El Señor De Las Sombras (sds #8)

Capítulo 11: No Importa El Destino

Pov Becca

La flecha me alcanzó en el hombro derecho, empujándome hacia
atrás. Lancé un rugido de agonía, agarré el asta y tiré de ella. El asta se
partió en mi mano, dejando la punta profundamente clavada en mi carne.

Por un momento, el mundo se volvió rojo a mi alrededor. Pensé que iba a desmayarme. Pero entonces la neblina carmesí se desvaneció y la carretera y las casas regresaron flotando a mi campo visual. Por encima del sonido de mis penosos jadeos, oí unos pasos que venían hacia mí.

Me senté (rechinando los dientes mientras contenía una nueva oleada de dolor) y vi a Steve avanzando al frente de su pequeña banda, conduciéndoles a la matanza.

Yo había soltado las cachiporras al caerme. Una había rodado lejos, pero la otra estaba más cerca. Me lancé a por ella y a por el asta de la flecha (el extremo astillado podría servir de tosco puñal). Cuando Gannen Harst vio eso, se puso delante de Steve.

—¡Desplegaos! —les ordenó a R.V. y a Morgan James.

Obedecieron de inmediato. El chico, Darius, estaba detrás de Steve.

Parecía mareado. No creo que le hubiera disparado nunca a nadie.

—¡Atrás! —siseé, agitando hacia ellos mis lamentables armas.

—Oblíganos —dijo R.V. con una risita nerviosa.

—¡E ubtaía é obo o itebta! —dijo Morgan James, que desde su accidente sólo podía hablar a farfullidos.

—No dejéis que intente nada —dijo Gannen Harst con calma. Aún no había desenvainado su espada, pero su diestra colgaba significativamente junto a la vaina—. Es una adversaria peligrosa, incluso herida. Que no se os olvide.

— Sobreestimas demasiado a la chica que va a... —ronroneó Steve, mirándome por encima del hombro de su protector, lo último lo había dicho en un susurro—. Ni siquiera será capaz de levantarse con semejante herida.

—¿Que no? —resoplé, y me obligué a ponerme en pie, sólo para fastidiarle. Una cortina roja cayó sobre mí por segunda vez, pero volvió a pasar tras un par de segundos. Cuando se me aclaró la vista, vi que Steve sonreía perversamente: me había provocado adrede para que me levantara, para seguir divirtiéndose a mi costa.

Retrocedí, agitando el asta de la flecha hacia los cuatro hombres.

Cada paso era un suplicio y el dolor del hombro derecho se intensificara al más mínimo movimiento. Estaba claro que no lograría ir muy lejos, pero Gannen no quería correr riesgos. Envió a R.V. por mi izquierda, y a
Morgan James por mi derecha, cerrándome el paso en ambas direcciones.

Me detuve, bamboleándome pesadamente sobre mis pies mientras
intentaba, en medio de mi aturdimiento, idear un plan. Sabía que sólo Steve podía matarme (Des Tiny había augurado la ruina para los
vampanezes si cualquier otro que no fuera su Señor matara a alguno de
los vampiros cazadores), pero los demás podían sujetarme para él.

—Acabemos con ella enseguida —dijo Gannen Harst, desenvainando finalmente su espada—. Está a nuestra merced. No perdamos tiempo.

—Tómatelo con calma —dijo Steve, con una risita—. Quiero verle sangrar un poco más.

—¿Y si muere desangrada por la flecha de tu hijo? —espetó Gannen.

—No lo hará —le aseguró Steve—. Darius le disparó exactamente donde yo le adiestré para que lo hiciera. —Steve le echó un vistazo al chico y se percató de su preocupada expresión—. ¿Estás bien?

—Sí —repuso Darius con voz ronca—. Es sólo que no creí que fuera tan… tan…

—Sangriento —concluyó Steve. Asintió comprensivamente—. Has
hecho un buen trabajo esta noche. No tienes por qué ver el resto, si no quieres.

—¿Cómo has… acabado tú con… un hijo? —jadeé, intentando ganar
tiempo, a la espera de que se me presentara una oportunidad de escapar.

—Es una historia larga y complicada —dijo Steve, volviéndose
nuevamente hacia mí—. Y me encantará contártela, hermosa antes de clavarte una estaca en el corazón.

—Lo has dicho… al revés —reí débilmente—. Seré yo quien te… mate esta noche.

—Optimista hasta el final —dijo Steve con una sonrisa burlona. Me miró, alzando una ceja con expresión diabólica—. ¿Cómo murió Tommy? ¿Con dignidad, o como aquel cerdo chillón de Crepsley?

Al oír eso, algo se rompió dentro de mí. Le grité una obscenidad a
Steve y, sin pensar, le arrojé la porra. Por pura suerte, le golpeó en la frente y cayó al suelo con un gruñido de perplejidad.

Gannen Harst, instintivamente, me dio la espalda para interesarse por
su Señor. En cuanto hizo ese movimiento, yo hice el mío. Salté hacia Morgan James, empuñando el asta de la flecha. Retrocedió un paso
rápidamente para evitar ser ensartado. Mientras lo hacía, caí sobre él connmi lastimado hombro derecho. Lancé un aullido de dolor cuando la punta de la flecha se hundió más profundamente en mi carne, pero mi táctica funcionó: James cayó.

El camino estaba momentáneamente despejado. Avancé a trompicones, agarrándome el hombro derecho con la mano izquierda, presionando con fuerza el agujero donde se hallaba enterrada la punta de la flecha para intentar contener la hemorragia, mientras derramaba lágrimas de agonía. Detrás de mí, oí gritar a Steve:

—¡Estoy bien! ¡Cogedle! ¡No la dejéis escapar! ¡La necesito con vida!

Si no hubiera estado herido, podría haberles sacado suficiente ventaja.

Pero lo más rápido que podía ir era a un trote lento. Sólo era cuestión de
segundos que me alcanzaran.

Mientras me alejaba dando tumbos, con mis perseguidores pisándome los talones, la puerta de una de las casas situadas a mi izquierda se abrió y un hombre grandote asomó la cabeza.

—¿Qué es todo este ruido? —gritó, furioso—. ¡Algunos intentamos…!

—¡Ayuda! —grité en un impulso—. ¡Un crimen!

El hombre abrió la puerta del todo bruscamente y salió.

—¿Qué está pasando? —aulló.

Me volví a mirar a Steve y a los demás. Se habían detenido. Tenía
que aprovecharme de su confusión.

—¡Ayuda! —grité a todo pulmón—. ¡Asesinos! ¡Me han disparado! ¡Ayuda!



SiVeLa123

Editado: 04.07.2019

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