El Señor De Las Sombras (sds #8)

Capítulo 5: Mi Sobrino

Pov Becca

No habría podido soportar hablar con nadie aquella noche. Cate trató de animarme, pero no pudo hacer nada. Me senté sola en uno de los asientos más elevados del estadio de fútbol mientras tenía lugar la función, pensando en Sophiey en su hijo, en mamá, en papá, y en todo lo que había (y me había) perdido. Por primera vez en muchos años, me sentí furiosa con Mr. Crepsley por haberme convertido. Me encontré preguntándome cómo habría sido mi vida si él me hubiera dejado en paz, deseando poder volver atrás y cambiar el pasado.

Pero de nada servía atormentarme. El pasado era un libro cerrado. No podía hacer nada para alterarlo, y aunque pudiera, ni siquiera estaba segura de lo que habría hecho: si no me hubiera convertido, no habría podido delatar a Kurda Smahlt ante los vampiros, y el clan entero podría haber caído. No habría llegado para recuperar el trono que me correspondía por derecho.

Si hubiera vuelto a casa diez o doce años antes, mis sentimientos de
pérdida y rabia podrían haber sido más fuertes. Pero ahora era adulta, en
todo salvo en apariencia. Una Princesa Vampiro. Había aprendido a lidiar con el dolor. Aquélla no fue una noche fácil. Las lágrimas fluyeron
libremente. Pero para cuando me dejé arrastrar por el sueño pocas horas antes del amanecer, ya me había resignado a la situación, y sabía que no habría nuevas lágrimas por la mañana.

***
 


Cuando desperté, estaba agarrotada por el frío, pero me libré de él bajando a la carrera las gradas del estadio donde el Cirque había acampado. Mientras iba hacia la tienda que compartía con Harkat y Cate, descubrí a Mr. Tall. Estaba de pie junto a una hoguera, asando salchichas en un espetón. Me hizo señas para que me acercara y me lanzó un puñado de salchichas, y a continuación ensartó una nueva tanda y la colocó sobre las llamas.

—Gracias —dije, masticando ávidamente las salchichas ardientes.

—Sabía que estarías hambriento —respondió. Me dirigió una mirada
resuelta—. Has ido a ver a tu hermana.

—Sí.

No me sorprendía que lo supiera. Mr. Tall era un viejo búhoperspicaz.

—¿Ella te vio? —preguntó Mr. Tall.

—Fugazmente, pero me fui antes de que pudiera echarme un buen vistazo.

—Has hecho lo correcto. —Le dio la vuelta a las salchichas y habló en voz baja—: Estás a punto de preguntarme si te ayudaré a proteger a tu hermana. Temes por su seguridad.

—Harkat cree que va a pasar algo —dije—. No sabe bien el qué, pero si Steve Leopard es parte de ello, podría servirse de Sophie para hacerme daño.

—No lo hará —dijo Mr. Tall. Me sorprendió su franqueza; por lo general, era muy reservado cuando se trataba de revelar acontecimientos
futuros—. Mientras te mantengas fuera de su vida, tu hermana no estará bajo ninguna amenaza directa.

—¿Y qué hay de las amenazas indirectas? —inquirí con cautela.

Mr. Tall rió entre dientes.

—Todos estamos bajo amenaza indirecta, de un modo u otro. Harkat
tiene razón: éste es un momento y un lugar señalado por el destino. No puedo decir más al respecto, salvo que dejes en paz a tu hermana. Así
estará a salvo.

—De acuerdo —suspiré. No me hacía ninguna gracia la idea de dejar que Sophie se cuidara sola, pero confiaba en Hibernius Tall.

—Ahora, deberías ir a dormir un poco más —dijo Mr. Tall—. Estás cansada.

Me pareció buena idea. Me zampé otra salchicha y me di la vuelta para irme, pero entonces me detuve.

—Hibernius —dije, sin mirarle—. Sé que no puede decirme qué va a ocurrir, pero antes de que llegáramos aquí, me dijo que no tenía por qué venir. Habría sido mejor que no lo hiciera, ¿verdad?

Hubo un largo silencio. Pensé que no iba a responder. Pero entonces, con voz suave, dijo:

—Sí.

—¿Y si me marchara ahora?

—Ya es demasiado tarde —respondió—. Tu decisión de regresar ha puesto en movimiento una cadena de acontecimientos, y esa cadena ya no puede detenerse. Si te marcharas ahora, sólo serviría a los propósitos de las fuerzas a las que te opones.

—¿Pero y si…? —dije, volviéndome para insistir en la cuestión.

Pero Mr. Tall había desaparecido, dejando sólo las trémulas llamas y
las salchichas ensartadas en una vara sobre la hierba, junto a la hoguera.

***
 


Aquella tarde, tras haber descansado y disfrutado de una comida reparadora, les hablé a Harkat y a Cate de mi excursión al hogar. También les hablé de mi breve conversación con Mr. Tall y cómo había insistido en que no implicara a Sophie.

—Entonces, tú tenías razón —gruñó Harkat—. Yo pensaba que debías recuperar la relación con… tu familia, pero, al parecer, estaba equivocado.

Estábamos alimentando al Hombre Lobo con trozos de carne, parte de
nuestras tareas diarias. Nos manteníamos a una distancia prudencial de la jaula, demasiado conscientes del poder de sus terribles mandíbulas.

—¿Y qué tal tu sobrino? —preguntó Harkat—. ¿Algún parecido familiar?

Me detuve, con una gran loncha de carne en la diestra.

—Es extraño, pero no lo había visto de esa forma hasta ahora. Sólo he pensado en él como en el hijo de Sophie. Olvidaba que eso le convierte
en mi sobrino. —Esbocé una sonrisa torcida—. ¡Soy tía!

—Felicidades —dijo Harkat con indiferencia—. ¿Se parece a ti?

—La verdad es que no —respondí. Pensé en el pelo claro y la sonrisa de aquel niño regordete, y cómo había ayudado a Sophie a entrar la ropa
limpia—. Un chaval agradable, por lo que vi. Guapo, por supuesto, como todos los Shan. ¿Verdad, Cate?

Ella sonrió inmediatamente.

—Por supuesto ¡Todos somos bellos!

—¡Por supuesto! —bufó Harkat.

Lamentaba no haberme fijado más en el chico de Annie. Ni siquiera sabía su nombre. Pensé en volver para preguntar por él (podría pasearme por allí hasta volver a encontrarme con Bridget la chismosa), pero deseché la idea inmediatamente. Ésa era precisamente la clase de acción en la que podía salir el tiro por la culata y hacer que Sophie se fijara en mí. Mejor olvidarme de él.



SiVeLa123

Editado: 04.07.2019

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