Ella tiene mala fama

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La gente siempre cree que por tener dinero, tienes la vida hecha, que se te facilitan muchas cosas.

Y sí, puede que sea cierto a veces, ¿pero a qué precio? ¿A qué costo?

Muchas veces me han dicho que ser yo debería ser genial. No tengo de qué preocuparme, porque tengo dinero. No puedo estar triste, porque tengo todo lo que quiero. Que mi vida es perfecta, básicamente.

Pero lo que muchos no entienden, es que no es así.

No conozco a mis papás, por más que estén vivos y se hagan cargo de mí. No los veo desde que tengo cinco años, ya estoy próximo a cumplir dieciocho y no recuerdo muy bien sus rostros.

No pasan las fiestas conmigo, ni mi cumpleaños, ni el día de la madre o del padre. Sólo les conozco la voz, por las llamadas de no más de diez minutos que hacemos dos veces -con suerte tres-, al mes.

No conozco a mis padres.

No me quejo, sé que trabajan porque les gusta lo que hacen y siempre están en contacto con mis tutores, para saber de mí. Me cuidan a su forma y sí, obtengo lo que quiero con sólo hacer una llamada. ¿Pero de qué me sirve si no los tengo? ¿Si no tengo lo más importante para cualquier niño?

Podré tener mil objetos, pero no tengo un abrazo de mi mamá cuando siento que el mundo se me viene abajo. No tengo una sonrisa de orgullo de mi papá, cuando salgo con alguna chica. No tengo una comida favorita en mi cumpleaños. No tengo un momento familiar, aquel que veo en las películas, cuando se trata de navidad o año nuevo.

Si tampoco siento que tengo derechos sobre mi vida. Porque siempre he estado a cargo de gente, que si bien son mi familia, las he sentido extrañas a mí siempre.

Jamás he podido sentirme como una persona normal, porque siempre sentí que debía sentirme como los demás querían que me sienta. Bien.

Pero que me sienta bien, para no tener problemas con mis padres.

Si me sentía mal y quería llorar, siempre recibía las mismas palabras: "¿Por qué estás triste? Tienes todo y podrías tener aún más con tan sólo chasquear los dedos. No seas tonto, ¿sabes cuántas personas quisieran estar en tu lugar?"

Son palabras que odio tanto.

Cada que me las decían, tenía ganas de responder: "y hagamos cambio. Cuando estés en mi lugar, dime si no vas a extrañar a tu mamá, a tu papá, a esas personas que siempre estuvieron ahí físicamente, para ayudarte en lo que sea"

Pero nunca me animé hacerlo. Siempre me sentía egoísta por sentirme mal teniéndolo "todo". Me sentía una decepción, por no hacer felices a mis abuelos y/o tíos.

Jamás he sabido cómo sentirme por mí propia cuenta, porque siempre me he sentido como los demás querían que me sienta.

—Tu tía me ha contado que has estado teniendo roces con tus primos, ¿es cierto eso? —cuestionó mi mamá, a través del teléfono.

Suspiré, porque recién llamó y ni un "hola hijo, ¿cómo estás?" me ha podido decir. Lo primero que soltó, fue que si estoy teniendo problemas con Rafael.

—Algo así mamá, sólo han sido un par de discusiones, pero nada demasiado grave —respondí, mientras me intento vestir para ir al instituto.

No importa lo que esté haciendo, si estoy muy ocupado o no. Si mis papás me llaman, siempre dejaré de hacer lo que sea que estaba haciendo, para atender su llamada.

—Dante, trata de llevarte bien con Rafa —suplicó mi mamá con aquel tono de voz que logra lo que sea de mi parte—. Sabes que no podemos dejarte que vivas solo, no por el momento, y tu papá y yo... —La interrumpí.

—Están muy ocupados viajando por el trabajo, sí, sí, lo sé —suspiré, sin poder evitarlo.

—No hagas enfadar a Rafael, hace lo que te pide y ya está, no es tan complicado. Además, sabes que estás viviendo en su casa, no seas irrespetuoso como para querer hacer lo que quieras, como si fuera tu casa.

—Si ya sé que esta es su casa, lo sé. Como también sé perfectamente que yo no tengo casa, ni familia, ni hogar. Yo no tengo nada, lo sé —contesté, de mal humor.

¿Qué haga lo que Rafael quiere? Ni en sueños.

¡Soy su hijo! Debería estar de mi parte.

Si ella supiera lo que hace Rafaelito, no creo que quiera que haga lo mismo.

—Tampoco exageres Dante, que cualquier persona quisiera estar en el lugar que estás, con la familia que tienes —me regañó y yo giré mis ojos—. Los niños de la calle, quisieran tener la misma oportunidad que tú, te lo garantizo.

—Sí, tal vez, pero estoy seguro que lo que más anhelan esos niños, es un hogar. Es decir, comida, cama, ropa y una familia en la cual apoyarse cuando lo necesitan —garanticé y la escuché suspirar con pesadez—. Pero no te preocupes, mamá, haré lo que Rafael quiere para llevar la fiesta en paz, porque de todas formas, ¿qué importa lo que Dante quiere, no? Mientras no genere molestias para nadie, ¿qué más da?

—¿Ya terminaste? ¿Ya acabaste de herir a tu madre? —preguntó mi papá, haciendo su acto de presencia.

Solté un pequeño jadeo, que sonó como una risa llena de sarcasmo.

—Y si yo también estoy herido, ¿qué pasa? —indagué, esperando una respuesta que pueda aliviar un poco toda esta soledad que siento.

—No digas tonterías que los hombres no lloramos por tonterías así, ni mucho menos nos sentimos mal por estas cosas —respondió mi papá y yo giré mis ojos—. Así que deja de ocasionarle problemas a tu tía y llévate bien con tus primos.



Ligthblue23

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En el texto hay: amor, drogas y alcohol, decepción

Editado: 18.05.2020

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