El Señor De Las Sombras (sds #8)

Capítulo 8: Primera Pista

Pov Cate

Atendí a Harkat lo mejor que pude, limpiando sus heridas con agua del arroyo y rasgando tiras de mi jersey para utilizarlas como vendas. Si. hubiera sido una vampiro completa, podría haber usado mi saliva para cerrarle los cortes, pero como era una mestiza carecía de esa habilidad.

Las heridas de su cara (donde la pantera le había arañado) necesitaban puntos de sutura, pero ninguno de. nosotros tenía hilo ni aguja. Sugerí que improvisáramos, utilizando un hueso pequeño y pelo de animal, pero Harkat desechó la idea con un gesto de la mano.

—Bastantes puntos tengo ya —sonrió forzadamente—. Dejemos que se cierren solas. No puedo volverme más feo… de lo que ya soy.

—Eso es verdad —convine, y me eché a reír cuando me dio un coscorrón en la nuca. Volví a ponerme seria enseguida—. Pero si se infectan…

—Mirando el lado bueno, como de costumbre —rezongó, y luego se encogió de hombros—. Si se infectan, estoy acabado; no… hay hospitales aquí. No te preocupes… por eso.

Ayudé a Harkat a ponerse en pie y volvimos al borde del foso para ver a la pantera. Harkat cojeaba más de lo normal (siempre había tenido una ligera cojera en la pierna izquierda), pero dijo que no le dolía mucho. La pantera medía un metro y medio de largo y era corpulenta.

Mientras la mirábamos, apenas podía creer que la hubiéramos vencido.

No por primera vez en mi vida, tuve la sensación de que, si existían los dioses de los vampiros, me vigilaban de cerca y me echaban una mano cada vez que me sentía perdida.

—¿Sabes qué es lo que más me… preocupa? —dijo Harkat al cabo de un rato—. Mr. Tiny dijo que la pantera era… el menor de nuestros problemas. ¡Eso significa que más adelante hay algo peor!

—¿Quién es ahora el pesimista? —resoplé—. ¿Quieres que baje y saque a la pantera?

—Esperemos hasta mañana —dijo Harkat—. Hagamos un buen fuego, comamos, descansemos… y ya subiremos a la pantera… mañana.

A mí me pareció bien, así que, mientras Harkat hacía fuego (utilizando piedras de pedernal para crear chispas), maté al ciervo y me puse a descuartizarlo. Hubo un tiempo en que habría dejado ir al ciervo, pero los vampiros somos depredadores. Cazamos y matamos sin remordimientos, igual que cualquier otro animal de la naturaleza.

La carne, una vez la hubimos cocinado, estaba dura, fibrosa y desagradable, pero comimos vorazmente, ambos conscientes de lo 
afortunados que éramos al no ser el plato principal de aquella noche.

***
 


Bajé al foso por la mañana y arranqué a la pantera de las estacas. Dejé al. babuino donde estaba y le pasé a 
Harkat el cuerpo de la pantera. No 
era tan fácil como parecía (la pantera era muy pesada), pero éramos más 
fuertes que los humanos, así que no fue una de nuestras tareas más duras.

Contemplamos el reluciente cadáver negro de la pantera, preguntándonos cómo nos diría a dónde ir.

—Tal vez tengamos que abrirla —sugerí—. Puede que haya una caja 
o un frasco dentro.

—Vale la pena intentarlo —convino Harkat, y pusimos a la pantera boca arriba, presentándonos su liso y suave vientre.

—¡Espera! —grité cuando Harkat se disponía a hacer el primer corte.

El pelo de la parte inferior de la pantera no era tan oscuro como el resto. Pude ver la piel estirada de su estómago… ¡y había algo dibujado en ella! Busqué entre nuestros cuchillos provisionales uno con filo largo y recto, y raspé algunos pelos del vientre de la pantera muerta. Unas líneas delgadas quedaron a la vista.

—Sólo son cicatrices —dijo Harkat.

—No —discrepé—. Mira esas figuras circulares y la forma en que se extienden. Han sido grabadas. deliberadamente. Ayúdame a rasparle todo el vientre.

No llevó mucho tiempo afeitar a la pantera y dejar al descubierto un mapa detallado. Debió haber sido. grabado en el estómago de la pantera muchos años atrás, tal vez cuando era una cría. Había una pequeña X en el extremo derecho del mapa, que parecía indicar nuestra posición actual. Hacia la izquierda había una zona rodeada con un círculo, y algo escrito en su interior.

—Ir al hogar del sapo más grande del mundo —leí en voz alta—. Coger los globos gelatinosos.

Eso era todo lo que decía. Lo leímos unas cuantas veces más, y luego 
intercambiamos una mirada perpleja.

—¿Alguna idea de lo que significa “gelatinosos”? —preguntó Harkat.

—Creo que tiene algo que ver con la gelatina —respondí, insegura.

—¿Así que tenemos que encontrar al sapo más grande… del mundo, y coger unos globos hechos de gelatina? —
Harkat parecía algo escéptico.

—Estamos tratando con Mr. Tiny —le recordé—. Hace un chiste de cualquier cosa. Creo que lo mejor que podemos hacer es seguir simplemente el mapa desde aquí hasta donde indica el círculo y preocuparnos del resto cuando lleguemos allí.

Harkat asintió, y luego la emprendió con el estómago de la pantera con un puntiagudo cuchillo de piedra, cortando el mapa.

—Quieto —le detuve—. Déjame a mí. Mis dedos son más hábiles.

Mientras yo recortaba cuidadosamente el mapa por los bordes y separaba la piel de la pantera de su carne, Harkat se paseaba en torno a la bestia muerta, meditando algo. Cuando hube extraído el mapa de la pantera y estaba secando la parte interior sobre un macizo de hierba, Harkat se detuvo.

—¿Recuerdas que Mr. Tiny dijo que había… dejado una pista de mi identidad? —preguntó.

Lo recordaba.

—Sí. Tal vez sea a lo que el mensaje dentro del círculo se refiere.

—Lo dudo —replicó Harkat—.¡Quienquiera que fuese antes de morir, estoy bastante… seguro de que no fui ningún sapo!

—Tal vez fuiste un príncipe rana —sugerí con una risita burlona.

—Ja, ja —dijo Harkat—. Estoy seguro de que lo escrito no tiene nada… que ver conmigo. Debe haber algo más.

Observé a la pantera muerta.

—Si quieres ponerte a hurgar en sus tripas, toda tuya —le dije a Harkat—. Yo me conformo con el mapa.



SiVeLa123

Editado: 04.07.2019

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