi-vampiro, que sólo envejece un año por cada  cinco. Alice era Inspectora Jefe de la policía. Vancha y yo la habíamos secuestrado cuando la policía nos tenía rodeados. Ella y Debbie habían  tomado parte en la batalla contra los vampanezes. Ambas habían  peleado bien. Lástima que todo hubiera sido para nada.

Les contamos a Alice y a Debbie todo lo referente a la Guerra de las Cicatrices. Los vampiros existen, pero no son los monstruos asesinos de los mitos. No matamos cuando nos alimentamos. Pero hay otras criaturas de la noche que sí lo hacen: los vampanezes. Se apartaron de  los vampiros hace seiscientos años. Siempre desangran a sus víctimas. 
Su piel se ha vuelto púrpura en el transcurso de los siglos, y sus ojos y 
uñas son rojos.

Durante mucho tiempo, hubo paz entre los dos clanes. Eso acabó cuando apareció el Señor de los Vampanezes. Este líder vampanez estaba destinado a conducirlos a la guerra contra los vampiros y destruirnos. Pero si lo encontrábamos y lo mataban antes de que se convirtiera en un vampanez completo, la guerra se decidiría a nuestro favor.

Sólo tres vampiros podían ir en busca del Lord Vampanez (según un poderoso entrometido llamado Mr. Tiny, que podía ver el futuro). Uno había sido un Príncipe Vampiro, Vancha March, y mi madre, Becca Shan, la Princesa Vampiro. El otro había sido Mr. Crepsley, el vampiro que convirtió a mi masre y que había sido su padre biológico, era mi abuelo. Se había enfrentado a la persona que creíamos que era el Lord Vampanez aquella noche, y la había matado. Pero luego mi padre, Steve Leonard envió a Mr. Crepsley a la muerte, haciéndolo caer a un foso lleno de estacas de  puntas flamígeras… poco antes de hacer saber a mi madre que la persona a la que Mr. Crepsley había matado era un impostor, y que el Lord Vampanez era mi propio padre.

Parecía imposible que Mr. Crepsley hubiera muerto. Seguía esperando sentir una palmadita en mi hombro, y ver al vampiro alto de cabello naranja parado detrás de mí cuando me diera la vuelta, sonriendo perversamente, con la larga cicatriz de su rostro reluciendo mientras  sostenía una antorcha y preguntaba que a dónde pensábamos ir sin él.

Pero la palmadita nunca llegó. No podía. Mr. Crepsley estaba muerto y 
nunca volvería.

Una parte de mí quería dejarse llevar por la rabia, agarrar una espada 
y echar a correr detrás de mi padre. Quería perseguirlo y clavar una estaca  en su podrida imitación de corazón. Pero Mr. Crepsley nos había 
advertido que no dedicaramos nuestras vidas a la venganza. Le dijo a mi madre que podría retorcerla y destruirla si me entregaba a ella. En el fondo de mi corazón, sabía que había cuentas pendientes entre mi padre y mi madre, que aún había ese amor enfermizo y retorcido desde un principio, no importaban lo que hicieran, siempre se amarían, aunque lo negaran, que sus caminos volverían a cruzarse. Pero por el momento, aparté esos pensamientos y lloré la muerte de Mr. Crepsley.

Salvo que no podía llorar de verdad. Las lágrimas no acudían, parecía que ya se habían acabado. Pese a lo mucho que deseaba aullar y sollozar de dolor, mis ojos permanecieron secos y acerados. Por dentro estaba completamente destrozada, pero por 
fuera permanecía fría, tranquila y controlada, como si la muerte del 
vampiro no me hubiera afectado, pero si lo había hecho.

Eso le pasó a mi madre en cuanto vió a Mr. Crepsley caer al foso. Vi que algo se había roto dentro de ella. Ya no era la misma. Parecía a pasible y tranquila, pensativa si se podría decir y después de la revelación de mi padre, todo lo cayó como un peso, y se desmayó. Nadie tenía la certeza de cuando despertaría, pero sabíamos que ya no sería la misma.

Más adelante, Vancha y Alice hicieron un alto. El ex Príncipe miró hacia 
atrás, con sus grandes ojos enrojecidos por el llanto. Tenía un aspecto lamentable con sus pieles de animales, sus sucios pies desnudos y su  salvaje cabellera, como un niño demasiado grande que se hubiera perdido.

—Ya estamos casi en la superficie —dijo con voz ronca—. Aún es de  día. ¿Esperamos aquí hasta que oscurezca? Si nos descubren…

—No importa —mascullé.

—Yo no quiero quedarme aquí —sollozó la tía Debbie—. Estos túneles 
son atroces.

—Y yo tengo que informar a mi gente de que estoy viva —dijo Alice, y luego frunció el ceño, levantando unos mechones de sus descoloridos cabellos blancos, cubiertos de sangre seca—. ¡Aunque no sé cómo voy a 
explicarles esto!

—Diles la verdad —gruñó Vancha.

La Inspectora Jefe hizo una mueca.

—¡Ni hablar! Tendré que pensar algo…

Se detuvo. Una figura había salido de la oscuridad y estaba ante  nosotros, bloqueándonos el paso.

Soltando una maldición, Vancha depositó a mi madre en el suelo y sacó bruscamente un shuriken (una de las estrellas arrojadizas que llevaba sujetas en los cinturones que cruzaban su pecho) y se dispuso a lanzarlo.



SiVeLa123

Editado: 04.07.2019

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