El verano de Summer y Adrián

Mi Diario

 Puede sonar algo cursi, pero yo a los ocho años de edad soñaba con tener un “Diario Secreto” pues en  ese entonces estaban saliendo de moda; y decidí pedirle uno a mi mamá, pero como no me portaba muy bien en esos tiempos me castigaba con no darme todo lo que yo pidiera.

  Un día, cuya fecha era la de mi cumpleaños número doce llegó mi tía de los Estados Unidos y me obsequió uno y en mi mente se dibujaron estrellas; ya que tuve que esperar cuatro largos años para tener un “diario secreto”.  Desde que no más me lo dió rápidamente anoté en el mi nombre y lo que había ocurrido ese día; a decir verdad no estuvo nada aburrido ese día, en resumen les puedo contar que me la pasé  genial porque me llevaron a la casa de mis tíos e invitamos a todos mis amigos y vecinos; bromeamos, jugamos, reímos hasta mas no poder.

  En ese diario yo anotaba de todo. Tal vez se pregunten si en mi diario solo deporte, música o arte tenía apuntado; pero les puedo decir que SI y NO. El SI pues porque eso como les dije anteriormente era lo que hacía día y noche.   Y el NO, porque a la ves explicaba detalladamente como me sentía al empeñar mis jobis y como era la personalidad de cada uno de mis profesores o de las personas con que me relacionaba, o si el clima era agradable, etc.

  Cierto día durante el entrenamiento de fútbol, recuerdo que tuve una experiencia algo “rara” con un chico. Todo sucedió así: 

  Iba yo entrando a la cancha con una botella de agua bien fría y mi pelota de fútbol en la cintura; me dirigí justo donde se encontraba mi entrenador para contarle que mi compañera Claudia se había hecho un esguince y que se fue de inmediato a la enfermería, cuando de pronto un chico me pasa quitando de las manos mi botella de agua. En ese momento yo me quedé muy extrañada pero a la vez enfadada porque él se la estaba bebiendo enfrente de mí; y luego se acercó a mí y me dijo: —Estaba muy rica tu agua, deberías de probarla, ¿Cómo te llamas?  ¿Estas enojada?

 Yo en ese momento no dejaba de procesar lo que estaba pasando y a la vez no sabía que contestarle. Entonces reaccioné y le dije: —Número uno: Esa era mí botella de agua, dos: ¿Qué cómo me llamo? eso no creo que te interese y tres: Sí, estoy enojada y no me gusta que me interrumpan durante mi entrenamiento… ¡Adiós!

  Recuerdo que él se rió de mí y me dijo: —Sabes, te ves linda cuando te enojas; tus mejillas parecen pétalos de rosa y no creo que quieras que me vaya.

 Me dio tanta rabia lo que había dicho pero a la vez no entendía porque simplemente no dejaba de hablarme; y le dije: —Mira, no tengo tiempo para estar prestándote atención, así que ¡Adiós!

 Me dí la vuelta y trate de retomar mi camino, pues tenía que informarle al entrenador sobre lo ocurrido con mi compañera pero en ese momento me obstruyo el paso ese mismo chico y no me dejaba pasar: —Oye no eres muy agradecida verdad; te dije un cumplido pero no dijistes nada al respecto, además tu nombre no me lo has dicho y si no me lo dices no te dejo pasar. En ese momento me agarró la mano y me jaló a una banqueta que había cerca de los baños y me dijo que él sabía bien que yo lo quería. Me molesté más de lo que ya estaba y le dí una patada y salí corriendo. Cuando medio volteé a ver el solo me sonrió y me gritó que no se iba a rendir.

  Cuando llegué a mi casa, tomé mi diario y empecé a escribir lo sucedido durante la tarde, a la vez no dejaba de pensar en: ¿Cuál era el propósito de aquel chico con saber mi nombre? ¿Por qué me ponía nerviosa de solo pensar que me había tomado la mano de manera tan fuerte y precisa?

   Pero en fin lo que menos me paso por la mente era la palabra amor, así que menos iba a pensar en que tal vez yo le interesaba a ese chico. Mejor me concentré en pensar en el partido importantísimo que tendría dentro de una semana. Solo deseaba no toparme mas con ese chico, porque sino se iba a meter en serios problemas conmigo. Después de lo ocurrido ese día, el chico no paraba de  molestarme, pero como yo era tan lista, muchas veces me disfrazaba de chico para que no me viera. Cuando ya no funcionaba para nada; tuve que cambiar mi horario de entrenamiento y desde esa vez ya nunca lo volví a ver; ni supe mas de él.

  Después de esa situación “rara”, mi diario solo contaba lo que ocurría en cada una de mis actividades del día a día. Así que ese diario era como mi mejor amigo, mi confidente mi todo; pues no me quedaba sin escribirle ningún solo día.

  Un día de abril mi diario secreto se había vuelto algo mas que indispensable para mí; se convirtió en el aire que respiraba: pues no podía vivir sin él. Ese día mi tía había muerto en un accidente automovilístico. Fue algo muy doloroso para toda la familia, y mas para mí; porque ella me había cuidado durante los primeros años de mi vida, era como una segunda madre para mí. A mis seis años, recuerdo que toda la familia planeo una gran fiesta en honor a ella, pues le habían dado una beca completa en una de las universidades mas prestigiosas de Estados Unidos; por ello se tuvo que ir. Así pasaron los años, hasta que ella llega de sorpresa a mi casa en el día de mi cumpleaños número doce; con un regalo: el diario secreto.



Milen Mayers

Editado: 12.10.2019

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