El último límite del cielo - Máleran I.

Capítulo VI - La señora Vaxun.

11:10 AM, 18 de marzo de 1908.

 

Melody comenzó a sollozar sin previo aviso, sus lágrimas comenzaron a derramarse. La señora Esmeralda la acurrucó entre sus gruesos brazos, Quiteri al escuchar los sollozos de Melody fue a la habitación en donde se encontraban ella y su tía.

—Querida, ya pasará —exclamó Esmeralda rascando lentamente el cabello pelirrojo de la muchacha. —Debo contestarle a tu madre, dame un segundo.

Melody se abalanzó sobre los brazos de Quiteri apenas entró en la habitación, sus lamentos, quejidos y lloriqueos se podían escuchar por todas la casa (Afortunadamente no había nadie a esa hora). Esmeralda colgó el teléfono y se acercó lentamente a las dos muchachas, puso su mano en el hombro de Melody, y luego acercó su boca al oído de Quiteri, un segundo después Quiteri estaba abrazando con aún más fuerza.

—Tranquila Melody, tranquila —dijo Quiteri mientras intentaba secar las lágrimas de su amiga que ya recorrían parte de su cuello.

—Dentro de una hora llegarán las palomas con los boletos en su interior, tu padre tuvo que recurrir a esto para que pudiéramos llegar a Destokar en menos de un día. Yo iré contigo sobrina, dejaré a Dec a cargo por un par días, ya que ella es la mayor creo que se podrá encargar sin ninguna dificultad. —dijo Esmeralda Flangan.

—Yo iré con ustedes, si me lo permiten —indicó Quiteri.

—¿Qué? Pero, si no tienes Ung ¿Cómo conseguirás los boletos Quiteri? —dijo Esmeralda.

—Yo tengo mis ahorros, me puedo permitir gastar en un boleto de ida y vuelta.

—contestó Quiteri, mientras le sonreía a Melody (ella no le devolvió la sonrisa).

Esmeralda vertió agua en uno de los vasos que estaban en el interior de la pileta con algunos platos sucios.

Mientras, Quiteri se subió hasta su habitación en búsqueda de ropa acorde a la situación tanto para ella como para Melody. 

 —¿Qué estás haciendo Quiteri? ¿Qué es todo ese ruido?  —consultó Grali.

 —Vete  —indicó Quiteri mientras cerraba la puerta de su cuarto.

Grali, sin hacerle caso a la joven se quedó parado en la misma posición hasta que Quiteri volvió a abrir la puerta luego de aproximadamente cinco minutos.

Llevaba puesto una remera negra con tirantes blancos y una camisa blanca, su pantalón de color negros parecia de una tela cedosa inclusive para la vista. La cara de alegría por saber que estaba ocurriendo se le desmoronó a Grali al ver la ropa de Quiteri.

 —Oh lo siento mucho  —exclamó el muchacho agachando su cabeza—. Yo no tenía idea... 

 —Está bien Grali, no es tu culpa  —contestó Quiteri revoloteando el cabello de Grali mientras le sonreía.

—Necesitan algo, lo que sea  —dijo Grali.

—No Grali. Estamos bien, gracias por preguntar.

Quiteri bajó las escaleras lo más rápido que pudo, Melody seguía en la misma posición que la había dejado. La muchacha estaba apoyada con su cabeza sobre la mesa mirando el vaso de agua a medio llenar.

—Querida —indicó  Quiteri con voz suave, situándose al lado de Melody también agachada—. Debes cambiarte, te conseguí un vestido de color negro y puedes usar mi bufanda de color blanca que tanto me pides para salir, ¿estás de acuerdo?.

Melody tomó el vestido y fue a la habitación donde estaba el sillón (inmediatamente Quiteri cerró la puerta de la habitación).

La señora Esmeralda regresó en el instante en que Quiteri cerraba la puerta, ella llevaba puesto un sombrero blanco, un vestido blanco que le llegaba hasta los tobillos y una chalina de color negra, un poco transparente le cubria sus hombros.

—¿Estás lista querida? —dijo Esmeralda.

Melody abrió la puerta, se había puesto unos zapatos blancos, la bufanda de su amiga y el vestido que le había entregado momentos antes.

—Iré al correo en un instante, seguramente las palomas ya deben de estar llegando, pueden recorrer muchas distancias en poco tiempo —explicó Esmeralda.

Después de una hora regresó la señora Esmeralda Flanagan con los boletos listos dentro de su bolso e indicó a las muchachas con sus mano derecha que ya era hora de irse. El viaje fue totalmente diferente para Melody se recostó en los hombros de su amiga y la mayor parte del viaje la pasó entre sus sueños y pesadillas. 

Sus ojos se abrieron repentinamente debido al ruido que producían un par de niños un par de asientos delante de ella. Mientras oía a los niños hacer ruidos de armas (o al menos eso parecían) Melody también escuchaba sus pensamientos dar vueltas por su cabeza. ¿Por qué justo ahora? ¿Por qué no ocurrió en otro momento? Espero que no haya sufrido, no pude decirle que ya había por fin encontrado mi camino, ¿Y… si me hubiera decidido antes? ¿Eso hubiera cambiado algo?.

Las preguntas no paraban de aparecer en su mente casi por arte de magia, solamente se seguian formulando de diferentes formas, con diferentes significados inexplicables para Melody.

—¿Melody? ¿Estás bien? —consultó Quiteri tocando el brazo de su amiga suavemente.

—Creo —exclamó sin siquiera cambiar una mueca de su rostro.



Julian Caballero

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En el texto hay: aviones, romance, fantasia

Editado: 01.01.2021

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