El Sueño Imposible

El Sueño Imposible

Estando aquí en la Torre De Belém en Lisboa, recibiendo la brisa del atardecer en mi rostro, escuchando el movimiento del mar (el cual me transporta a épocas pasadas cuando todos los barcos de Portugal salían de aquí) y abrazada a mi pequeño hijo me he dado cuenta que todo mi esfuerzo valió la pena y eso me lo confirma la enorme sonrisa en su rostro, y pensar que nadie creyó que hiciera lo correcto al cumplir su más grande sueño.

 

 

 Mi pequeño hijo de siete años, (el cual tiene ceguera desde que nació) escuchó en una televisión que se ubicaba en el aparador de una tienda un programa de turismo en el cual se mencionaba lo hermoso de Lisboa y él con mucha emoción me contó cada palabra mencionada en dicho documental, no podía ignorar la felicidad en su voz.

 Al terminar de contarme no pudo evitar decirme que su sueño desde ese momento era conocer ese tan maravilloso lugar; yo en ese momento trabajaba como mucama en un pequeño hotel en España. Recuerdo que algunos de mis compañeros de trabajo se rieron del sueño de mi hijo ya que sería demasiado gasto ir hasta allá para que al final el no pudiera verlo y el resto solo sintieron lástima de mi hijo ya que no podría gozar al máximo dicho sueño.

 Desde ese día yo comenzé a trabajar tiempo extra para así ahorrar dinero y algún día poder llevarlo allá, él por su lado comenzó a cantar en la calle frente al hotel por unas cuantas monedas para ayudarme en la misión.

 Pasaron dos largos años, cuando a duras penas pude juntar el dinero suficiente para llevarlo. Esa noche, cuando terminó mi turno en el hotel, recuerdo que preparé una pequeña cena y le conté la buena nueva; mi pequeño lloró mucho de la felicidad, todavía recuerdo sus palabras exactas:

—Te amo mami, no sabes lo feliz que me haces.

 Al siguiente día, fuí a entregar mi renuncia al hotel, todos mis compañeros concordaron con que era una tontería gastar todo mi dinero en cumplir un sueño “absurdo” el cual no podría disfrutar mi hijo debido a su discapacidad. Yo ignoré todos esos comentarios, tomé mi pequeño equipaje (el cual tenía en su interior cuatro cambios de ropa, dos míos y dos de mi pequeño) y me fuí con mi hijo a la central para tomar el autobús que nos prometía llevar no solo a cumplir su sueño “imposible”, sino que también prometía un mejor futuro.

 

 

 

—Mami, ¿Por qué lloras? ¿Acaso no estás feliz?— Escucho preguntar a mi pequeño y regreso a la realidad percatándome que como el dijo, estaba llorando.

—Por nada cariño, solo recordaba cosas del pasado— Al contestar esto lo aprieto más a mi pecho, deseando que jamás termine este momento.

 Ya no dijo nada más y nos mantuvimos en silencio observando como un sueño que parecía imposible para muchos, se hizo realidad.

 

 



Erika Ayala

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En el texto hay: amordemadre, ilusiones, microrrelatos

Editado: 22.01.2019

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